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ONU alerta: Desperdicio de alimentos daría 25 vueltas al mundo

En el marco del reciente Día Internacional del Desperdicio Cero, conmemorado el pasado 30 de marzo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha emitido una alerta contundente: anualmente, cerca de 1.000 millones de toneladas de productos alimenticios comestibles terminan en los basureros de todo el planeta.

Esta alarmante cifra representa aproximadamente la quinta parte de todos los víveres que llegan a manos de los consumidores finales. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y ONU-Hábitat, organismos que lideran esta campaña global, buscan visibilizar una problemática que trasciende lo ético para convertirse en una crisis económica y ecológica de grandes proporciones que requiere intervención inmediata.

Impacto sectorial y huella ambiental

Según los datos recopilados por el PNUMA y portales especializados en medio ambiente, el origen del desperdicio se distribuye de forma desigual entre los distintos eslabones de la cadena:

  • 60% del desperdicio se genera directamente en los hogares.
  • 28% proviene del sector de la restauración y servicios de comida.
  • 12% corresponde al comercio minorista.

En términos individuales, se estima que cada habitante del planeta desecha, en promedio, unos 79 kilogramos de comida al año. El impacto ambiental es devastador, pues esta pérdida de recursos es responsable de entre el 8% y el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, una cifra que supera la contaminación generada por la totalidad de la industria aeronáutica mundial.

Un reporte de Naciones Unidas revela que la generación de residuos alimentarios representa una amenaza para el clima, la biodiversidad y la economía y resalta la necesidad de medidas conjuntas entre autoridades y ciudadanos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La ONU sostiene que el desperdicio alimentario es un componente crítico de la crisis planetaria actual, donde el consumo insostenible acelera el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. El organismo enfatiza que la solución comienza con cambios de hábitos en la cocina, tales como la planificación de compras, el almacenamiento técnico de productos y el aprovechamiento máximo de las sobras.

El rol de los hogares y proyecciones a futuro

El informe resalta que las familias constituyen el frente principal para combatir esta tendencia. Ajustar las porciones, revisar las fechas de caducidad y adoptar estrategias de reutilización son pasos fundamentales para disminuir la carga sobre los sistemas de producción. La ineficiencia actual no solo afecta al medio ambiente, sino que representa una pérdida económica masiva de recursos.

De no implementarse medidas urgentes, el PNUMA proyecta que la generación de desechos sólidos urbanos podría escalar hasta los 3.800 millones de toneladas anuales para el año 2050. Para dimensionar la gravedad actual, la organización utiliza una analogía impactante:

“Los residuos de un año, alineados en contenedores de transporte, darían 25 vueltas al mundo”

Este cálculo se basa en la distancia total que recorrerían dichos contenedores siguiendo el perímetro de la Tierra.

Un análisis del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente destaca que la manera en que se planifica, consume y conserva la comida en el domicilio influye directamente en la generación de residuos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Compromiso global y políticas de sostenibilidad

La prevención de la pérdida de alimentos es un eje central de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), específicamente el ODS 11 sobre ciudades sostenibles y el ODS 12, enfocado en la producción y el consumo responsables. Este año, bajo la consigna “El desperdicio cero comienza en tu plato”, se invita a la sociedad civil y al sector privado a sumarse a iniciativas locales.

La iniciativa Food Waste Breakthrough, promovida por Naciones Unidas, insta a gobiernos y empresas a fijar metas cuantificables y mejorar la innovación en las cadenas de suministro. El sector empresarial tiene la responsabilidad de aplicar procesos transparentes, vigilar sus residuos y educar activamente al consumidor para alcanzar resultados medibles.

Esta conmemoración, establecida oficialmente por la Asamblea General de la ONU en 2022, reafirma la necesidad urgente de transicionar hacia un sistema alimentario que valore cada recurso y reduzca drásticamente su huella sobre el planeta.

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