Una transformación significativa en el ámbito de la psicología clínica está redefiniendo cómo entendemos el duelo tras la pérdida de una pareja. De acuerdo con investigaciones desarrolladas en la Universidad de Haifa y difundidas por medios especializados como Psychology Today, se cuestiona la tradicional exigencia de «superar» mediante el olvido. En su lugar, el nuevo enfoque postula que la preservación de los vínculos emocionales resulta fundamental para alcanzar una adaptación saludable ante la ausencia.
Los especialistas modernos plantean que enfrentar la pérdida de pareja requiere aceptar que los lazos afectivos perduran, sin importar si la separación se produjo por un divorcio o por el fallecimiento de la persona amada. Bajo esta premisa, la conexión con quien ya no está no debe romperse de forma drástica.
En la actualidad, se considera que los recuerdos y el mantenimiento de un lazo simbólico con la persona ausente son recursos de gran valor para el bienestar emocional y la reconfiguración de la identidad propia. Este paradigma desplaza la antigua prioridad del desapego absoluto como única vía para la sanación.
La transición del desapego al lazo emocional continuo
Por muchas décadas, la corriente predominante en la psicología sugería que superar el duelo exigía la ruptura total del vínculo con el fallecido. Esta perspectiva, fuertemente marcada por el pensamiento de Sigmund Freud, sostenía que una adaptación sana dependía de retirar toda inversión emocional del cónyuge perdido.
Sobre este punto, la Dra. Susan Krauss Whitbourne, profesora emérita de ciencias psicológicas y del cerebro en la Universidad de Amherts (Massachusetts) y autora de la obra The Search for Fulfillment, señaló que históricamente este modelo tendía a «patologizar» a aquellos individuos que decidían conservar sentimientos o recuerdos activos hacia su pareja fallecida.

No obstante, la evolución de la teoría del apego propició una revisión de estos conceptos. El equipo de investigación liderado por el experto Simon Rubin, perteneciente a la Universidad de Haifa, determinó que aunque las relaciones físicas concluyan, los lazos afectivos tienen una naturaleza persistente. El estudio subraya una premisa fundamental:
“el núcleo mismo del yo, propone esta teoría, se basa en representaciones mentales de esos otros cercanos”
.
Esta perspectiva innovadora sugiere que las conexiones de índole emocional no solo pueden, sino que deben mantenerse tras la pérdida. El hecho de que los pensamientos y afectos hacia el compañero sigan siendo accesibles para el doliente facilita considerablemente su proceso de integración a una nueva realidad.
Matices entre el duelo por fallecimiento y la ruptura por divorcio
El impacto emocional tras perder a una pareja presenta características distintas según el contexto. Cuando ocurre por fallecimiento, la presencia física se extingue, pero la «díada» o estructura de pareja sobrevive en la memoria emocional. Según se detalla, la convivencia diaria termina, pero la relevancia de la relación se traslada hacia un plano simbólico y de recuerdo.
Por otro lado, en situaciones de divorcio, la presencia física y legal del exconyuge se mantiene. Los investigadores de la Universidad de Haifa exponen que, a diferencia de la muerte, en la separación la otra persona sigue existiendo y la interacción puede continuar, lo cual añade capas de complejidad, especialmente cuando existen vínculos económicos o hijos de por medio.

Existe además una diferencia en la velocidad de la ruptura. Mientras que el divorcio suele ser un proceso paulatino donde la relación se desgasta con el tiempo, la pérdida por muerte es frecuentemente súbita, generando una oscilación emocional entre el vacío de la soledad y la añoranza profunda.
El innovador modelo de dos vías y el valor de la memoria
El equipo del Dr. Simon Rubin ha introducido el concepto del modelo de dos vías para analizar el duelo contemporáneo de una manera más integral.
Este marco teórico identifica dos caminos paralelos: el primero analiza los cambios biopsicosociales (físicos, sociales y emocionales) que experimenta quien sufre la pérdida. La segunda vía se centra específicamente en los lazos que permanecen con la pareja fallecida y en la relevancia de la «historia de la muerte», analizando las circunstancias en las que ocurrió el deceso.
Los expertos de la Universidad de Haifa defienden que el acto de explorar y reconocer estos vínculos significativos posee un potente valor terapéutico. Los autores explican lo siguiente:
“Esto significa que reconoces y aceptas el hecho de que las personas cercanas a ti crean marcas indelebles sobre quién eres como persona”
.

En este sentido, el mantenimiento de objetos con carga afectiva, tales como fotografías, cartas o prendas de vestir, ya no es visto como un impedimento para la recuperación. Por el contrario, se entiende como una herramienta que otorga continuidad a la narrativa personal del individuo, siempre que esto no bloquee su capacidad de avanzar hacia nuevas etapas vitales.
La visión actual del duelo reafirma que los lazos del corazón sobreviven a la desaparición física de la relación. Al integrar los recuerdos compartidos como parte del camino, quienes atraviesan una pérdida pueden hallar en ellos un soporte emocional y un consuelo de largo plazo.
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