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EE.UU. despliega rescate de alto riesgo por piloto derribado en Irán

Bajo las órdenes directas de Donald Trump, el gobierno de los Estados Unidos ha puesto en marcha un operativo de búsqueda de magnitud extraordinaria. El objetivo es localizar y extraer al piloto de un avión caza F-15E, aeronave que fue derribada ayer por los sistemas de defensa antiaérea del régimen de Irán.

Las autoridades han calificado esta misión como sumamente compleja y con un desenlace aún incierto. El aviador descendió en el sudoeste de la provincia de Kohgiluyeh y Boyer-Ahmad, una región caracterizada por su geografía montañosa y por encontrarse bajo el estricto control operativo de la Guardia Revolucionaria de Irán.

La ubicación del incidente representa un desafío logístico sin precedentes, dado que Kohgiluyeh y Boyer-Ahmad es una provincia interior del territorio iraní y carece de fronteras directas con otras naciones de Medio Oriente. Esta situación obliga a las fuerzas estadounidenses a ejecutar sus maniobras de rescate sorteando la vigilancia de los radares iraníes, los cuales cuentan con el respaldo de información satelital suministrada por Rusia y China.

Aunque naciones como Irak, Kuwait y Arabia Saudita se sitúan como los puntos geográficos más próximos a la zona de rastreo, la operación de salvamento se estaría gestionando estratégicamente desde las instalaciones militares estadounidenses en Kuwait y Arabia Saudita.

Restos del caza F-15E de los Estados Unidos derribado por IránRestos del caza F-15E de los Estados Unidos derribado por Irán

Este esfuerzo de localización no es una acción aislada de Washington. La coordinación del rescate cuenta con el apoyo logístico y diplomático de Israel, la OTAN y la Liga Árabe, reflejando la gravedad del incidente en la región.

Contexto político y militar

El presidente Donald Trump se muestra consciente de los riesgos históricos en la zona. El mandatario republicano tiene presente el antecedente del expresidente demócrata James Carter, cuya gestión se vio marcada por la Crisis de los Rehenes entre los años 1979 y 1981.

Debido a la urgencia de la situación, el líder estadounidense alteró su rutina habitual. Aunque cada fin de semana suele trasladarse a su residencia de Mar-a-Lago en Florida para practicar golf, ayer decidió permanecer en Washington. Durante la jornada, mantuvo reuniones de alto nivel con sus asesores de Seguridad Nacional y optó por no emitir declaraciones a los medios de comunicación en la Casa Blanca.

Sobre el incidente táctico, se detalló que tras el impacto al caza F-15E, el Pentágono movilizó de inmediato helicópteros Black Hawk. Los dos tripulantes del avión lograron eyectarse simultáneamente y activaron sus dispositivos de radio para ser ubicados.

Sin embargo, las fuerzas de rescate solo pudieron recuperar a uno de los efectivos. Los equipos de los Black Hawk se vieron forzados a retirarse del área debido a la intensidad del fuego proveniente de la artillería de Irán.

«La noche era un recurso de supervivencia para el piloto que quedó en terreno enemigo»

Desde el entorno de la Casa Blanca se ha señalado que las posibilidades de éxito «se achicarían» una vez que la luz del día facilite las labores de búsqueda y captura que lidera la Guardia Revolucionaria.

Pete Hegseth, secretario de Guerra de Estados Unidos

Tensiones en el gabinete de seguridad

El derribo de la aeronave ha generado un escenario crítico para Pete Hegseth, actual secretario de Guerra. Apenas 48 horas antes del suceso, Hegseth había afirmado públicamente que Estados Unidos mantenía el control absoluto del espacio aéreo iraní.

Dichas aseveraciones han quedado en entredicho tras los eventos recientes: en un lapso de 12 horas, Irán no solo abatió el F-15E, sino que también afectó la operatividad de dos Black Hawk y neutralizó la misión de un avión A-10 Warthog que patrullaba cerca del estratégico estrecho de Ormuz.

Fuentes cercanas aseguran que Trump no está satisfecho con el desempeño y las declaraciones previas de Hegseth en este contexto de crisis.

Donald Trump y Marco Rubio, secretario de Estado

Mientras las Fuerzas Especiales de los Estados Unidos intensifican su incursión en territorio hostil, Irán ha movilizado masivamente a sus tropas y anunció una recompensa económica por cualquier dato que facilite la captura del piloto estadounidense que permanece oculto en la provincia de Kohgiluyeh y Boyer-Ahmad.

El gobierno norteamericano entiende que si el piloto cae en manos del régimen chiíta, Irán obtendría una ventaja estratégica considerable en futuras negociaciones para un cese al fuego. Por esta razón, se ha priorizado el despliegue de unidades de élite en la zona montañosa.

Hasta el momento, la administración de Trump no ha definido el cronograma para admitir oficialmente la desaparición del piloto ni las causas técnicas exactas del derribo. El mandatario ha citado hoy en la Casa Blanca a Marco Rubio, secretario de Estado, y nuevamente a Pete Hegseth, para evaluar los informes de inteligencia y determinar los pasos a seguir en esta crítica operación de rescate.

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