Lo que inició como la simple ilusión de un niño por obtener una consola de última generación ha evolucionado hasta convertirse en una iniciativa familiar de carácter creativo y empresarial. En noviembre pasado, Gael Pell (nacido en Barcelona en 2014) expresó a sus progenitores su deseo de poseer la futura Xbox Project Helix. Se trata de un equipo híbrido entre ordenador y consola cuyo estreno se estima para el periodo 2027-2028. No obstante, el principal obstáculo es su costo: especialistas calculan que el precio podría exceder los mil euros.
“Si quería la consola, íbamos a tener que ver alguna forma de que pudiera juntar ese dinero porque era mucho”
, explica su padre, Juan Carlos Pell.
En una tarde de viernes, aprovechando la ausencia de actividades escolares, la familia Pell detalla su historia. Junto al joven Gael, de 12 años, participan sus padres, quienes son de nacionalidad argentina pero residen en Barcelona desde hace 25 años. Durante la conversación, presentan una exposición que el menor diseñó originalmente para relatar a sus compañeros de clase su reciente invención: un juego de mesa de creación propia.
Gael es un entusiasta confeso de la tecnología y los videojuegos, pero su interés también abarca los juegos de tablero. Esta combinación dio vida a Una vaca al volante, una propuesta de cartas diseñada para el disfrute de toda la familia. Actualmente, el proyecto cuenta con cinco prototipos físicos que han sido testeados en círculos cercanos. La meta actual es obtener el financiamiento necesario para que el producto llegue a las perchas de las tiendas especializadas.

El camino hacia la creación no estuvo exento de retos para este preadolescente. Inicialmente, intentó desarrollar un curso de inteligencia artificial orientado a adultos mayores, utilizando a su abuela como prueba piloto.
“Dijo que a la gente mayor no le interesaban esas cosas, que era una pérdida de tiempo”
, comenta su padre. Tras este primer revés, exploraron el ámbito de la programación.
“Empezamos a investigar un poco sobre cómo se hacían”
, recuerda el progenitor. Gael y Juan Carlos se sumergieron en el aprendizaje de Unity, una plataforma para el desarrollo de entornos 2D y 3D. Sin embargo, la complejidad técnica fue un muro difícil de escalar:
“Nos bloqueamos totalmente. Era demasiado para nosotros”
, confiesan.
Un esfuerzo conjunto en el seno familiar
Al llegar el mes de enero, surgió la posibilidad de incursionar en los juegos de mesa. Aunque Gael se mostró dubitativo al principio, terminó aceptando el desafío luego de que su padre adquiriera el software Tabletop Creator. Fue entonces cuando al menor se le ocurrió la temática de las carreras.
“Cuando se nos ocurrió la idea, papá puso un ejemplo de cómo podría ser y en base a eso fuimos armando toda la mecánica del juego”
, detalla el joven desarrollador, quien asumió la responsabilidad del montaje integral de Una vaca al volante, incluyendo el diseño de las cartas, los tokens y las fichas de los personajes.
Por su parte, Juan Carlos Pell, quien se desempeña como consultor en SEO e inteligencia artificial, brindó soporte en el diseño gráfico de la estética y el empaque.
“Él fue dando las ideas, yo las iba puliendo y las iba trasladando a Gemini”
, afirma sobre el uso de herramientas tecnológicas para perfeccionar el arte del juego.

La intervención de la madre de Gael resultó igualmente determinante, enfocándose en el equilibrio de las reglas de juego.
“Él tenía muchas ideas, pero había que pulirlas para que no beneficiaran demasiado a un jugador frente a otro”
, señala. Ella, de profesión administrativa contable, se encargó además de la redacción de las instrucciones, la corrección ortográfica, la gestión de redes sociales y la contabilidad del emprendimiento.
“Se nota que nos ha gustado el proyecto, porque nos hemos implicado los tres”
, destaca con entusiasmo.
Tras finalizar la etapa digital, el equipo familiar decidió materializar el juego. Solicitaron la fabricación de cinco ejemplares a una firma experta en el sector. La inversión inicial, que incluyó la maquetación, tuvo un costo aproximado de 600 euros.
“Es parte del prototipado. Luego, producir más unidades sería más barato”
, puntualiza la madre de Gael respecto a la inversión realizada.
Hasta la fecha, Una vaca al volante ha sido puesto a prueba en más de cincuenta partidas. Las críticas de familiares y amigos han sido muy alentadoras.
“En general, nos han dicho que es un juego muy fácil de aprender, que se entiende en poco tiempo, que no se alarga demasiado y que es muy divertido y ágil. Además, genera mucho pique entre los jugadores”
, resumen los creadores sobre la experiencia de juego.
Con el modelo de negocio validado por los usuarios, el siguiente hito es la activación de una campaña de crowdfunding en sitios como Kickstarter o Verkami. La meta económica se ha fijado en 5.000 euros, monto que se destinará a cubrir la producción masiva, los gastos de logística y otros rubros operativos.
Mecánicas y funcionamiento de ‘Una vaca al volante’
La propuesta consiste en una competencia de cartas de carreras donde los participantes deben completar vueltas en un circuito rural mientras intentan sabotear el progreso de sus contrincantes.

Cada jugador inicia la partida con siete cartas en mano. En cada turno es obligatorio jugar una carta y reponerla del mazo central. Existen cartas de desplazamiento que permiten avanzar entre 0,25 y 1 vuelta. No obstante, el componente estratégico reside en las cartas de poder, que permiten obligar a los rivales a retroceder, perder su turno o incluso protegerse de ataques externos. Una vez que una vuelta es completada, esta queda asegurada y no puede ser restada por otros jugadores. La victoria se alcanza al ser el primero en registrar ocho vueltas totales.
Para Juan Carlos Pell, la esencia de este proyecto trasciende la adquisición de la consola:
“Más allá de la consola, lo importante no es tanto el resultado, sino el proceso. Que entienda que, cuando quiere algo y no tiene cómo conseguirlo, hay formas de generar ese dinero a partir de una idea y desarrollarla. Luego, si alcanza o no el objetivo, ya es otra cuestión”
. Aunque la Xbox aún no esté en casa, el aprendizaje y la cohesión familiar ya representan un triunfo para los Pell.
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