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Rosalía en Madrid: un espectáculo visual por encima de lo musical

Cada seguidor rinde culto a sus propios referentes de forma distinta, pues la devoción suele ser un terreno ambiguo. Durante las tres jornadas de presentaciones de Rosalía en la ciudad de Madrid, las calles se llenaron de jóvenes luciendo atuendos de novias y monjas. Esta llamativa marea blanca se congregó en los exteriores del Movistar Arena durante toda esta Semana Santa, conformando lo que podría describirse como una procesión aconfesional.

Para su trabajo discográfico más reciente, titulado Lux, la intérprete se ungió de blanco, proyectando una imagen de castidad y fe en Dios, acompañada de piezas líricas con una marcada temática espiritual. El público aceptó esta nueva faceta sin cuestionamientos. Más allá de la calidad intrínseca de las composiciones, la figura de la artista ya ha sido elevada a los altares de la cultura popular, consolidando una de las campañas de marketing más precisas y mejor ejecutadas en la industria musical de los últimos tiempos.

Este antepenúltimo show ofrecido en la capital española resultó ser una réplica exacta de lo que ya se ha difundido masivamente a través de las plataformas digitales. Surge aquí una reflexión sobre cómo la ansiedad digital y el consumo previo en redes sociales pueden terminar diluyendo la frescura de la experiencia en vivo.

Planteamiento visual poderoso

Independientemente del rendimiento vocal del momento, el éxito del evento parecía garantizado por su estructura técnica previa: un planteamiento visual impecable, coreografías milimétricas, el respaldo de una orquesta y un sólido equipo de danza. Todo el engranaje de la puesta en escena está diseñado para sostener a una artista que comprende que, en el pop actual, lo que prevalece es el poderío escénico.

Rosalía abre sus conciertos vestida de bailarina

Es innegable que Rosalía posee una capacidad de trabajo admirable; se muestra como una luchadora nata en cada entrega. Sin embargo, en este Lux Tour, el esfuerzo físico es evidente, y algunas de las crónicas publicadas hasta la fecha sobre sus conciertos han pecado de ser desmesuradas o excesivamente complacientes.

Si bien la propuesta brilla por la parafernalia que la rodea, destacando especialmente la labor de su equipo de danza, la ejecución vocal no siempre alcanza la magnitud que se le atribuye. En ciertos pasajes del espectáculo, no queda claro si existe un apoyo en playbacks, y en otros temas es perceptible el agotamiento físico de la cantante.

El repertorio también presenta sus propios desafíos. Se percibe una cierta dificultad para integrar sus composiciones antiguas, como si la artista ya no conectara con ellas, mientras otorga un espacio considerable a canciones que no logra defender con solvencia, tales como su interpretación en italiano o la cuestionable versión de Can’t Take My Eyes Off You.

'Berghain' en los Brit Awards. REUTERS/Isabel Infantes

Un detalle que el público agradece es la inclusión de subtítulos para todas las piezas, ya que la dicción de la cantante dificulta distinguir si el idioma empleado es español, inglés o alguna otra lengua. Pese a que no se entiende nada de lo que articula fonéticamente, la audiencia corea cada verso, tratando el cancionero como si fuera un idioma universal.

Una propuesta calculada al milímetro

Recientemente, diversos analistas de las nuevas generaciones han escudriñado cada detalle de este montaje. No obstante, el análisis no es complejo: se trata de una puesta en escena de corte conceptual operístico dividida en varios actos. En este sentido, es justo reconocer la ambición de Rosalía por proponer un show con diversas capas y texturas, buscando generar una experiencia sensorial y escenográfica de alto nivel.

El punto débil reside en que todo esté tan calculado. Lo presenciado en Madrid fue una copia fiel de lo visto en Lyon, sin espacio para la improvisación o una carga emocional distinta. Resulta sintomático de la trascendencia del evento que uno de los momentos más comentados haya sido la presencia de Aitana, quien comentó sobre Sebastián Yatra lo siguiente:

“Sebastián Yatra es una perla”

A pesar de la rigidez del guion, el concierto tuvo puntos destacados vinculados a la calidad de ciertas piezas. La atmósfera íntima de Sauvignon Blanc logra conmover, mientras que la ejecución de De madrugá se posiciona posiblemente como el instante más vigoroso de toda la noche. Por otro lado, el tema Berghain funcionó como una recreación a menor escala de su presentación en los premios de la música británica.

En conclusión, el evento no debe verse como un hito religioso de la música, sino como un concierto bien orquestado que transita por momentos de mayor y menor intensidad. Rosalía no representa una figura mística, sino que es una profesional que, mediante un arduo trabajo y una inversión económica considerable, ha logrado tomar el control total de su trayectoria artística.

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