La cúpula del Ejército de los Estados Unidos atraviesa un momento de profunda incertidumbre y malestar tras confirmarse la destitución del general Randy George. Según diversos oficiales militares, la medida tomada por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha generado una reacción inmediata de irritación y desconcierto entre los mandos superiores de la institución.
El despido del general Randy George, quien se desempeñaba como jefe del Estado Mayor del Ejército, se produjo este jueves. Este movimiento administrativo no solo marca el fin de su gestión, sino que también pone en evidencia la creciente confrontación entre Hegseth y los líderes militares de más alto rango. George, quien asumió el liderazgo en 2023, es reconocido por haber gestionado con éxito una de las crisis de reclutamiento más severas en la historia reciente de la fuerza durante el año 2024. Además, bajo su mando, el servicio aceleró la integración de tecnologías de drones económicos y otros sistemas de armamento que han demostrado ser determinantes en el conflicto actual en Ucrania.
Raíces del conflicto interno
Fuentes militares indican que la fricción entre el secretario de Defensa y el general no se debe a desacuerdos estratégicos sobre el rumbo del Ejército. Por el contrario, la tensión parece derivar de resentimientos acumulados por parte de Hegseth, disputas sobre la gestión del personal y una relación sumamente complicada con el secretario del Ejército, Daniel P. Driscoll. Cabe destacar que, en el último año, George y Driscoll habían consolidado una relación de trabajo muy estrecha.
Uno de los puntos de mayor quiebre en los últimos meses fue la decisión de Hegseth de vetar el ascenso a generales de una estrella para cuatro oficiales. En una lista que incluía a 29 candidatos (en su mayoría hombres blancos), el secretario apartó específicamente a dos oficiales negros y a dos mujeres. Esta acción, calificada como inusual, provocó que altos mandos se cuestionaran si los criterios de exclusión estaban basados en la raza o el género de los implicados.
A pesar de que Hegseth presionó durante meses a Driscoll y George para remover a estos cuatro perfiles de la lista de promociones, ambos líderes se negaron rotundamente, defendiendo el “largo historial de servicio ejemplar” de los oficiales en cuestión. Hace apenas quince días, el general George intentó concretar una reunión con el secretario de Defensa para discutir tanto estas exclusiones como lo que él consideraba una interferencia innecesaria de Hegseth en las decisiones de personal. No obstante, el secretario declinó participar en dicho encuentro.
Influencias externas y nuevos nombramientos
El panorama se tornó aún más complejo la semana pasada cuando Laura Loomer, figura de extrema derecha vinculada estrechamente a Hegseth y al presidente Donald Trump, señaló en redes sociales que el secretario estaba
“considerando seriamente”
la posibilidad de remover a George. Loomer también ha mantenido una postura de ataque constante contra Driscoll.
Se ha anunciado que el sucesor de George será el general Christopher LaNeve, quien anteriormente trabajó como ayudante militar principal de Hegseth en el Pentágono. Sin embargo, la reestructuración no se detuvo ahí. El secretario de Defensa también ordenó el despido del general David M. Hodne, quien desde octubre lideraba el Comando de Transformación y Adiestramiento del Ejército, una pieza clave para la modernización de la doctrina militar. Asimismo, el general de división William Green Jr., quien ocupaba el cargo de principal capellán del ejército, fue relevado de sus funciones.
Un golpe a la institucionalidad
La salida de George no fue una sorpresa total, ya que los rumores circulaban desde hacía meses. El general recibió la noticia mediante una llamada telefónica de Hegseth realizada el jueves a las 4 p. m., casi al mismo tiempo que la información comenzaba a filtrarse a los medios de comunicación. Para muchos dentro del cuerpo militar, esto representa un golpe devastador, considerando que el servicio ha perdido recientemente a varios de sus oficiales de tres y cuatro estrellas con mayor experiencia en combate en Irak y Afganistán.
Esta serie de bajas incluye al general James J. Mingus, subjefe del Estado Mayor, quien fue forzado a jubilarse en octubre, un año antes de lo previsto, en un proceso que contó con mínima participación de la cúpula militar. La atmósfera actual entre los altos oficiales es de ira y asedio.
El legado técnico y estratégico de George
El general George es recordado por su enfoque innovador en combate. Durante su despliegue en Afganistán, cambió la estrategia de enviar tropas a valles remotos a batallas costosas e inútiles por una centrada en la protección de centros poblacionales. Además de combatir a los talibanes, se enfocó en erradicar la corrupción dentro de los funcionarios del gobierno local.
Como jefe del Estado Mayor, impulsó el programa de
“transformación en contacto”
, donde brigadas de 3000 soldados experimentaban directamente con:
- Nuevas tácticas de combate.
- Drones de última generación.
- Sistemas de selección de objetivos asistidos por Inteligencia Artificial.
Para financiar esta visión, George tomó la difícil decisión de cancelar proyectos que consideraba obsoletos para la guerra moderna. Un ejemplo claro fue la eliminación del M-10 Booker, un tanque ligero en el que el Ejército había invertido más de 1000 millones de dólares, pero que podía ser destruido fácilmente por drones kamikazes de bajo costo.
En su lugar, priorizó inversiones en el vehículo de escuadra de infantería, un transporte ligero que apuesta por la velocidad y la agilidad en terrenos boscosos en lugar de blindaje pesado. También aceleró la creación del M1E3 Abrams, una versión del tanque principal de batalla diseñada para ser mucho más ligera y móvil que sus versiones previas.
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