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León XIV lidera el Via Crucis con un duro mensaje contra la guerra

En el marco de la conmemoración del Viernes Santo, el Papa León XIV encabezó el primer Via Crucis de su pontificado en el emblemático Coliseo de Roma. Durante esta ceremonia, el Obispo de Roma centró su discurso en la denuncia de los conflictos bélicos y el ejercicio arbitrario de la autoridad, marcando así el inicio de su primera Semana Santa como líder de la Iglesia Católica.

Frente a una multitud de miles de fieles que se congregaron en las inmediaciones del Anfiteatro Flavio para seguir el recorrido de las 14 estaciones que simbolizan el camino de Jesús hacia el Gólgota, León XIV protagonizó un gesto histórico al cargar la cruz durante todo el trayecto. Con este acto, se convirtió en el primer Pontífice en realizar dicho esfuerzo físico desde los tiempos de Juan Pablo II.

Al comenzar el rito, el Santo Padre compartió una reflexión sobre la atmósfera del evento:

«No es un recorrido en medio de gente devota y silenciosa. Como en tiempos de Jesús, nos encontramos caminando en un ambiente caótico, alborotado y bullicioso, entre personas que comparten la fe en Él, pero también entre otros que se burlan e insultan. Así es la vida de todos los días»

.

Las meditaciones y el llamado a la responsabilidad política

Para este año, el Papa delegó la redacción de las meditaciones al fraile franciscano Francesco Patton, quien se desempeñó como custodio de Tierra Santa entre los años 2016 y 2025. Desde la primera estación, centrada en la condena a muerte de Jesucristo, los textos lanzaron un cuestionamiento directo hacia quienes ostentan cargos de mando.

Las lecturas profundizaron en las diversas manifestaciones del poder:

«El poder de comenzar una guerra o de terminarla; el poder de educar a la violencia o a la paz; el poder de alimentar el deseo de venganza o el de reconciliación; el poder de usar la economía para oprimir los pueblos o para liberarlos de la miseria»

. En ese sentido, se enfatizó que toda autoridad «deberá responder ante Dios por el propio modo de ejercitar el poder recibido».

La liturgia dio inicio resaltando que la fe cristiana no puede estar aislada, sino que «debe encarnarse en el mundo real». Durante cada una de las paradas, se recitó el Padre Nuestro en latín, mientras el Sumo Pontífice sostenía la estructura de madera.

La defensa de la dignidad humana

El contenido de las meditaciones puso el foco en los sectores más frágiles de la sociedad. Se hicieron menciones explícitas a los migrantes, personas en prisión, víctimas de violencia, niños y mujeres explotadas. Desde la Santa Sede se recordó que la verdadera espiritualidad requiere identificar el rostro de Cristo en «cada persona cuya dignidad es pisoteada». Los textos también criticaron la indiferencia social y la pobreza, subrayando que los valores de caridad y esperanza son puestos a prueba constantemente en la realidad cotidiana.

En la estación correspondiente al despojo de las vestiduras de Jesús, los textos condenaron duramente a los regímenes autoritarios que someten a sus prisioneros a tratos denigrantes en celdas vacías. Asimismo, se denunció a «los torturadores que no se limitan a quitar las vestiduras, sino que arrancan también la piel y la carne» de sus víctimas.

Por otro lado, se exaltó la labor fundamental de las mujeres en la mitigación del dolor humano. Las reflexiones indicaron que la presencia femenina es vital en diversos frentes:

  • En hospitales y residencias de ancianos.
  • En comunidades de acogida y hogares para menores vulnerables.
  • En misiones alejadas para la creación de escuelas y centros de salud.
  • En zonas de conflicto armado para brindar auxilio a heridos y consuelo a los sobrevivientes.

Se añadió que, durante siglos, las mujeres han sufrido por el destino de sus hijos: «detenidos y encarcelados durante una manifestación, deportados por políticas carentes de compasión, naufragados en desesperados viajes de esperanza, aniquilados en zonas de guerra».

Homenaje al legado del Papa Francisco

Este acto religioso estuvo profundamente influenciado por la proximidad del primer aniversario luctuoso del Papa Francisco, quien falleció el pasado 21 de abril de 2025, justo un día después del Domingo de Pascua. Su recuerdo ha marcado gran parte de las celebraciones de esta Semana Santa.

A pesar de que en su último año Jorge Bergoglio no pudo estar físicamente en el Triduo Pascual debido a una neumonía que lo mantuvo internado por más de un mes, fue él quien preparó las homilías y meditaciones de aquel entonces. Se recordó además su visita a la cárcel de Regina Coeli en Roma el Jueves Santo de 2025, donde se reunió con 70 reclusos.

Desde su elección en el año 2013, Francisco instauró la costumbre de realizar el lavatorio de pies en prisiones cada Jueves Santo. En abril de 2025, a pesar de su salud, envió un mensaje a los internos:

«Me gusta hacer cada año lo que hizo Jesús el Jueves Santo, el lavatorio de los pies, en la cárcel. Este año no puedo, pero sí puedo y quiero estar cerca de ustedes. Rezo por ustedes y sus familias»

.

Finalmente, se recordó el último mensaje de Pascua de Francisco, en el cual, ya sin asistencia respiratoria, abogó por la paz mundial. Aquel texto, leído por Diego Ravelli (maestro de Ceremonias Pontificias), exigió un cese al fuego en Gaza, la liberación de secuestrados y un desarme global. El entonces Papa advirtió que «la exigencia que cada pueblo tiene de proveer a su propia defensa no puede transformarse en una carrera general al rearme», instando a derribar las barreras que alimentan las divisiones económicas y políticas.

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