En un reciente análisis mediático sobre las tendencias espirituales contemporáneas, Tomás Trapé sorprendió a la audiencia al revelar un hito personal:
“Me bauticé a los 30 años”
. Esta declaración abrió un profundo debate sobre el retorno de la fe católica y las formas en que las nuevas generaciones están reinterpretando su relación con lo sagrado, oscilando entre la búsqueda de un propósito vital y el innegable atractivo de la estética eclesiástica.
Durante el encuentro, especialistas como Manu Jove, Maia Jastreblansky, Paula Guardia Bourdin y el propio Tomás Trapé analizaron vivencias individuales, cifras globales y diversas manifestaciones culturales. Al respecto, Guardia Bourdin señaló que
“En el último tiempo hubo un enorme distanciamiento de la institución. La figura de Francisco fue importante para subsanar esa distancia”
. El intercambio de ideas se centró en la función actual de la Iglesia, la vigencia de las creencias y cómo la tradición milenaria logra conectar hoy con audiencias jóvenes.
La fe como una construcción personal y el bautismo tardío
Para Trapé, el proceso no fue una ruptura drástica, sino un reencuentro:
“En algún momento admití que creía. No lo sentí como una conversión, sino como un regreso a casa”
. El hecho de haber crecido en un hogar alejado de la práctica religiosa para luego elegir el bautismo en la madurez refleja una tendencia actual. Según relató, esta decisión tuvo un impacto directo en su bienestar emocional:
“Me aplacó mucho la neurosis. Aprendí a entregarme”
.
Este testimonio permitió al equipo de análisis observar una espiritualidad que se aleja de lo estrictamente institucional para centrarse en una búsqueda individual y en la necesidad de comunidad. Guardia Bourdin enfatizó la brecha existente entre la fe y las estructuras formales, indicando que
“Hay muchísima gente que declara tener fe, pero no sentirse cercana a la institución”
. En este contexto, se discutió la tensión entre los ritos tradicionales y las cosmovisiones personales, mencionando incluso la convivencia de diversas tradiciones, como la judía, en entornos familiares multiculturales.
Estadísticas y el impacto del catolicismo en la cultura visual
El debate incluyó datos reveladores sobre el comportamiento generacional. Por primera vez en la historia reciente, el 21% de la Generación Z en Estados Unidos se reconoce como católica, una cifra que supera al 19% que se identifica como protestante, de acuerdo con el Estudio Cooperativo Electoral (CES) 2023. Tomás Trapé destacó la relevancia de este hallazgo al afirmar que
“En ninguna generación anterior la identificación católica había superado la afiliación protestante en Estados Unidos”
.
Paralelamente, se analizó cómo el catolicismo ha permeado la cultura pop a través de influencers, sacerdotes que incursionan en la música electrónica y la alta costura.
“La Iglesia aparece en ámbitos que antes no se veía: la música electrónica, la moda, la cultura pop”
, explicó Guardia Bourdin. Ejemplos de esto son las presentaciones del padre Guilherme Peixoto, quien realizará un set como DJ en espacios públicos, o las colecciones de Dolce & Gabbana inspiradas en la liturgia.
Respecto al contexto migratorio, Trapé añadió que, mientras históricamente el catolicismo en Estados Unidos se vinculaba a raíces italianas o irlandesas, actualmente se asocia directamente con la identidad hispanoamericana. En cuanto al panorama en Argentina, las cifras muestran un contraste: aunque la identificación católica general bajó del 70% al 60% en una década, el 76% de los jóvenes afirma creer en Dios, pese a que solo un 13% asiste con regularidad a las celebraciones litúrgicas.

¿Búsqueda de sentido o simple tendencia estética?
El equipo cuestionó si este auge es una moda pasajera o responde a una carencia profunda de orden y pertenencia en una sociedad marcada por la ansiedad. Tomás Trapé ensayó una definición sobre la nueva rebeldía juvenil:
“Hoy la rebeldía es volver a la fe. Antes la opresión venía de la Iglesia, ahora la opresión viene desde el fondo del individuo, de la exigencia de goce permanente”
.
Por su parte, Guardia Bourdin vinculó la disciplina religiosa con otros movimientos actuales como el estoicismo o las rutinas de productividad extremas:
“La práctica religiosa tiene reglas, tiene un orden. Hay una coincidencia cultural entre la disciplina religiosa y nuevas formas de rebeldía”
. Bajo esta óptica, la fe se presenta como un “tercer espacio”, un refugio fuera de las lógicas del mercado laboral donde se pueden tejer lazos auténticos.
Finalmente, se abordó la presencia constante de símbolos religiosos en plataformas digitales. Ante la duda de si portar un rosario es un gesto de fe o un accesorio de moda, Trapé concluyó con una distinción filosófica:
“La belleza es lo contrario a la frivolidad. Es el vínculo profundo con lo sagrado”
. La incógnita permanece sobre si este acercamiento estético servirá de puente hacia una práctica religiosa genuina o si se mantendrá únicamente en la superficie de la visualidad contemporánea.
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