En una reciente intervención informativa, el doctor Luis Ignacio Brusco, quien se desempeña como director del Centro de Alzheimer del Hospital de Clínicas de la UBA y ejerce la presidencia de Alzheimer Argentina, expuso los pormenores de un avance científico sin precedentes. Este desarrollo permite monitorear el surgimiento de esta patología neurodegenerativa en seres humanos a través de un modelo neuronal innovador diseñado por investigadores del país.
El especialista resaltó la relevancia y la escala de este proyecto multidisciplinario, señalando que representa un esfuerzo sostenido en el tiempo. Según palabras del propio Brusco:
“Es un trabajo de años y quizás lo interesante tiene que ver con la importancia de la ciencia argentina y la relación público-privada en el sistema”.
Este logro es el fruto de una colaboración estratégica entre el Centro de Medicina Traslacional de Córdoba, la Fundación Leloir, la Facultad de Medicina y el Hospital de Clínicas. El procedimiento técnico consiste en la reprogramación celular; partiendo de una célula de piel, es posible derivar en una stem cell o célula madre, con la capacidad de transformarse en diversas líneas celulares. Sobre esto, el médico afirmó:
“A partir de una célula de piel uno puede crear una stem cell, una célula madre, y generar cualquier tipo de estirpe celular. Es una gran revolución científica”.
El origen molecular y el nuevo modelo neuronal
El equipo de investigación liderado por expertos locales trabajó con muestras de tejido cutáneo de individuos que presentan mutaciones genéticas específicas vinculadas al Alzheimer, logrando su conversión exitosa en neuronas. Esta técnica permite una observación directa que anteriormente era inaccesible.
“Se puede investigar las neuronas del paciente, que era muy difícil antes”
, destacó Brusco. Gracias a este modelo, se ha podido analizar el comportamiento molecular de las células nerviosas en el contexto de la enfermedad.
Este descubrimiento invita a una reevaluación de las estrategias terapéuticas vigentes. Los hallazgos sugieren que las fallas moleculares podrían constituir la raíz primaria de la patología. El doctor Brusco enfatizó que el origen parece ser previo a las manifestaciones clínicas conocidas:
“Lo que se investigó y se descubrió es que las problemáticas moleculares pueden ser el origen de todo el problema. Muy probablemente, el problema sea muy previo, molecular”.
En concreto, se detectaron fallos en la mitocondria —el centro energético de la célula— y anomalías en el metabolismo del calcio.
“Hay un problema en la energética. Ahí está el lío, en las mitocondrias”
, sintetizó el profesional.
La posibilidad de identificar señales de alerta antes de que se presenten los síntomas clínicos es uno de los mayores beneficios de este estudio. El doctor recordó la existencia de una investigación del año 2020 que enumera catorce factores de riesgo ambientales que pueden ser intervenidos para demorar el avance de la enfermedad. Entre estos se incluyen condiciones metabólicas como la obesidad, la hipertensión, niveles alterados de glucemia, así como problemas sensoriales como la hipoacusia o dificultades visuales.
“Hay un estudio de 2020 que plantea catorce factores de riesgo ambientales modificables para retrasar el comienzo del Alzheimer. Son cuestiones metabólicas como obesidad, hipertensión, glucemia, hipoacusia o ver mal”
, detalló.
Prevención mediante genética y medicina a medida

Más allá de entender el surgimiento del Alzheimer, la investigación se orienta a optimizar las tácticas de prevención. En la actualidad, ya se implementan tratamientos personalizados fundamentados en el análisis genómico de los pacientes. Un punto crítico es el estudio del gen APOE (apolipoproteína), cuya presencia incrementa sustancialmente las probabilidades de desarrollar la enfermedad. Para Brusco, el control riguroso y personalizado de estos indicadores de riesgo es fundamental para alterar el curso de la patología.
En cuanto al acceso a este tipo de diagnósticos, el director del centro hospitalario mencionó que es común recibir consultas de descendientes de pacientes afectados o de personas que perciben un trastorno mínimo de memoria. La sugerencia de realizar pruebas genéticas es particularmente relevante cuando existen antecedentes directos o si los síntomas emergen a edades tempranas.
“Si uno tiene familia con trastorno de memoria, con Alzheimer, sí es bueno tener una evaluación ya de joven, a los cuarenta años”
, recomendó el especialista.
La situación sanitaria en Argentina es un tema de preocupación para el experto, quien indicó que el 97% de los casos corresponden a situaciones donde influyen factores de riesgo y variables modificables. Se estima que en el país existen entre 500 mil y 600 mil personas que poseen esta predisposición genética y factores ambientales de riesgo.
Nuevas fronteras terapéuticas y hábitos de vida

Mirando hacia el futuro, Luis Ignacio Brusco señaló que la tendencia de la medicina moderna se dirige hacia la restauración de daños orgánicos, no solo en el cerebro y la médula espinal, sino también en órganos como el hígado o los pulmones.
“El futuro de la medicina es restaurar daños en el cerebro y otros órganos a partir de estos avances. No solo cerebro y médula, sino también hígado o pulmón”
, vaticinó, aunque aclaró que la regeneración neuronal plena aún es un objetivo en desarrollo dentro de la medicina traslacional.
La prevención primaria sigue siendo la herramienta más eficaz. Para quienes poseen el gen APOE4, se aconseja evitar disciplinas deportivas que impliquen traumatismos de cráneo frecuentes, tales como el rugby o el boxeo, dado que estos pueden acelerar el inicio de la sintomatología. Asimismo, se destacó que la hipoacusia no tratada a partir de los 50 años representa un factor de riesgo considerable.
“Si uno tiene un APOE4, las propuestas son, por ejemplo, no practicar deportes con riesgo de traumatismo de cráneo, como box o rugby, porque adelantan el inicio del Alzheimer. También la hipoacusia: escuchar poco a los cincuenta años aumenta fuertemente el riesgo”
, advirtió Brusco.
En términos de hábitos cotidianos, el médico fue categórico al recomendar la realización de ejercicio aeróbico de forma regular. La pauta sugerida es de veinte minutos diarios, con una frecuencia de cinco veces por semana.
“Ejercicio aeróbico programado, veinte minutos por día, cinco veces por semana. No el anaeróbico, el aeróbico, con fluidez, pensando en nada”
, puntualizó sobre la importancia de este tipo de actividad física.
El objetivo final de esta transformación científica es garantizar un envejecimiento exitoso y una extensión de la funcionalidad cognitiva. Considerando que al alcanzar los 80 años más de la mitad de la población podría padecer esta afección, el impacto social es masivo. Según concluyó el especialista:
“El objetivo es prolongar la vida cerebral sana y llegar a los cien años”
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