La producción de Netflix, The Crown, que se ha consolidado como un éxito masivo desde su lanzamiento en 2016, se encuentra nuevamente bajo el escrutinio público debido a las declaraciones del historiador y biógrafo Hugo Vickers. Durante una entrevista concedida al Daily Mail, el experto relató que una secuencia específica de la obra audiovisual generó una indignación tan profunda en Felipe de Edimburgo que este llegó a consultar a sus abogados personales.
Vickers, quien cuenta con una trayectoria de más de 60 años analizando la trayectoria de la monarquía en el Reino Unido y mantuvo diversos encuentros con la reina Isabel II, ha manifestado una postura sumamente crítica frente a la representación que la serie hace de los integrantes de la familia real. Estas revelaciones surgen en el marco de la difusión de su obra más reciente, titulada Queen Elizabeth II: A Personal History, un libro que explora la vida de la monarca combinando rigor histórico y vivencias propias del autor.
En el programa Palace Authorised, el especialista calificó la narrativa de la serie como “profundamente deshonesta”. Para Vickers, el inconveniente principal no reside en las licencias creativas propias del género dramático, sino en la elaboración de fragmentos que, según su análisis, distorsionan hechos históricos de manera alarmante.

El punto de mayor fricción se localiza en un episodio de la primera temporada que recrea el fallecimiento de la princesa Cecilia de Grecia, hermana de Felipe, quien perdió la vida en un siniestro aéreo en 1937. La serie presenta una escena en el internado de Gordonstoun donde un joven Felipe se involucra en una riña. Como represalia, se le prohíbe viajar en vacaciones, lo que obliga a su hermana a trasladarse hacia Darmstadt, Alemania. Tras el accidente, la ficción muestra al padre de Felipe recriminándole durante el sepelio:
“Estoy enterrando a mi hijo favorito por tu culpa”.
“No hubo ninguna pelea en Gordonstoun”
Para Hugo Vickers, este relato no tiene sustento en la realidad y constituye un intento de “culpar al príncipe Felipe de la muerte de su propia hermana”. El historiador aclara que no ocurrió tal altercado en la institución educativa ni existió una conexión entre las acciones del príncipe y la tragedia familiar. Al respecto, desmintió tajantemente el momento dramático:
“En realidad, no hubo ninguna pelea en Gordonstoun. Jamás habría ido a Darmstadt. El padre de Felipe vino a Gran Bretaña a buscarlo después del accidente”.
Las consecuencias de esta representación ficticia fueron significativas. El biógrafo aseguró que “sabía que el príncipe Felipe estaba muy disgustado” por la manipulación de un recuerdo tan traumático de su pasado. La molestia fue tal que el esposo de la reina evaluó seriamente iniciar procedimientos legales, aunque la demanda no prosperó. Según explica el autor, su intervención en el espacio Today Show de Radio 4, donde relató la cronología verídica, ayudó a calmar los ánimos: “Me escuchó y, en cierta medida, sintió que se había aclarado la situación. Pero sí que consultó con sus abogados”.

El historiador también advierte sobre un fenómeno más amplio: cómo las series de alto presupuesto moldean la percepción de la historia en la audiencia. Sostiene que el nivel de calidad técnica de Netflix provoca que muchos usuarios acepten como verdades históricas elementos que son puramente imaginarios.
Este escenario es preocupante para Vickers, ya que el relato dramatizado corre el riesgo de sustituir a los hechos reales en la memoria colectiva, especialmente entre aquellos sectores del público que no poseen un conocimiento previo sobre la biografía de la realeza británica.
Presunta carga ideológica en la producción
Finalmente, el autor sugiere que la serie podría estar impregnada de una inclinación ideológica particular. Desde su perspectiva, diversas escenas, fundamentalmente en las entregas más recientes, parecen proyectar una visión negativa de la corona, planteándola como una institución obsoleta en la modernidad.
Como ejemplo, cita un diálogo en la Capilla de San Jorge entre el príncipe Felipe (interpretado por Jonathan Pryce) y la reina (encarnada por Imelda Staunton). En dicha interacción, se sugiere un agotamiento del modelo monárquico, un mensaje que, para el biógrafo, delata la verdadera intención de los guionistas de la serie.
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