No data was found

Evitar el impacto de la crisis eléctrica y frenar a la oposición: ¿Qué hay detrás de adelantar las elecciones en Ecuador?

El sistema eléctrico de Ecuador está en el ojo del huracán: Los embalses del Complejo Hidroeléctrico Paute Integral se vacían a un ritmo alarmante por el inicio del estiaje, hay una reducción en las operaciones de Coca Codo Sinclair, las centrales térmicas operan con equipos “chatarra” y la falta de energía desde Colombia, así como los fracasos para concretar proyectos eléctricos clave.

En ese escenario, en donde se ya se avizora que podrían registrarse apagones en el último trimestre de 2026, tal como ocurrió en 2024, el Gobierno busca que ese ‘toletazo’ no le afecta, al menos así lo señalan analistas y consultores a Radio Pichincha.

En ese escenario, el Consejo Nacional Electoral (CNE) ejecutó una maniobra que analistas califican como un salvavidas político para el régimen de Daniel Noboa.

La tarde de este viernes 17 de marzo de 2026, el Pleno del CNE decidió adelantar las elecciones seccionales para el domingo 29 de noviembre de 2026, una fecha estratégicamente ubicada antes de que el estiaje alcance su punto más crítico y los apagones afecten los intereses políticos, sobre todo, del partido oficialista ADN.

¿Clima o supervivencia política?

Bajo el argumento de mitigar los riesgos del invierno y el Fenómeno de El Niño, el CNE actualizó el calendario que originalmente preveía el sufragio para febrero de 2027.

El economista Alberto Acosta Burneo y otros expertos señalan que el trasfondo es puramente pragmático: el desgaste del Gobierno y la inminente crisis de falta de luz.

Analistas políticos destacan que este adelanto busca dos objetivos: evitar que los ciudadanos voten en medio de racionamientos de energía prolongados y aprovechar la suspensión de movimientos opositores como la Revolución Ciudadana (RC), que actualmente cumple una sanción de nueve meses impuesta por el Tribunal Contencioso Electoral.

Al mover las urnas a noviembre, el Gobierno intenta que el descontento social por la oscuridad no pase factura a sus candidatos para alcaldías y prefecturas.

El sistema eléctrico en “cuidados intensivos”

La situación técnica del país desmiente el optimismo oficial.

El analista energético Jorge Luis Hidalgo describe una infraestructura “absolutamente rebasada y ajustada” donde cualquier falla técnica o climática provoca una “neumonía” inmediata al sistema. Según Hidalgo, el problema hoy no es solo de energía almacenada, sino de la falta de potencia instantánea para cubrir los picos de demanda, que en este mes han superado los 5.274,46 MW, una cifra récord en Ecuador.

La pérdida de Colombia, que suspendió la venta de energía en enero de 2026 por razones diplomáticas y climáticas, ha dejado al Sistema Nacional Interconectado (SNI) vulnerable y sin reservas. Sin este respaldo, Ecuador depende de un parque térmico obsoleto y de hidroeléctricas que se quedan sin agua.

Mazar y Paute, en caída

El embalse de Mazar, considerado el “corazón y pulmón” del sistema por su capacidad de regular el caudal del río Paute, registra una caída preocupante. Con corte al 27 de marzo de 2026, el embalse cumplió 15 días consecutivos de descenso, perdiendo 8,38 metros de altura en ese periodo.

Su cota cayó de los 2.154,03 msnm el 12 de marzo a los 2.148,02 msnm el 24 de marzo.

Aún más alarmante es la caída del caudal de ingreso a Mazar, que se redujo de 231,12 m³/s a apenas 25,72 m³/s, una disminución cercana al 99%. Esta falta de lluvias en el Austro obliga al país a forzar la operación de Coca Codo Sinclair (CCS), la cual también agoniza.

La central más grande del país apenas logra generar entre 500 y 600 MW debido a que su caudal cayó a 132,33 m³/s y a que el exceso de sedimentos obliga a paralizar turbinas constantemente.

El espejismo

Frente a este escenario, el exministro de Energía Fernando Santos Alvite y un exgerente general de Celec coinciden en que las promesas gubernamentales de incorporar 1.659 MW son, en gran medida, un engaño técnico. El exgerente de Celec, quien prefirió no ser identificado, califica este anuncio como “altamente improbable”, señalando que si logran incorporar la mitad sería un éxito notable.

El desglose del plan oficial revela que el 42% de esa energía es simplemente el regreso a operación de centrales que estaban en mantenimiento, como la Unidad 5 de Coca Codo o la Unidad 2 de Sopladora, y no generación nueva.

El resto depende de alquileres de barcazas y del fallido proyecto Esmeraldas III.

Los proyectos fallidos

En la anterior emergencia, Celec impulsó una serie de proyectos para inyectar de generación termoeléctrica al país, pero la mayoría fracasó: los dos contratos con Progen están paralizados y generaron millones en pérdidas.

Mientras que el contrato con Austral Technical Management (ATM), en Esmeraldas, también fracasó, casi en su totalidad

El Estado ya pagó USD 71,4 millones (el 80% del contrato) por una planta a ATM que expertos califican como un “cementerio de generadores oxidados”. De los 48 motores entregados, 30 están calibrados a 50 hercios, una frecuencia incompatible con la red de 60 hercios de Ecuador.

La ministra de Energía Inés Manzano anunció que a finales de marzo entrarán en operación apenas 30 MW de este contrato, apenas una tercera parte de lo pactado originalmente para enero de 2025. La operación es tan precaria que, al no haberse terminado el tanque de combustible, Celec debe movilizar tanqueros cada una o dos horas para mantener encendidos los pocos motores operativos.

Para superar en algo los riesgos de crisis eléctrica, el Gobierno ha pedido a las empresas privadas que enciendan sus generadores propios, ofreciendo compensaciones que rondan los USD 0,28 por kWh.

Actualmente, el sector privado autogenera unos 170 MW diarios, pero esta medida es una “última línea de defensa” ante una red que ya no puede cubrir la demanda interna sola.

Informes internos del Cenace confirman que entre el 18 y 19 de marzo ya se realizaron desconexiones de carga de hasta 44 MW debido al déficit de potencia, a pesar de que la narrativa oficial lo atribuía a “lluvias” o “toques de queda”.

Octubre, un mes clave

La advertencia de Fernando Santos Alvite es lapidaria:

“La verdadera crisis comenzará en octubre”.

El exministro explica que el embalse de Mazar se vacía completamente tras los meses secos de agosto y septiembre. Sin el suministro de Colombia, los meses de octubre, noviembre y diciembre serán fatales con cortes de luz casi garantizados.

Es precisamente este pronóstico técnico el que explicaría la prisa del CNE, tal como lo aseguró el economista Acosta Burneo.

Al fijar las elecciones para el 17 de noviembre de 2025, el Gobierno buscaría que el proceso electoral ocurra antes del impacto más crítico por posibles cortes de luz. Jorge Luis Hidalgo advierte que la dependencia de barcazas es una “solución de corto plazo” que no resuelve los cuellos de botella en la transmisión ni la falta de inversión estructural.

Así, el sistema eléctrico corre el riesgo de colapsar a finales de año, mientras el CNE cambia las reglas del juego para las próximas elecciones.

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK

TWITTER