Cada año, la vida de cientos de miles de mujeres se apaga debido a complicaciones vinculadas al embarazo y el parto, situaciones que en su mayoría podrían haberse evitado. Pese a que en periodos previos se observaron mejorías significativas, la velocidad de este progreso se ha ralentizado drásticamente, poniendo en duda el cumplimiento de los compromisos internacionales.
Durante el año 2023, aproximadamente 240.000 mujeres fallecieron por causas maternas a nivel global. Esta alarmante cifra representa el 5,5% de la totalidad de decesos ocurridos entre mujeres de 10 a 54 años, de acuerdo con el informe más reciente del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME). Dicha investigación fue difundida a través de la revista científica The Lancet Obstetrics, Gynaecology & Women’s Health como parte integrante del Global Burden of Disease Study 2023.
En la actualidad, la razón de mortalidad materna (RMM) en el mundo se sitúa en 191 fallecimientos por cada 100.000 nacidos vivos. Este indicador resulta preocupante, ya que es casi tres veces mayor al límite establecido en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para el año 2030, cuya meta fija un máximo de 70 muertes.

El estudio del IHME detalla que diversos factores obstaculizan el camino hacia esta meta, entre los que destacan la desigualdad en el acceso a servicios médicos, la deficiente calidad en la atención sanitaria, la carencia de estadísticas fidedignas y las repercusiones de las crisis mundiales recientes.
Análisis histórico de la mortalidad materna
Los datos revelan que la reducción de estas muertes ha tenido un comportamiento irregular. En el decenio comprendido entre 1990 y 2000, los avances fueron mínimos, logrando apenas bajar de 423.000 a 397.000 fallecimientos anuales.
No obstante, el descenso cobró impulso durante la etapa de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2000-2015). En ese lapso, la RMM global cayó de 321 a 199 muertes por cada 100.000 nacidos vivos, registrando una mejora anual promedio del 2,9%.
Esta tendencia positiva se frenó bajo el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Entre los años 2015 y 2023, la disminución anual cayó a un escaso 0,5%. El IHME advierte que en más de 100 naciones la RMM se ha estancado o incluso ha sufrido retrocesos, un fenómeno agudizado por los efectos colaterales de la pandemia de COVID-19.

Gracias a la incorporación de más de 1.000 fuentes de datos extra y a la implementación de nuevas metodologías de análisis, se ha logrado obtener un panorama más preciso del problema, el cual expone profundas brechas y dudas persistentes entre diferentes países.
La brecha de la desigualdad regional
El panorama internacional está marcado por severas disparidades. El reporte del IHME señala que el África subsahariana, Oceanía, el Caribe y Asia meridional son las zonas con mayor concentración de fallecimientos.
En la región del África subsahariana, el indicador sobrepasó los 396 decesos por cada 100.000 nacidos vivos en 2023. En territorios como Eritrea, Sierra Leona, Liberia o la República Centroafricana, las estadísticas superan las 700 muertes, alcanzando en casos extremos las 1.000 víctimas.
Si se analiza el volumen absoluto de casos, India, Nigeria, la República Democrática del Congo, Etiopía y Pakistán fueron las naciones con más muertes maternas registradas en 2023. En contraparte, países como Nepal, Bangladesh, Camboya y la propia Etiopía han logrado reducir sus cifras al masificar el acceso a partos en instituciones de salud, aun con recursos económicos limitados.

En el caso de España, la RMM se redujo a 4,3 por cada 100.000 nacidos vivos durante el año pasado, consolidándose como una de las tasas más reducidas a nivel mundial, aunque la investigación nota una leve desaceleración en su ritmo de progreso.
Situación crítica en América Latina
Para América Latina y el Caribe, el panorama de los últimos años muestra una reducción desigual. Mientras que el Cono Sur mantiene cifras por debajo de los 70 fallecimientos por cada 100.000 nacidos vivos, regiones como Centroamérica, el Caribe insular y la zona andina reportan razones superiores a 120, llegando incluso a 400. Haití se mantiene en una posición crítica, siendo uno de los cinco países con peor desempeño global con 819 muertes estimadas por cada 100.000 nacidos vivos.
A continuación, las cifras clave de 2023 en la región y su variación desde 2015:
- Brasil: 1.790 decesos maternos (RMM: 59,6 por cada 100.000 nacidos vivos, con una baja del –4,6%)
- Haití: 2.910 decesos maternos (RMM: 819, con un incremento del +5,7%)
- México: 791 decesos maternos (RMM: 44,1, con un alza del +3,0%)
- Bolivia: 809 decesos maternos (RMM: 346, subiendo un +4,2%)
- Guatemala: 895 decesos maternos (RMM: 265, un aumento del +14,7%)
- Venezuela: 895 decesos maternos (RMM: 272, con un disparo del +149,5%)
- Perú: 819 decesos maternos (RMM: 133, incrementando un +62,8%)
- Argentina: 384 decesos maternos (RMM: 77,4, subiendo un +50,0%)
- Colombia: 385 decesos maternos (RMM: 53,9, con una reducción del –17,6%)
- República Dominicana: 213 decesos maternos (RMM: 103, bajando un –14,9%)
Causas determinantes y estrategias de prevención
La información publicada en The Lancet Obstetrics, Gynaecology & Women’s Health ratifica que la gran mayoría de estas muertes se pueden prevenir y responden a factores ya identificados por la ciencia médica.
Los trastornos hipertensivos del embarazo y la hemorragia materna son responsables de más del 40% de las muertes. A estas causas se suman las complicaciones del parto y diversas infecciones.

El reporte enfatiza que optimizar la calidad y el alcance del control prenatal, asegurar que los partos ocurran en instalaciones adecuadas y garantizar el monitoreo tras el alumbramiento son pasos fundamentales para las naciones más vulnerables. La precariedad en el servicio, la falta de acceso y problemas sociales como la discriminación y la pobreza elevan los riesgos de forma alarmante.
“La mortalidad materna es tanto un desafío para los sistemas sanitarios como un reflejo de desigualdades que afectan la salud de las mujeres”
Esta declaración de Ira Martopullo, autora principal del estudio citada por el IHME, resume la magnitud del problema. Por su parte, la investigadora Maegan Dirac de The Lancet recalcó que es imperativo
“fortalecer el acceso a una atención de calidad antes, durante y después del embarazo, especialmente en los países con mayores rezagos”
.

El impacto de la crisis sanitaria y el horizonte 2030
La COVID-19 provocó un retroceso temporal en diversas latitudes. Durante los años 2020 y 2021, la mortalidad materna escaló en sectores de Latinoamérica, Asia central, el Caribe, Europa central y del este, así como en zonas de altos ingresos en Norteamérica, según datos del IHME.
Si bien el indicador global se mantuvo estable durante los peores momentos de la pandemia, la presión sobre los sistemas de salud dificultó la asistencia a las gestantes, derivando en aumentos pasajeros de la mortalidad.
Hacia 2022 y 2023, la mayoría de los países retomaron sus tendencias habituales. Sin embargo, el informe advierte que los progresos son sumamente frágiles ante posibles crisis sanitarias futuras.

Asimismo, la ausencia de datos estadísticos precisos en áreas críticas entorpece la vigilancia epidemiológica y la respuesta rápida, al tiempo que la financiación global para salud materna atraviesa momentos difíciles.
A menos de un lustro para llegar al 2030, las proyecciones del IHME y The Lancet sugieren que más de la mitad de las naciones no lograrán reducir su RMM por debajo de la meta de 70 muertes por cada 100.000 nacidos vivos. Ante este escenario, los expertos instan a blindar los sistemas sanitarios para evitar el estancamiento.
Acciones como fortalecer la salud general de las mujeres, mitigar riesgos previos a la gestación, atender secuelas tras el parto y preparar los servicios médicos ante nuevas amenazas son esenciales para cambiar el rumbo actual de las estadísticas.
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