En un escenario económico donde el bajo crecimiento de la productividad se ha vuelto un obstáculo crítico para América Latina, la tecnología y, de forma particular, la inteligencia artificial (IA), se posicionan como los ejes fundamentales para transformar la estructura competitiva de la región. Para Argentina, este panorama representa un reto de gran magnitud: el país debe avanzar decididamente en la adopción de herramientas digitales sin profundizar la brecha existente entre la inversión realizada y la obtención real de valor económico.
De acuerdo con el informe titulado Latin America in the Intelligent Age: A New Path for Growth, desarrollado por el World Economic Forum, la implementación estratégica de la IA tiene el potencial de incrementar la productividad en el continente entre un 1,9% y un 2,3% cada año. Este impulso podría traducirse en una generación de riqueza adicional de entre US$ 1,1 billones y US$ 1,7 billones anuales para la economía regional. No obstante, las estadísticas muestran que este potencial aún no se concreta plenamente: solo el 23% de las empresas latinoamericanas está logrando generar valor mediante esta tecnología, y apenas un 6% registra impactos de gran relevancia en sus operaciones.
La digitalización como pilar de competencia
Bajo este contexto, la transformación digital ha dejado de ser una alternativa secundaria para convertirse en un requisito indispensable de competencia. La adopción de tecnologías como el análisis avanzado de datos, la automatización de procesos, las plataformas en la nube y la propia IA permite a las compañías:
- Rediseñar de forma integral sus flujos de trabajo internos.
- Fundamentar su toma de decisiones en evidencias y datos precisos.
- Lograr un escalamiento operativo sin que los gastos aumenten de manera proporcional.
El reporte de 2025 sobre el Impacto Económico de la Inteligencia Artificial en América Latina, presentado por la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), detalla que en Argentina la inversión en IA alcanzó los US$ 146 millones durante el año 2023. Pese a los retos estructurales, los beneficios ya son visibles en la economía local: esta tecnología aporta aproximadamente US$ 236 millones anuales al Producto Interno Bruto (PIB), principalmente gracias al incremento de la eficiencia en el sector del trabajo calificado.
Por esta razón, el desafío central no radica simplemente en adquirir herramientas tecnológicas aisladas, sino en integrarlas profundamente en la estrategia corporativa. Para el mercado de Argentina, el objetivo consiste en transformar la innovación en una infraestructura estratégica. Esto implica la modernización de sistemas obsoletos, la migración masiva hacia la nube, la organización estructurada de los activos de datos y la capacitación de talento especializado para maximizar el impacto en áreas vitales como el agro, la industria, la logística, la construcción, el comercio y los servicios.
A pesar de las distancias tecnológicas que aún persisten, la oportunidad para el país sigue vigente. La combinación de un ecosistema tecnológico dinámico, la calidad del talento profesional reconocido a nivel mundial y una demanda interna creciente por servicios digitales coloca a la nación en un punto de inflexión histórico. La prioridad ahora es acelerar la captura de estos beneficios antes de que la brecha respecto a las economías globales más avanzadas se vuelva irreversible.
En un marco de competitividad global cada vez más agresivo, la tecnología se reafirma como la palanca maestra para el crecimiento económico. Para el sector productivo argentino, el verdadero avance no consistirá únicamente en sumar más herramientas al inventario, sino en aplicarlas con estrategia, escala y una visión orientada a la productividad a largo plazo.
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