El Departamento de Educación del Reino Unido ha emitido un informe sin precedentes donde establece, de manera formal, un límite recomendado de tiempo frente a pantallas para la población infantil. La directriz sugiere que los menores de 5 años no deberían exceder una hora diaria de exposición a dispositivos electrónicos, exceptuando únicamente el uso de herramientas tecnológicas destinadas a necesidades educativas especiales.
Esta nueva normativa responde a la creciente inquietud sobre cómo el uso de aparatos digitales incide en la salud emocional y cognitiva durante la primera infancia. Los expertos advierten que la mayor parte del procesamiento cerebral ocurre precisamente durante los primeros cinco años de vida, un periodo crítico donde el contacto humano directo es insustituible.
El objetivo primordial es brindar a los representantes legales y familias un sustento basado en evidencias científicas para gestionar el entorno digital de sus hijos. Según datos recopilados, existe una realidad preocupante: aproximadamente el 98 % de los infantes ya utiliza pantallas de forma cotidiana antes de alcanzar los dos años de edad.
El estudio de seguimiento Children of the 2020s aporta cifras reveladoras sobre este impacto. Aquellos niños que permanecen cerca de cinco horas diarias frente a estos equipos tienden a desarrollar un vocabulario más limitado en comparación con quienes solo se exponen durante 44 minutos al día. Esta diferencia radica en que el 90 % del crecimiento del cerebro se concreta antes de cumplir los cinco años, lo que resalta la relevancia de las interacciones sociales de calidad.

Definiendo el uso tecnológico y recomendaciones iniciales
Bajo este marco, se entiende por “tiempo de pantalla” el uso acumulado de dispositivos como teléfonos inteligentes, tabletas, computadoras y televisores. La guía es enfática al sugerir que se eviten las pantallas totalmente en niños menores de dos años, a menos que se trate de una actividad compartida y con una interacción activa por parte de un adulto.
Janet Cooper, profesional experta en habla y lenguaje, resalta que el sedentarismo digital excesivo puede comprometer el progreso evolutivo. Al respecto, Cooper sostiene lo siguiente:
“El cerebro humano posee un ‘sistema de búsqueda’ que se activa por las personas que nos rodean. Si los niños pequeños reciben atención individualizada y se les muestran cosas interesantes, este sistema se desarrolla para explorar y comprender el mundo”.
Para esta especialista, lo que realmente nutre el desarrollo infantil es el juego compartido y la interacción recíproca, por encima de la recepción pasiva de imágenes y sonidos digitales.
En la misma línea, la psicóloga Danielle Matthews, catedrática de la Universidad de Sheffield, enfatiza que las conversaciones cotidianas entre padres e hijos son pilares fundamentales. Matthews sugiere que reducir la velocidad de las charlas para permitir que los pequeños participen por turnos mejora notablemente sus capacidades lingüísticas, especialmente si el lenguaje se adapta a lo que el niño encuentra interesante.

Riesgos de contenidos acelerados y alternativas sugeridas
El documento oficial también alerta sobre el consumo de videos con ritmos frenéticos, muy comunes en plataformas de redes sociales. Se advierte que estos contenidos de ritmo acelerado pueden gatillar en los niños una reacción fisiológica de “lucha o huida”.
El profesor Sam Wass, integrante del Institute for the Science of Early Years de la Universidad del Este de Londres, ofrece una explicación técnica al respecto:
“Si recibimos información demasiado rápido, el sistema de estrés se activa, aumenta la frecuencia cardíaca y se libera energía en los músculos”.
Para contrarrestar este efecto, el informe propone el visionado de programas con estructuras narrativas pausadas, repetitivas y fáciles de asimilar. Entre los ejemplos citados se encuentran producciones como Bluey, Hey Duggee, Puffin Rock y Ranger Hamza’s Eco Quest.
La guía insta además a que los espacios destinados a la alimentación y el descanso se mantengan totalmente libres de dispositivos. Para lograr este control, se aconseja el uso de herramientas como temporizadores o claves de acceso. Sistemas operativos como Android y Apple ya cuentan con funciones de monitoreo para supervisar el tiempo de uso, lo cual representa un apoyo práctico para los hogares.

Inclusión, seguridad y visión gubernamental
El profesor Pasco Fearon, experto en psicopatología del desarrollo del University College London y líder de esta guía, aclara que existen excepciones necesarias. Para los niños con discapacidades o necesidades educativas especiales, las herramientas de apoyo tecnológico son fundamentales para su comunicación y bienestar, por lo que no deben ser restringidas bajo los mismos parámetros temporales.
En este proceso de orientación familiar también han participado entidades como la NSPCC (organización británica de protección infantil), promoviendo estrategias que incluyen la supervisión constante, la preselección de materiales adecuados y el diálogo sobre la seguridad en internet.
Por su parte, Kate Morton, directiva de contenidos infantiles en CBeebies, valora la importancia de consumir televisión en familia y optar por contenidos que estimulen la imaginación. Ella señala:
“La guía refleja lo que muchas familias ya saben: no se trata de hacerlo perfecto, sino de tomar decisiones informadas que funcionen para cada caso”.
Finalmente, el secretario de Educación, Bridget Phillipson, reafirmó que estas directrices se basan en la evidencia más sólida disponible actualmente, aunque admitió que la investigación sigue evolucionando. Por ello, declaró:
“Todavía es un área en la que queda mucho por conocer y, por eso, hemos optado por un criterio de precaución”.
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