Durante una conversación profunda en el programa Agarrate Catalina, conducido por Catalina Dlugi a través de La Once Diez, el experimentado actor Gerardo Romano se sinceró sobre su realidad actual. Con la honestidad que lo caracteriza, el intérprete se refirió a su presente laboral, su conexión inquebrantable con las tablas y la determinación de hacer pública su enfermedad. Actualmente, Romano encabeza una exitosa temporada en los teatros de Mar del Plata en compañía de Ana María Picchio, espacio donde ha reflexionado sobre la intensidad de su oficio y la conexión emocional que establece con los espectadores. Sin embargo, el punto más sensible del diálogo ocurrió cuando el artista detalló su diagnóstico de Parkinson y el modo en que decidió encararlo.
El actor destacó que existe una tendencia generalizada a mantener este tipo de condiciones en privado.
“Muchísima gente prefiere ocultarlo. Te diría que no hay ejemplos. Yo por lo menos hace cincuenta y cinco años que trabajo de actor profesional y no tengo memoria de ninguno”
, afirmó Romano, quien optó por no retirarse de la escena pública ni de su trabajo. En la entrevista, rememoró el instante preciso en el que recibió la noticia médica:
“Cuando me comunicaron que tenía Parkinson, yo estaba haciendo la obra. Salí del consultorio de Facundo Manes y sabía que dentro de un par de horas tenía una función. Y la hice, porque era como decir: ‘Me bajo de la vía’, y la hice y me di cuenta… no puedo vivir sin hacer la obra, sin hacer teatro, sin subir a un escenario”
.
Según explicó el artista, el arte dramático y el vínculo con la audiencia han sido herramientas clave para gestionar el impacto psicológico y la ansiedad que conlleva la enfermedad. Romano describió ese proceso como una forma de canalizar la ansiedad existencial. Manifestó que, al interpretar a un personaje y sumergirse en sus conflictos, sus propias preocupaciones pasan a un segundo plano. Añadió que este fenómeno de empatía se renueva en cada presentación, y que tanto el aplauso final como el intercambio con el público son piezas fundamentales para su bienestar.

Un camino sin precedentes en el medio artístico
El protagonista de El Marginal reiteró que no encuentra referentes cercanos que hayan visibilizado su situación mientras continúan activos:
“No hay ejemplos. No hay. Yo por lo menos no tengo memoria de ninguno”
. A pesar de lo que implica el diagnóstico, sostuvo que abandonar la actuación nunca fue una opción real para él, enfatizando nuevamente:
“No puedo vivir sin hacer la obra, sin hacer teatro, sin subir a un escenario”
.
Respecto al avance de la edad y el cuidado de su físico, el actor compartió una reflexión sobre las distintas etapas de su vida. Comentó que llegar a los 40, 50 o 60 años con un cuerpo activo es una ventaja, pero también habló sin tapujos sobre su experiencia con el viagra al entrar en la vejez:
“He consumido y viví esa experiencia de ser viejo y tener sexo. Me bajé del viagra porque dije: ‘Lo que tenga que ser, que sea naturalmente’. Pero forzar, arriesgarme por una cuestión de goce sexual es medio peligroso. Esa etapa quedó atrás. Ahora está la cuarta edad”
.
Por otro lado, Gerardo Romano recordó un episodio amargo relacionado con una estafa telefónica que afectó a su hija. Describió el evento como una experiencia traumática que dejó secuelas emocionales debido a la angustia vivida durante la llamada.
“Me hizo sufrir mucho tiempo porque me quedé con una sensación que no se había podido concretar. Había sentido que había ocurrido. Vos imaginate lo que es hablar con tu hija, alguien que conocés tanto, y estar veinte minutos escuchando las desgracias más espantosas. Creer que es así. Eso queda en el cuerpo”
, relató. Debido a esto, aconsejó tajantemente no contestar llamadas de números desconocidos, priorizando la tranquilidad personal sobre cualquier posible oportunidad perdida.
A sus casi 80 años, el actor se mostró lúcido y sumamente agradecido por el cariño que recibe de la gente y la oportunidad de seguir trabajando.
“La empatía hermosa se produce con el público… y después, bueno, el cariño del público, porque la Pichi es muy querida. Y te quiere mucho a vos”
, concluyó Romano. De esta manera, el artista dejó un mensaje de resiliencia, demostrando que la pasión por el teatro y la salud pueden convivir sin que el miedo detenga su camino profesional.
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