La medicina moderna ha alcanzado un hito sin precedentes mediante el uso de tecnología robótica de vanguardia. Un equipo médico de élite logró realizar una compleja intervención quirúrgica a una distancia de 2.400 kilómetros, vinculando de forma remota las ciudades de Londres y Gibraltar en un procedimiento que marca un antes y un después en la telemedicina.
El protagonista de este avance es Paul Buxton, un ciudadano británico de 62 años que reside en Gibraltar desde hace cuatro décadas. Su caso comenzó poco después de las festividades de Navidad, cuando recibió un diagnóstico de cáncer de próstata. Bajo circunstancias habituales, los pacientes en su situación deben trasladarse obligatoriamente al Reino Unido para acceder a cirugías especializadas, lo que implica afrontar viajes agotadores, elevados costos logísticos y las persistentes listas de espera del sistema sanitario.
Sin embargo, en esta ocasión, el proceso fue radicalmente distinto. La cirugía se llevó a cabo en las instalaciones del St Bernard’s Hospital, empleando un sofisticado robot quirúrgico. El control de la máquina estuvo a cargo de Prokar Dasgupta, reconocido profesor de urología y director del centro de excelencia en robótica de The London Clinic. El especialista dirigió cada movimiento desde una consola ubicada en Harley Street, Londres.

Innovación tecnológica detrás de la telecirugía
La arquitectura técnica que permitió esta proeza incluyó un robot equipado con cuatro brazos articulados y una cámara 3D de alta definición, herramientas que proporcionan una nitidez extrema y una precisión de movimientos que supera la capacidad humana directa.
Para eliminar los riesgos de desconexión, la compañía Presidio desplegó una infraestructura de fibra óptica de alta velocidad entre ambas locaciones, reforzada con una red 5G de seguridad. El mayor desafío técnico en estos escenarios es la latencia, que representa el tiempo de demora entre la señal enviada por el médico y la acción ejecutada por el robot. En esta operación, el retraso fue de apenas 60 milisegundos (0,06 segundos), un intervalo que resulta imperceptible para el ojo humano y permitió una fluidez total.
El dispositivo utilizado, denominado sistema Toumai, facilitó una percepción de profundidad excepcional. Respecto a la experiencia, el profesor Dasgupta manifestó que la sensación fue
“casi como estar allí”
lo cual ratifica que la tecnología respondió de manera impecable y sin fallos técnicos significativos durante la remoción del tejido canceroso.

Protocolos de seguridad y visión global
A pesar de la automatización y el control remoto, la seguridad del paciente fue la prioridad absoluta. Por ello, un equipo de profesionales médicos permaneció físicamente en el quirófano del St Bernard’s Hospital en Gibraltar, listos para tomar el control manual de forma inmediata ante cualquier eventual interrupción de la señal digital.
Esta metodología no es un experimento aislado, sino parte de una tendencia creciente. La robótica ya se utiliza ampliamente de forma presencial por su estabilidad, pero la modalidad a distancia abre las puertas para que especialistas de primer nivel atiendan a pacientes en zonas remotas o de difícil acceso geográfico.
De hecho, el sistema Toumai ya ostenta otros récords impresionantes. En 2024, se utilizó para una prostatectomía entre Roma y Pekín, cubriendo una brecha de 8.156 kilómetros, lo que evidencia que la distancia física está dejando de ser un impedimento para la excelencia médica.

Próximos pasos en la medicina robótica
Tras el éxito obtenido con Paul Buxton, el programa de telecirugía en Gibraltar ha continuado su marcha. Un segundo paciente ya ha sido intervenido exitosamente bajo el mismo esquema y se han planificado nuevas demostraciones. Una de las más esperadas es una transmisión en vivo para una audiencia de 20.000 cirujanos durante el congreso de la European Association of Urology, el próximo 14 de marzo.
El equipo liderado por el profesor Dasgupta sostiene que esta evolución tecnológica es clave para democratizar la salud. Al reducir las barreras de traslado, se espera minimizar las desigualdades en la atención sanitaria, permitiendo que comunidades pequeñas o aisladas reciban tratamientos de la misma calidad que los grandes centros urbanos del mundo.
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