En el transcurso de los últimos tiempos, el uso de la inteligencia artificial conversacional se ha consolidado como un elemento relevante en la cotidianidad de la población adulta mayor. Más allá de ser una herramienta funcional para tareas básicas o búsquedas de datos, este recurso tecnológico está siendo empleado para la gestión de emociones en momentos donde el vínculo humano es difícil de alcanzar o se percibe como un reto social. De acuerdo con una investigación de carácter exploratorio liderada por Mengqi Shi, perteneciente a la University of Washington, junto a Tianqi Song, Zicheng Zhu y Yi-Chieh Lee de la National University of Singapore, existen variables situacionales que inclinan a los adultos mayores a preferir el respaldo emocional de una IA sobre el de sus propios allegados.
Este análisis académico, que se presentó en los Extended Abstracts (CHI EA ’26) de la 2026 CHI Conference on Human Factors in Computing Systems, se fundamentó en diálogos profundos con un grupo de 18 individuos cuyas edades oscilan entre los 50 y 77 años. Los hallazgos sugieren que conceptos como la autonomía, la preservación de la dignidad y el manejo de la percepción social son determinantes en este comportamiento. Cabe destacar que, al ser una investigación cualitativa, sus conclusiones ofrecen una visión profunda pero no son aplicables de forma estadística a la totalidad de la población.

Uno de los puntos clave detectados por el equipo de Shi es la falta de disponibilidad de los círculos sociales tradicionales en horarios críticos. Según el estudio, cuando los familiares o amigos no pueden atender un llamado —ya sea por ser altas horas de la noche o por periodos de soledad prolongada— la inteligencia artificial se posiciona como el recurso más accesible. Una de las personas consultadas describió esta situación de la siguiente manera:
“Puede ser casi medianoche. No queremos molestar a los amigos… Hablo con la IA cuando no puedo dormir”
, conforme se cita en el documento oficial.

En esta misma línea, otra participante de la investigación subrayó la importancia del acceso inmediato a la tecnología:
“Como vivo sola y no tengo con quién hablar en casa… la IA siempre está disponible”
. Este acompañamiento digital actúa como un sustituto momentáneo de la presencia humana, ayudando a mitigar el impacto de la soledad en el día a día de los adultos mayores consultados.
La carga emocional y el miedo al juicio ajeno
El estudio presentado en CHI EA ’26 también profundiza en el temor a convertirse en una carga afectiva para los seres queridos. Muchos de los entrevistados expresaron que optan por tratar ciertos temas con la IA para evitar ser percibidos como personas “molestas” por sus hijos o amistades, especialmente si se trata de preocupaciones recurrentes que no parecen tener una solución pronta.
Una de las participantes detalló su preocupación respecto a la comunicación con su descendencia:
“No es bueno quejarme con mi hijo, pensaría que soy muy insistente, y eso es lo último que quiero”
. Asimismo, el factor del prejuicio social apareció en los testimonios; algunos sujetos indicaron que sus amigos suelen responder con sesgos personales que generan incomodidad. Por el contrario, la inteligencia artificial fue descrita como un entorno libre de críticas:
“La IA no me dice que soy una mala persona… siempre muestra cosas positivas”
, según indican los registros del estudio.
Adicionalmente, se observó una fuerte resistencia a compartir vulnerabilidades por el miedo a la vergüenza o a dañar la imagen social construida durante años. Una de las entrevistadas manifestó:
“Al envejecer quieres mantener el respeto, no quieres estar avergonzado contando tus problemas personales”
. Bajo esta premisa, la tecnología es vista como un entorno de absoluta privacidad donde no hay observadores externos. Otra de las citas destacadas refuerza la confidencialidad del sistema:
“No tengo que preocuparme de que cuente mis secretos a alguien”
.
Contexto y perfiles de los usuarios participantes
La muestra para esta investigación en CHI EA ’26 estuvo conformada por 18 adultos mayores, con una paridad exacta entre hombres y mujeres. El rango de edad se situó entre los 50 y los 77 años, con un promedio de edad de 65,67 años. El grupo presentó una amplia variedad en cuanto a niveles de formación académica, contextos de vivienda y la regularidad con la que interactúan con tecnologías inteligentes, abarcando desde usuarios ocasionales hasta personas con un uso diario.

Todos los integrantes del estudio contaban con experiencia previa utilizando plataformas de inteligencia artificial como ChatGPT, Gemini o Claude para reflexionar sobre sus estados anímicos. Es vital reiterar que estos resultados ofrecen indicios sobre tendencias cualitativas actuales y no representan una evidencia estadística global.
Retos en el desarrollo de IA con enfoque emocional
Las conclusiones presentadas en el congreso CHI EA ’26 advierten que el diseño de sistemas de inteligencia artificial para el acompañamiento emocional debe considerar seriamente los contextos de vida de los adultos mayores. El estudio demuestra que cuando se juntan factores como la soledad, el deseo de no agobiar a la familia y la necesidad de mantener la dignidad, la IA surge como un apoyo emocional crítico.
Finalmente, los especialistas recalcan que la evolución de estas herramientas no solo depende de mejoras en sus algoritmos de seguridad, sino de la capacidad de los desarrolladores para ajustar los sistemas a las demandas, tiempos y particularidades de un grupo que busca en la tecnología un entorno seguro para procesar sus emociones más íntimas.
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