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La Silver Economy alcanza USD 4,2 billones ante el envejecimiento global

Por primera vez, se ha estimado que el mercado global de la Silver Economy alcanza un valor de USD 4,2 billones. Esta cifra posiciona a este sector como un pilar fundamental de la economía moderna, impulsado por el acelerado incremento de la población de la tercera edad a nivel mundial.

Informes recientes destacan que este fenómeno demográfico es crítico en regiones como Europa. La transición hacia una sociedad más longeva está reconfigurando las estructuras financieras y desafiando la creación de nuevas políticas públicas para adaptarse a esta realidad.

La Silver Economy se ha consolidado como un motor de crecimiento debido a la creciente demanda de productos y servicios para mayores de 60 años. Aunque esta tendencia presiona los sistemas de sanidad y pensiones, también abre una ventana para la innovación y la creación de nuevos esquemas sociales en el continente europeo.

Actualmente, el mundo cuenta con más de 1.200 millones de individuos que superan los 60 años. Las proyecciones indican que esta cifra escalará hasta superar los 2.000 millones para el año 2050. Este grupo etario, que ya representa el 15% de la población global, genera un gasto total estimado en USD 17 billones. Cabe destacar que estos cálculos suelen enfocarse en el consumo privado, dejando de lado en ocasiones el gasto público destinado a sanidad y asistencia social.

Sectores clave y dinamismo del mercado

Entre las áreas con mayor relevancia dentro de este mercado se encuentran las siguientes:

  • Salud y bienestar: con un valor de USD 1,3 billones.
  • Vivienda y soluciones habitacionales adaptadas.
  • Servicios financieros y productos de inversión especializados.
  • Ocio y entretenimiento para adultos mayores.

La tecnología aplicada al envejecimiento, conocida como AgeTech, se ha convertido en un eje transversal para la innovación. Se prevé que la tasa de crecimiento anual de este mercado sea del 7,6% para el 2025, liderado por potencias como Estados Unidos, Europa y la región Asia-Pacífico, donde China muestra un dinamismo particular.

La expansión de la longevidad abre oportunidades en salud, tecnología y servicios, mientras crecen los desafíos sobre pensiones y sistemas sanitarios. (Imagen ilustrativa Infobae)

El panorama demográfico y el envejecimiento acelerado

En el continente europeo, el proceso de envejecimiento avanza a una velocidad sin precedentes. Durante el 2024, países como Italia (24,3%), Portugal (24,1%) y Bulgaria (23,8%) registraron niveles récord de personas mayores de 65 años. Simultáneamente, la baja natalidad se hace evidente en Italia y Portugal, con tasas de población menor de 14 años de apenas 12,2% y 12,8% respectivamente.

Esta realidad es producto de una mayor esperanza de vida combinada con una caída drástica en los nacimientos. En la última década, la edad media en la Unión Europea subió 2,2 años, situándose en 44,7 años en 2024. En el sur de Europa, este incremento ha sido incluso más pronunciado, alcanzando hasta los cuatro años adicionales.

Se estima que la población de la Unión Europea llegará a su pico máximo en 2026 con 453,3 millones de habitantes, para luego iniciar un descenso constante hasta los 419,5 millones en 2100. Para ese entonces, la mitad de la población tendrá más de 50 años y los mayores de 60 constituirán un tercio del total de habitantes.

Desafíos para la estabilidad económica y social

El envejecimiento poblacional impacta directamente en la viabilidad de los sistemas de salud pública y de pensiones. La tasa de dependencia, que mide la relación entre jubilados y personas en edad laboral, se sitúa hoy en el 33,9%, pero podría subir al 60% para el año 2100. Esto significaría que habría menos de dos trabajadores activos por cada pensionista.

Por otro lado, el segmento de personas mayores de 80 años podría triplicarse en la Unión Europea, pasando del 6,1% actual al 15,3% en 2100. Esta transformación exigirá una adaptación profunda de las infraestructuras y las políticas estatales. Es importante reiterar que las valoraciones de la Silver Economy a menudo excluyen los costos de cuidados de larga duración asumidos por el sector público.

Al respecto, se advierte sobre la urgencia de tomar acciones:

“Si la UE no adopta las medidas apropiadas, corre el riesgo de enfrentar una desaceleración del crecimiento económico y una presión significativa sobre su modelo social.”

Estrategias clave ante la crisis demográfica en Europa

Para mitigar estos efectos, se proponen cuatro líneas de acción fundamentales. La primera se centra en fomentar la inmigración de población joven para robustecer la fuerza laboral. La segunda busca implementar políticas que estimulen la natalidad, tales como subsidios familiares y una red más amplia de servicios de cuidado para infantes.

La caída de la natalidad en Europa profundiza el envejecimiento poblacional y acelera la presión sobre los sistemas económicos y sociales. (Jesús Hellín / Europa Press)

El tercer pilar consiste en prolongar la vida laboral, incentivando a los trabajadores a permanecer activos más tiempo en el mercado antes de su jubilación. Finalmente, la apuesta por la innovación tecnológica, especialmente en AgeTech e inteligencia artificial, es vista como una solución para cubrir la falta de mano de obra y elevar la calidad de vida de los ciudadanos de mayor edad.

La cooperación entre las naciones será determinante para mantener la sostenibilidad del bienestar europeo. En conclusión, la Silver Economy ha dejado de ser un nicho para convertirse en el corazón de la transformación económica global del siglo XXI.

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