En el panorama empresarial contemporáneo, las juntas directivas han comenzado a desempeñar un papel mucho más activo en las operaciones diarias. Este cambio se debe a un entorno global caracterizado por la volatilidad económica, la irrupción de la inteligencia artificial y una competencia cada vez más agresiva. Como consecuencia, muchos directores sienten la urgencia de intervenir directamente para asegurar el rumbo de las organizaciones. Esta tendencia ha provocado que la composición de estas juntas incluya cada vez a más perfiles con experiencia previa como CEOs o gestores operativos, lo que desdibuja la frontera entre la gobernanza y la gestión administrativa, adoptando modelos similares a los del capital privado.
A través de la consultoría con altos mandos en diversas industrias, se ha detectado que cuando una junta directiva se transforma en un equipo operativo, surge un reto fundamental: es imperativo recobrar la confianza del equipo de liderazgo ejecutivo (ELT) y, simultáneamente, establecer un nuevo marco de colaboración con los directores. A continuación, se presentan tres estrategias para equilibrar esta relación sin incrementar las tensiones ni comprometer la agilidad de la empresa.
1. Descifrar el trasfondo de las acciones de la junta
La tendencia de las juntas a involucrarse en tareas tácticas suele ser un síntoma de una pérdida de confianza en la gestión actual. De acuerdo con la encuesta de PwC sobre la eficacia de las juntas directivas en 2025, los altos ejecutivos reportan que la participación de los directores en asuntos operativos se ha duplicado en comparación con años recientes.
Aunque la reacción natural de un CEO es confrontar esta intromisión, resulta más efectivo comprender qué motiva este comportamiento. Generalmente, no se trata de un deseo intrínseco de microgestión, sino de una respuesta a la incertidumbre o a la escasez de datos. Los factores más recurrentes identificados son:
- Falta de claridad: Incertidumbre sobre los riesgos reales, las prioridades estratégicas o los avances del negocio.
- Confusión de roles: Directores que fueron operadores exitosos intentan ayudar por inercia, causando interferencias sin pretenderlo.
- Deficiencias comunicacionales: Reportes irregulares o procesos de decisión ambiguos que fuerzan a los directores a buscar respuestas por su cuenta.
Antes de actuar, es necesario realizar un diagnóstico profundo: reflexione sobre qué está intentando proteger la junta al entrar en los detalles, identifique las presiones externas como cambios regulatorios o amenazas de mercado, y audite su actual sistema de comunicación para detectar vacíos de información.
2. Reajuste de la toma de decisiones y alineación del equipo
La interferencia constante de la junta suele generar dudas en el equipo de liderazgo ejecutivo, lo que ralentiza la ejecución. Los líderes pueden sentirse desautorizados, lo que diluye la rendición de cuentas. Por ello, la solución debe comenzar desde el interior del equipo ejecutivo antes de escalar a la junta.
Para reconstruir esta estructura, se recomienda seguir estos pasos:
- Reconocimiento de la situación: El líder debe ser honesto sobre la ineficiencia del modelo actual. Es vital invitar al equipo a redefinir el camino con transparencia. Una forma de abordarlo es mediante la siguiente declaración:
«Nuestro enfoque anterior no tuvo el resultado que esperaba. Revisemos cómo estamos tomando decisiones para que esto no vuelva a suceder.»
- Delimitación de fronteras: Es fundamental establecer qué decisiones pertenecen exclusivamente al ELT y cuáles requieren la intervención de la junta. Crear una matriz de competencias ayuda a visibilizar los puntos donde existe ambigüedad.
- Validación de compromisos: La claridad es la base de la confianza. Al escuchar y repetir los acuerdos alcanzados, el equipo se siente más comprometido, incluso si existen discrepancias de opinión.
3. Implementación de una estructura de comunicación estratégica
Incluso con límites definidos, la junta podría descender a lo operativo si no percibe una gestión de riesgos sólida. La Corporate Directors Survey de PwC 2024 revela que el 74% de los directores desea dedicar más tiempo a la estrategia. Sin embargo, ante la falta de visibilidad, recurren al detalle técnico para compensar su inseguridad.
Para evitar esto, se requiere una arquitectura de comunicación que cumpla con los siguientes objetivos:
- Filtrar la información: Es necesario distinguir entre la gobernanza y el ruido operativo. Solo los temas con impacto material para la reputación o las finanzas deben llegar a la junta.
- Canalización eficiente: Se debe evitar la comunicación desordenada. Un grupo selecto de ejecutivos debe centralizar y coordinar la información hacia la junta para evitar que las decisiones se reabran innecesariamente.
- Ritmo de gobernanza: Establecer una cadencia predecible de reportes que se enfoquen en implicaciones estratégicas y concesiones (trade-offs), en lugar de descripciones paso a paso de las tareas diarias.
Finalmente, es crucial que los integrantes del equipo de liderazgo ejecutivo tengan la facultad de señalar cuando se cruzan los límites establecidos. La intervención excesiva de una junta suele ser una reacción a la presión; si los líderes reconstruyen la claridad y establecen sistemas robustos de información, la junta podrá retomar su papel como socio estratégico, permitiendo que la organización avance con mayor velocidad y enfoque.
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