La disposición de los componentes en nuestro plato es mucho más trascendental de lo que solemos imaginar. De acuerdo con los planteamientos de la destacada bioquímica francesa Jessie Inchauspé, la secuencia en la que ingerimos los alimentos altera drásticamente la forma en que el organismo procesa la glucosa. Este simple cambio de hábito tiene la capacidad de influir directamente en nuestros niveles de vitalidad, el control del apetito y la estabilidad de la salud metabólica de las personas.
La advertencia de la especialista, a quien se conoce en el ámbito internacional como “la diosa de la glucosa”, se fundamenta en investigaciones científicas contemporáneas que sugieren que no basta con elegir ingredientes saludables; es imperativo prestar atención a cuándo y en qué orden exacto se consume cada bocado durante las comidas diarias.
A través de sus recomendaciones, basadas íntegramente en la recopilación de evidencia y datos biométricos, la experta ha impulsado un nuevo paradigma sobre las costumbres alimenticias en la mesa, enfatizando que pequeños ajustes pueden prevenir complicaciones crónicas a futuro.
La relevancia de la glucosa para el bienestar integral

En un diálogo informativo, Jessie Inchauspé aclaró que la supervisión de los niveles de azúcar en la sangre no es una práctica exclusiva para individuos con una patología diagnosticada. Según sus palabras:
“Antes que nada, si no tienes diabetes, conocer tu glucosa te ayudará a prevenirla. Entonces esa es la primera razón importante para controlarla. Y segundo, porque ahora sabemos científicamente que incluso si no tienes diabetes, en realidad hay muchas cosas que mejoran cuando controlas tus niveles de azúcar, desde la fertilidad hasta los antojos, la piel, la calidad del sueño y la energía”.
Para la científica, la glucosa es fundamentalmente “una sustancia que actúa como fuente de energía esencial para nutrir a nuestro cerebro, el corazón y los músculos”. Esta molécula vital se obtiene directamente de la dieta y es distribuida por el flujo sanguíneo hacia cada célula del cuerpo humano.

Consecuencias fisiológicas de un pico de azúcar
La especialista advierte que sufrir picos de glucosa de forma recurrente detona una serie de reacciones adversas dentro del sistema biológico que no deben ser ignoradas.
Respecto a este proceso, Inchauspé detalla tres impactos críticos: “El primero es la inflamación. El segundo es que nuestras mitocondrias (la fuerza motriz de nuestras células) que son las encargadas de transformar la glucosa en energía para nuestro cuerpo se estresan y se ‘apagan’, por lo que ya no producen energía de manera efectiva, y es por eso que nos cansamos. Y finalmente, ocurre un proceso llamado glicación, que es como el proceso de envejecimiento. Así que tenemos más arrugas en la cara y poco a poco envejecemos más rápido por dentro”.
En el corto plazo, la bioquímica señala que los indicios más claros de un desbalance glucémico son el “hambre, cansancio y antojos”. Sin embargo, dependiendo de la predisposición genética y el historial clínico de cada persona, pueden manifestarse afecciones más severas como acné, psoriasis, eccema, confusión mental y, tras una exposición prolongada, el desarrollo de diabetes tipo 2, considerada la secuela principal de los picos de glucosa constantes.
La estrategia del orden: Vegetales, proteínas y carbohidratos

La metodología de Inchauspé se centra en que la cronología de la ingesta es determinante para la salud.
“El orden de los alimentos realmente marca la diferencia. Solemos pensar que la comida simplemente se mezcla en el estómago y se convierte en una gran sopa, pero en realidad -gracias a la evidencia científica- ahora entendemos que si comenzamos cada comida con una entrada de verduras, la fibra formará una barrera protectora en nuestro estómago lentamente y eso disminuye la absorción de glucosa de la comida en cuestión”
, explicó la experta.
Esta fibra vegetal funciona como un filtro natural que ralentiza la velocidad con la que el azúcar entra en la sangre. “Y si vamos a ingerir carbohidratos -es decir, almidones y azúcares- al final de la comida, irán menos rápido al torrente sanguíneo porque ya hay otros alimentos allí. Entonces, esta idea de poner primero las verduras y luego los carbohidratos es muy poderosa como primer paso hacia niveles estables de glucosa”, puntualizó.
Hábitos para una vida metabólicamente estable

Aunque el objetivo central es la estabilidad orgánica, Inchauspé menciona que la reducción de peso suele ser una consecuencia natural del proceso. Según sus datos, aproximadamente el 40% de sus seguidores adelgazan sin necesidad de restringir grupos de alimentos o contar calorías de forma obsesiva. “Es una consecuencia del método, no el objetivo”, aclara firmemente.
Asimismo, la científica fue tajante respecto a los peligros del azúcar refinada:
“El azúcar de mesa es un veneno. Hace de todo, desde crear diabetes tipo 2 hasta aumentar el riesgo de Alzheimer, enfermedades cardíacas, cáncer, aumentar la inflamación, impulsar el envejecimiento, perjudica nuestra producción de energía, pero tiene rico sabor y nos da placer”.

Para implementar cambios sostenibles, la bioquímica propone un plan de acción basado en pequeños hábitos semanales:
- Semana 1: Transformar el desayuno. Priorizar una opción salada para establecer una base de glucosa constante durante el día. Según la autora, “esto cambia todo en términos de energía”.
- Semana 2: El truco del vinagre. Ingerir una cucharada de vinagre diluida en un vaso grande con agua antes de comer. Inchauspé define esto como un “truco de magia” para reducir el impacto glucémico.
- Semana 3: Entrantes vegetales. Asegurar que cada comida principal inicie con una porción de fibra para crear la barrera protectora mencionada anteriormente.
- Semana 4: Actividad física postprandial. Mover el cuerpo durante al menos 10 minutos después de las comidas.

Esta última recomendación es vital, ya que al contraerse, los músculos demandan glucosa para operar, captando el azúcar de la comida reciente y evitando que esta genere un aumento desmedido en la sangre. Con estas pautas, la bioquímica busca ofrecer herramientas prácticas y científicas para que la población mejore su calidad de vida a través de cambios sencillos en su cotidianidad.
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