Los denominados “químicos eternos” poseen la particularidad de persistir en el entorno natural y en el organismo de los seres humanos de manera casi ilimitada, debido a su nula capacidad de degradación. Técnicamente conocidos como sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), este grupo abarca una extensa familia de más de 10.000 compuestos químicos desarrollados artificialmente.
Su utilización es masiva en una gran variedad de artículos de uso cotidiano. Esto se debe a sus propiedades hidrofóbicas y oleofóbicas, que les permiten repeler eficazmente el agua y las grasas. En la práctica, estas sustancias están presentes en casi todo: desde sartenes con recubrimiento antiadherente y utensilios de cocina, hasta ropa impermeable, plaguicidas agrícolas, productos de aseo, espumas para extinguir incendios, alfombras, cosméticos y recipientes para alimentos procesados. La ubicuidad de su uso ha provocado que ya se encuentren rastros de contaminación en el suelo y en las fuentes de agua potable.
Graves implicaciones para el bienestar humano
La exposición prolongada a estos elementos químicos conlleva riesgos críticos para la salud. Entre las patologías asociadas se encuentran:
- Daño hepático y elevación de los niveles de colesterol.
- Debilitamiento severo del sistema inmunológico.
- Reducción de la efectividad de las vacunas en la población infantil.
- Casos de bajo peso al nacer en neonatos.
- Incremento en el riesgo de padecer cáncer de riñón y testicular, además de problemas de carácter reproductivo.
Un equipo de especialistas de la Unión Europea difundió un informe este jueves donde sentencian que las PFAS constituyen
“un riesgo cada vez mayor para las personas y el medioambiente”
. En consecuencia, abogan por una prohibición extensiva de su uso en el territorio comunitario, contemplando mínimas excepciones. Un integrante del equipo de investigación subrayó en el comunicado adjunto que estas sustancias
“son altamente persistentes, permaneciendo en el medioambiente durante largos periodos, desplazándose largas distancias y contaminando el agua subterránea y la tierra, al tiempo que algunos provocan serios problemas de salud, como cáncer o daño reproductivo”
.

Divergencia entre los comités de evaluación
A raíz de estos hallazgos, se prevé que la Unión Europea formule una propuesta formal para restringir estos químicos en bienes de consumo masivo, excluyendo áreas críticas como la salud. Aunque inicialmente se proyectó una normativa para finales de 2025, Bruselas optó por aguardar los resultados de dos organismos técnicos de la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA).
El primer organismo, el Comité de Evaluación de Riesgos (RAC), ha ratificado que la peligrosidad es creciente y que es imperativo establecer un nuevo marco regulatorio. Por el contrario, el Comité de Análisis Socioeconómico (SEAC) mantiene una postura distinta sobre la profundidad de las restricciones.
Mientras los expertos del RAC defienden que la única solución efectiva es una prohibición absoluta, advirtiendo que cualquier permiso especial derivaría en “emisiones adicionales, generando un riesgo incontrolado”, el SEAC argumenta que una medida de tal magnitud “probablemente no sea proporcionada”. Esta última entidad señala la carencia de alternativas viables en múltiples sectores industriales y sugiere, en lugar de una prohibición total, el uso de etiquetas informativas para que el consumidor decida si asume el riesgo, junto con planes específicos de gestión para las fábricas.

Cronograma legislativo y costos de la inacción
Actualmente, el avance normativo es gradual. Desde el inicio de este año, rige un tope de 0,1 microgramos por litro para el total de 20 tipos de PFAS en el agua de consumo. Asimismo, el Parlamento Europeo ha validado nuevas limitaciones: en agosto entrarán en vigor umbrales máximos para estos componentes en envoltorios de comida y, para el año 2030, se prohibirá totalmente el uso de “químicos eternos” y disruptores endocrinos en la fabricación de juguetes.
Diversas organizaciones ambientales han denunciado la lentitud de estos procesos, atribuyéndola a la presión de los grupos de interés industrial. En este contexto, Jessika Roswall, responsable de Medio Ambiente de la Unión Europea, reafirmó la voluntad de avanzar hacia la supresión de estas sustancias.
“Apoyamos la transición para dejar atrás los ‘químicos eternos’. Como siempre, cualquier nueva normativa debe ser sencilla en su diseño y aportar certeza, claridad y previsibilidad tanto para consumidores como para empresas”
, declaró Roswall a la agencia AFP.
Finalmente, un estudio encargado por la UE a inicios de año recalca el elevado precio de la pasividad. Se estima que, para el año 2050, el impacto acumulado de los PFAS podría generar un gasto de hasta 1,7 billones de euros (aproximadamente 2 billones de dólares) en Europa, derivado exclusivamente de los daños a la salud pública y la degradación ambiental.
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