La mañana del lunes 23 de marzo quedará marcada en la historia de las Fuerzas Militares como el día en que ocurrió el accidente aéreo más devastador del país en Puerto Leguízamo, Putumayo. El siniestro, protagonizado por un avión Hércules C-130, resultó en la trágica cifra de 70 fallecidos y un total de 57 heridos. Según los informes de la alcaldía local, los sobrevivientes fueron trasladados de urgencia a complejos hospitalarios en las ciudades de Bogotá, Neiva y Florencia.
Actualmente, las instituciones correspondientes mantienen diversos procesos de investigación activos para determinar las causas exactas de este hecho que ha generado una profunda conmoción nacional.
Durante las primeras horas del miércoles 25 de marzo de 2026, se confirmó un avance significativo con la localización de la caja negra de la aeronave. El hallazgo fue realizado por peritos especializados en la zona rural del municipio, siendo este dispositivo un elemento vital para reconstruir la secuencia de eventos que llevaron al desplome.
Causas de las heridas de proyectil en las víctimas
Uno de los puntos que más atención ha captado tras la tragedia es el reporte de que varios cuerpos presentaban impactos de bala. No obstante, fuentes médicas y militares aclararon que estas lesiones no son producto de un enfrentamiento bélico o un hostigamiento externo. La explicación técnica radica en la detonación y dispersión accidental de municiones que eran transportadas dentro del Hércules, las cuales sumaban un aproximado de 15.380 libras de carga bélica.
Los análisis preliminares del personal de salud indican que, debido al fuerte impacto, se produjo una explosión secundaria de este armamento, lo que ocasionó que tanto fallecidos como heridos sufrieran daños por proyectiles.
Por esta razón, la fuerza pública mantiene un estricto cerco de seguridad en el área, ya que todavía existe un riesgo latente de estallido de materiales como granadas y otros explosivos que quedaron esparcidos, dificultando las labores de inspección técnica.
Declaraciones del Ejecutivo y actos heroicos
En el marco de un Consejo de Ministros, el presidente Gustavo Petro descartó que el siniestro fuera consecuencia de un ataque armado o deficiencias en la pista de aterrizaje. El mandatario fue enfático al señalar:
“No parece ser ningún ataque”
Asimismo, Petro subrayó que el análisis del sitio no arroja evidencias de sabotaje o explosiones externas previas al choque. En medio del dolor, destacaron las acciones de los pobladores de la zona, quienes utilizaron sus motocicletas para evacuar a los heridos hacia los centros asistenciales. Durante estas maniobras, un rescatista sufrió complicaciones respiratorias por el esfuerzo en la zona de los escombros. También se conoció el caso de un uniformado en estado de shock emocional que se resistía a ser trasladado nuevamente por vía aérea, exclamando:
“No quiero, déjenme aquí”
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Detalles técnicos y controversia sobre la aeronave
El general Carlos Silva, comandante de la Fuerza Aeroespacial, precisó que la misión inició en Bogotá con destino a Puerto Leguízamo. Tras completar una escala y despegar nuevamente con 113 soldados, el avión se precipitó a solo 1,8 kilómetros de la pista tras realizar un viraje descendente que sigue bajo análisis. Se confirmó que el piloto intentó realizar una maniobra de descarga de combustible antes de la colisión para mitigar riesgos, aunque el aparato terminó incinerado por los fluidos internos. 
Finalmente, el accidente abrió un debate sobre la antigüedad del equipo. Mientras el general Silva sostuvo que el avión tenía un mantenimiento mayor de casi tres millones de dólares que le otorgaba 40 años más de vida útil, el presidente Petro cuestionó el uso de tecnología antigua y la dependencia de material militar de segunda mano provisto por otras naciones.
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