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Descubren por qué el equilibrio falla con la edad y el Parkinson

Sostener la postura erguida parece una acción involuntaria y simple, pero en realidad es el resultado de un intrincado engranaje que involucra reflejos automáticos, impulsos cerebrales y reacciones de los músculos en fracciones de segundo. Un estudio reciente revela que cuando este mecanismo pierde su efectividad, el organismo intenta compensarlo con un esfuerzo superior, aunque los resultados son menos precisos.

Este fenómeno es especialmente visible en adultos mayores y pacientes con la enfermedad de Parkinson. Los hallazgos, expuestos ante la Society for Neuroscience y publicados en el medio especializado eNeuro, detallan cómo el deterioro físico permite identificar transformaciones que también ocurren de manera paulatina durante el proceso natural de envejecimiento.

La investigación fue encabezada por el equipo de la científica Lena Ting en la Emory University. Los expertos demostraron que, para recobrar la estabilidad, estos grupos poblacionales requieren una activación muscular y cerebral significativamente más alta, incluso ante desequilibrios mínimos. No obstante, este despliegue de energía no se traduce en una mejora; por el contrario, el sistema se torna más inestable y deficiente.

Este descubrimiento es fundamental para comprender el incremento en el riesgo de caídas al envejecer. Básicamente, el cuerpo humano se ve obligado a “trabajar más” para cumplir la misma función, obteniendo resultados de menor calidad.

Mecanismos de reacción ante la pérdida de estabilidad

Un nuevo método basado en señales musculares permite evaluar vulnerabilidades posturales sin necesidad de medir la actividad cerebral directamente (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para profundizar en este comportamiento, los especialistas analizaron la respuesta corporal frente a movimientos bruscos e inesperados en la base de apoyo.

En el caso de los individuos jóvenes, la reacción ocurre en un proceso de dos fases temporales:

  • Fase inicial (120 milisegundos): Se activa mediante reflejos automáticos originados en el tronco cerebral, permitiendo una respuesta inmediata sin procesamiento consciente.
  • Fase secundaria (200 milisegundos): Intervienen zonas superiores del cerebro para realizar ajustes finos según la gravedad del movimiento.

La diferencia radica en que la primera etapa es veloz y óptima, mientras que la segunda es más lenta y requiere mayor procesamiento de información. En los adultos mayores, se observó que esta segunda etapa se dispara de forma prematura y con mayor fuerza, sugiriendo que el cerebro debe tomar el mando en acciones que antes eran automáticas. Este patrón se vuelve crítico en quienes padecen Parkinson.

Innovación para medir la actividad neurológica a través del músculo

El envejecimiento incrementa la activación del cerebro en tareas posturales que antes se resolvían con reflejos automáticos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo utilizó sensores sobre la piel para captar las señales eléctricas musculares durante los intentos de recuperación del equilibrio. Mediante estos registros, crearon un modelo capaz de inferir el funcionamiento del sistema nervioso. Básicamente, logran mapear la actividad cerebral observando únicamente el comportamiento de los músculos.

En lugar de depender de mediciones directas del cerebro, que suelen ser procesos más invasivos o complejos, este método permite obtener datos valiosos de forma indirecta a través de la respuesta física.

Deterioro de la eficiencia y sobreesfuerzo cerebral

Los datos indican que ante desafíos físicos leves, las personas de edad avanzada muestran reacciones mucho más potentes que los jóvenes.

La rigidez muscular detectada durante la recuperación postural está vinculada a un mayor riesgo de caídas en adultos mayores (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Recuperar el equilibrio demanda más energía y compromiso del cerebro. Cuando se necesita más actividad cerebral para sostener la postura, la recuperación es peor”

manifestó la investigadora Lena Ting. Adicionalmente, se identificó la presencia de rigidez muscular. Al intentar corregir una postura, el músculo opuesto también se contrae simultáneamente, lo que resta flexibilidad y bloquea los ajustes precisos del movimiento.

Este estado es comparable a intentar no caerse manteniendo el cuerpo totalmente rígido, lo que anula la capacidad de reacción. Esta rigidez se manifiesta en milisegundos y está directamente vinculada con un desempeño clínico deficiente y un peligro inminente de sufrir accidentes. Dado que las caídas representan una de las mayores causas de lesiones en la tercera edad, estos hallazgos son vitales para la prevención y detección temprana de fallos en la coordinación entre el cerebro y los músculos.

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