¿Existirán las casualidades o se trata de una planificación del destino? El reencuentro de Pablo Echarri con la prensa coincide con un hito particular: el estreno de su nueva obra en el teatro Metropolitan este viernes 20 de marzo, justamente en el Día Mundial de la Felicidad. En esta nueva etapa sobre las tablas, el actor vuelve a compartir el escenario con Paola Krum en la pieza titulada Maldita Felicidad.
A sus 56 años, Echarri admite que cada debut trae consigo una mezcla de entusiasmo y nerviosismo que los años de carrera no han logrado borrar. Para él, la actuación sigue siendo un refugio creativo que le permite distanciarse de la realidad externa.
“Es un juego parecido a lo que hacía de chico y para mí es un privilegio tener 56 años y seguir en ese plan”
comenta el intérprete, quien valora el proceso evolutivo que vive cada obra una vez que entra en contacto con los espectadores.

El actor llega a este proyecto tras participar en temporadas de ART y Druk. En esta ocasión, se pone bajo las órdenes del director Daniel Veronese en un texto de Agustina Gatto, integrando un elenco que incluye a Carlos Portaluppi e Inés Palombo. Para Echarri, la elección de un papel depende fundamentalmente de cuánto lo atraviese el guion y de la calidad del equipo de trabajo que lo rodea.
Respecto a su vínculo profesional con Paola Krum, el actor destaca la profunda complicidad que los une.
“Paola es la actriz con la que más trabajé y pocas cosas cambiaron desde aquella primera vez. Tenemos un código común, tanto en lo actoral como fuera del escenario”
asegura, elogiando además la capacidad de su compañera para la comedia.

La búsqueda de la plenitud y el peso del éxito
En la ficción, Echarri encarna a un escritor egocéntrico y temeroso ante la posibilidad de ser feliz, un personaje que le plantea un reto actoral por sus diferencias con su propia personalidad. El actor reflexiona sobre el significado de este sentimiento en su vida cotidiana, lejos de los grandes logros comerciales.
“Creo que la felicidad es una sucesión de momentos, y lo duradero radica en la capacidad de enfocarse en el presente, porque está más hecha de pequeños momentos que de grandes éxitos.”

A lo largo de la charla, el protagonista de grandes hitos televisivos reflexiona sobre la naturaleza efímera del triunfo masivo. Recuerda que, durante sus años de mayor fama, mantenía una actitud de cautela para no perder el eje.
“Yo me enfocaba en no creérmela y en desconfiar de esos logros tan grandes, porque sabía que, como contrapartida, venía una caída inevitable”
puntualiza, señalando que ahora busca una plenitud basada en la salud mental y emocional.
Echarri también analiza su evolución personal y cómo ha aprendido a moderar sus impulsos comunicativos. Reconoce que anteriormente abusaba de la ironía, lo que generaba confrontaciones innecesarias.
“Me trajo felicidad saber expresarme mejor y entender que el que tengo enfrente es un ser humano y que si quiero ganar una discusión, tengo que intentar hacerlo a través de los argumentos y no lastimarlo burdamente”
confiesa el actor.

Militancia, familia y el vínculo con sus colegas
Sobre las críticas por sus posturas ideológicas, el actor asegura que prefiere la profundidad del afecto de quienes comparten su visión antes que una popularidad vacía.
“Son momentos de amargura, pero con el tiempo uno acepta quién es y esas amarguras se reemplazan por el amor de quienes piensan igual.”
Su compromiso social se intensificó tras el secuestro de su padre, Antonio, el 24 de octubre de 2002, evento que lo impulsó a utilizar su reconocimiento para devolver algo a la sociedad a través de la gestión en SAGAI.

En relación con la actualidad del sector cultural, Echarri se refirió a las recientes declaraciones de Guillermo Francella sobre el INCAA. Aunque han tenido diferencias, calificó la intervención de su colega como oportuna.
“Nunca tuve un enfrentamiento personal con él… le voy a poder expresar mi cariño como se lo he expresado siempre. Y también voy a poder agradecerle esa última participación que tuvo de decir simplemente lo que sentía”
explicó, subrayando que la realidad actual está unificando criterios en defensa de la producción nacional.

En el ámbito familiar, Pablo Echarri y Nancy Dupláa observan con orgullo cómo sus hijos, Morena y Luca (hijo de Nancy y Matías Martin), gestionan la exposición pública. Morena estudia diseño en la FUC y realiza trabajos como modelo, mientras que Luca se desempeña como comunicador.
“Si te dedicas a esto, lo primero que tenés que hacer es un máster en cómo vas a soportar la opinión de los demás”
sentencia el actor sobre el manejo de las redes sociales.


Finalmente, Echarri reveló que ha decidido abrir su propia cuenta de Instagram, tras años de resistencia. Aclara que no tenía relación con el perfil falso que circulaba anteriormente y agradece, con humor, que quien lo manejaba fuera respetuoso con su imagen. Con la mirada puesta en el estreno, el actor concluye reafirmando su fe en los proyectos que construye con convicción.
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