Dentro de la pluralidad del movimiento de mujeres, ha surgido un concepto que genera profundos desacuerdos y debates internos. El término “borrado de mujeres” ha ganado relevancia mediática recientemente para describir lo que diversas corrientes consideran una desaparición u omisión sistemática de las mujeres dentro de los marcos políticos y jurídicos actuales.
Diferentes organizaciones, colectivos y activistas han expresado su preocupación debido a que la sustitución del “sexo” como categoría legal por otras terminologías podría, según su perspectiva, invisibilizar la existencia de las mujeres al dejar de nombrarlas específicamente, priorizando en su lugar la categoría de género.
Esta discusión se ha intensificado ante el reconocimiento progresivo de las identidades de género por encima de los sexos biológicos. Un punto central es la inclusión de personas transgénero —cuya identidad difiere del sexo asignado al nacer—, lo que ha impulsado la noción de este borrado. No obstante, es importante diferenciar que el concepto histórico de esta expresión en el activismo feminista posee un trasfondo distinto.
La trayectoria histórica de la invisibilidad femenina
Para nadie es un secreto que las mujeres han sido borradas de la historia universal de forma recurrente. Durante siglos, los puestos de liderazgo, la dirección política, los inventos científicos, los descubrimientos y la medicina fueron atribuidos casi exclusivamente a los hombres.
En este contexto, el rol femenino fue históricamente relegado a funciones de cuidado, maternidad o como figuras secundarias (musas), sin ser plenamente reconocidas como sujetos de derecho con capacidad de participación política propia.
Dentro de la cronología feminista, el borrado de mujeres se refería específicamente a situaciones donde sus aportes intelectuales, sociales o científicos eran adjudicados a varones o firmados bajo seudónimos masculinos para poder obtener validación pública.
Sin embargo, la discusión contemporánea ha tomado un giro hacia la identidad. Al surgir expresiones que desafían el binarismo tradicional, como es el caso de la población transgénero, se ha planteado que el dejar de utilizar la palabra “mujeres” para emplear términos más amplios de “género” constituye una nueva forma de borrado.

El concepto de identidad cisgénero
Un elemento clave en esta controversia es la definición de cisgénero. Este término se utiliza para describir a los individuos cuya identidad de género concuerda con el sexo que les fue asignado en el momento de su nacimiento.
En términos sencillos, una mujer que nace con vulva y cuya identidad personal se desarrolla en concordancia con la definición social y biológica de “mujer”, se define como cisgénero. Por el contrario, si una persona no se siente identificada con dichas expectativas y busca otras formas de expresión, puede identificarse como hombre transgénero o persona no binaria.
Este marco conceptual surge para reconocer que no todas las personas se ajustan a los dos géneros convencionales, permitiendo la construcción de diversas expresiones de identidad. Es una perspectiva que asume que cada individuo posee una forma única de vivirse a sí mismo.
Visiones actuales sobre el “borrado” y sus implicaciones
A medida que la sociedad busca integrar nuevas expresiones de identidad en la legislación y la política, han surgido propuestas para modificar categorías tradicionalmente “femeninas”. Uno de los ámbitos donde este debate ha tenido mayor eco es el deporte.
Existen corrientes que proponen que las categorías deportivas dejen de ser exclusivas para mujeres cisgénero y permitan la inclusión de otras identidades, como las mujeres trans. Esta postura ha generado una fuerte reacción de activistas que ven en estas medidas una vulneración a los derechos conquistados por las mujeres.
“Mujeres y hombres tienen diferencias anatómicas que producen una ventaja para los varones (entendido el término en sentido estrictamente biológico). La mayor densidad ósea, mayor capacidad pulmonar, mayor masa muscular, el mayor tamaño y altura promedio no desaparecen tras años de hormonación”
El fragmento anterior, extraído del portal de la organización Contra el borrado de las mujeres, resume la postura de quienes consideran que estas acciones eliminan a la mujer biológica del espacio público y atentan contra sus derechos específicos.

Movilizaciones y activismo reciente
Este conflicto ideológico ha traspasado la teoría para convertirse en movilización social. En este contexto, el sábado 21 de marzo de 2026, se llevó a cabo la IV Marcha contra el Borrado de las Mujeres en la Ciudad de México a las 11:00 horas.
La manifestación partió desde el Monumento a la Revolución con destino a la Antimonumenta contra el feminicidio. La convocatoria, centrada en mujeres y niñas, buscó visibilizar y combatir diversas problemáticas, tales como:
- Violencia diaria contra las mujeres.
- Prostitución y explotación.
- Vientres de alquiler (subrogación).
- Violencia vicaria.
- El debate sobre las infancias trans.
Esta movilización refleja que el movimiento contra el “borrado de mujeres” mantiene una presencia activa y organizada, profundizando el debate sobre la protección de los derechos basados en el sexo frente a las nuevas normativas de identidad de género.
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