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¿Por qué es más fácil flotar en el mar que en una piscina? Ciencia

La distinción entre flotar en el mar y hacerlo en una piscina no es solo una percepción, sino un fenómeno físico condicionado por la composición del agua y la anatomía de cada individuo. De acuerdo con el principio de flotabilidad, el agua salada genera un empuje ascendente superior en comparación con el agua dulce de las piletas, lo cual simplifica la permanencia en la superficie y puede ser determinante para la supervivencia en situaciones de riesgo, según detallan publicaciones especializadas como Scientific American y ABC.

La facilidad para mantenerse a flote en el océano se debe a que la mayor densidad del agua salada potencia la fuerza de empuje que sostiene la masa corporal. Bajo estas condiciones, el cuerpo requiere de un menor gasto energético y esfuerzo para no hundirse. Por el contrario, en entornos de agua dulce, como lagos o piscinas, el margen de maniobra es más estrecho, exigiendo una respiración controlada y un manejo muscular más riguroso para evitar el hundimiento prematuro.

La ley de Arquímedes y la función de los pulmones

La base científica de este fenómeno se halla en el postulado de Arquímedes. Este principio dicta que cualquier objeto sumergido en un fluido experimenta una fuerza vertical hacia arriba equivalente al peso del líquido que desplaza. En este proceso, el acto de inhalar profundamente cumple un rol vital: los pulmones funcionan como compartimentos de aire que incrementan significativamente la capacidad de flotación del tronco superior.

La mayor densidad del agua en el mar proporciona un empuje ascendente clave para la supervivencia en situaciones de emergencia acuática

No obstante, la técnica no lo es todo. El fisioterapeuta Antonio Pérez destacó en una entrevista para ABC que, si bien el conocimiento técnico es una herramienta poderosa para no hundirse, el agotamiento físico progresivo termina por afectar incluso a los nadadores con mayor experiencia.

Expertos consultados por Scientific American señalan que un individuo en estado de relajación y con los pulmones expandidos puede sostenerse en agua dulce durante algunos minutos. Sin embargo, factores como la fatiga de los músculos y la exhalación de aire reducen este tiempo drásticamente, subrayando la relevancia de gestionar la energía y el aire en contextos de emergencia o recreación.

Diferencias de densidad y margen de supervivencia

La variable crucial es la densidad. Según reporta Live Science, los niveles de salinidad en el océano elevan la densidad del fluido, otorgando un empuje hacia arriba que termina

“facilitando que las personas floten con menos esfuerzo que en agua dulce”

. Por este motivo, el mar ofrece una flotabilidad natural que puede brindar segundos de oro durante un rescate, mientras que en agua dulce la técnica debe ser casi perfecta para ganar tiempo.

Datos de la Royal Life Saving Society del Reino Unido indican que, bajo condiciones óptimas, una persona con entrenamiento puede flotar hasta 10 minutos. Sin embargo, para la mayoría de la población, el tiempo real de flotación efectiva en agua dulce difícilmente supera los tres minutos.

El impacto de la composición corporal y el entorno

Más allá del tipo de agua, la composición corporal es determinante. La masa muscular y la densidad ósea juegan en contra de la flotabilidad, mientras que un mayor porcentaje de grasa corporal (que es menos densa que el agua) ayuda a permanecer en la superficie. Así, una constitución física atlética puede enfrentar mayores retos para flotar de forma pasiva que una persona con más tejido adiposo.

La capacidad de flotar depende también de la composición corporal: un mayor porcentaje de grasa facilita permanecer en la superficie, según Live Science

La coordinación y el control del estrés son pilares para maximizar el tiempo en el agua. El especialista Antonio Pérez reitera que la serenidad permite optimizar la flotación, aunque los límites biológicos impuestos por el cansancio son inevitables.

Estrategias de supervivencia en aguas abiertas

Las condiciones ambientales también dictan el éxito. La Royal Life Saving Society advierte que la temperatura del agua es un factor crítico: el agua fría acelera la fatiga y merma la coordinación motriz, reduciendo las posibilidades de supervivencia incluso para expertos.

Para enfrentar una caída accidental, los protocolos internacionales recomiendan la “flotación pasiva”. Esta maniobra consiste en:

  • Inclinar la cabeza hacia atrás.
  • Mantener el cuerpo relajado.
  • Extender las extremidades para ampliar el contacto con el agua.

Desde la Royal Life Saving Society se enfatiza que

“la calma y el control de la respiración resultan determinantes, porque la fatiga y la pérdida de aire limitan severamente la capacidad de mantenerse en la superficie”

. Adoptar una postura que minimice el movimiento permite ahorrar energía y extiende el tiempo disponible para que los equipos de rescate intervengan antes de que aparezca el agotamiento total.

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