Las autoridades del ejército de los Estados Unidos han confirmado una disminución en la capacidad del régimen de Irán para desestabilizar el estrecho de Ormuz. Esta situación se produce luego de una operación militar que tuvo como objetivo una infraestructura subterránea utilizada para el resguardo de misiles de crucero.
El almirante Brad Cooper, quien lidera el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), detalló las repercusiones de la maniobra a través de la red social X. Según el alto mando, el operativo no se limitó al desmantelamiento de la base:
“No solo destruimos la instalación, sino que también acabamos con sitios de apoyo de inteligencia y repetidores de radar de misiles que se utilizaban para monitorear los movimientos de los barcos”
, enfatizó Cooper.
El jefe militar sostuvo que el riesgo para la libre navegación en esta zona estratégica y sus cercanías ha decaído tras la intervención. Asimismo, fue tajante al señalar que la administración estadounidense mantendrá su postura activa: “no dejaremos de perseguir estos objetivos”, aseguró.
Respecto a los detalles tácticos de la incursión, Cooper informó que se utilizaron diversas bombas de 5.000 libras, lo que equivale a más de 2 toneladas de explosivos. Estas municiones fueron dirigidas contra un complejo subterráneo “fortificado” ubicado en el litoral iraní.
Aunque el CENTCOM ya había adelantado el pasado martes sobre el empleo de tecnología antibúnker, el reporte brindado este sábado por el almirante profundiza en las consecuencias del ataque. Todo esto ocurre bajo una intensa presión sobre Washington para mitigar el impacto de las hostilidades con Teherán en los mercados energéticos y el comercio internacional.

La inestabilidad en el área ha provocado una escalada en los precios del crudo. Se reportó que el barril de Brent del mar del Norte registró un incremento superior al 50% en apenas un mes, alcanzando una cotización que sobrepasa los 105 dólares.
En el plano político, el presidente Donald Trump dirigió duras críticas hacia los miembros de la OTAN, calificándolos de “cobardes” y exigiéndoles una mayor responsabilidad en el resguardo de la seguridad del estrecho.
De igual manera, el mandatario Trump sugirió que Estados Unidos se encuentra cerca de cumplir sus metas en el ámbito militar, planteando la posibilidad de llevar a cabo una reducción del despliegue de tropas en la región de Oriente Medio.
El balance de las últimas tres semanas, según datos de Brad Cooper, indica que las fuerzas de Estados Unidos han golpeado más de 8.000 objetivos militares, cifra que incluye el ataque a 130 embarcaciones iraníes.
Sobre el armamento utilizado, se destaca que las bombas de 5.000 libras (2.268 kg) —con un costo por unidad de 288.000 dólares según estimaciones de 2022— son menos potentes que las de 30.000 libras (13.600 kg) empleadas anteriormente por el gobierno estadounidense contra centros nucleares en territorio iraní.

Ataque fallido contra la base de Diego García
Por otro lado, funcionarios de Estados Unidos y reportes de agencias como EFE y el diario The Wall Street Journal informaron que el régimen iraní ejecutó un ataque sin éxito contra la base militar de Diego García. Esta instalación, situada en el océano Índico, es operada de forma conjunta por Estados Unidos y el Reino Unido.
Para esta agresión se utilizaron dos misiles balísticos de alcance intermedio, marcando el primer uso operativo documentado de este armamento por parte de Teherán en un intento de proyectar su fuerza fuera del entorno inmediato de Medio Oriente.
Fuentes citadas por la prensa estadounidense indicaron que uno de los proyectiles presentó fallas durante su trayectoria, mientras que el segundo fue enfrentado por un interceptor SM-3 lanzado desde un navío de guerra de Estados Unidos, aunque no se ha ratificado su destrucción total.
Este evento ha generado debate sobre el verdadero alcance del arsenal de Irán. La base de Diego García se encuentra a una distancia superior a los 4.000 kilómetros de territorio iraní, lo que contradice las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, quien afirmaba que sus proyectiles tenían un límite de 2.000 kilómetros.
Sin embargo, entidades como Iran Watch han registrado la existencia de misiles capaces de alcanzar los 4.000 kilómetros, mientras que el Centro Alma de Israel estima que el rango máximo actual es de 3.000 kilómetros, advirtiendo sobre el avance iraní en el desarrollo de armas con coberturas aún más extensas.
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