Experimentar una estación primaveral con estética japonesa a corta distancia de la capital francesa es una realidad en dos parajes donde el arte y la naturaleza se fusionan. El Parque de los Impresionistas, ubicado en Rueil-Malmaison, y los emblemáticos jardines de Claude Monet en Giverny representan los puntos más destacados para admirar la floración, bajo la clara influencia del país nipón y el movimiento impresionista.
A tan solo 10 minutos en tren desde el centro de París se localiza el Parque de los Impresionistas, situado frente a la Île des Impressionnistes. Este entorno natural alcanza su punto máximo de belleza durante la primavera, exhibiendo unas 250 variedades de plantas vivaces y flores. Los visitantes pueden encontrar un puente japonés adornado con glicinas, además de arreglos florales que siguen las pautas de color utilizadas por los pintores de la época.
Con una superficie total de 1,2 hectáreas en la Allée Jacques Prévert, este jardín destaca por su serenidad y su diseño con tintes asiáticos. El recorrido permite disfrutar de elementos románticos como la rosaleda, el denominado «jardin blanc» y los tradicionales estanques con nenúfares y quioscos. Durante los meses cálidos, los árboles frutales enriquecen el paisaje. El recinto recibe al público diariamente desde las 9:30, extendiendo su cierre hasta las 20:00 horas en el periodo comprendido entre el 1 de mayo y el 30 de septiembre.
Para complementar el trayecto, en las cercanías del parque se encuentra la Guinguette Maison Fournaise. Este sitio es reconocido por ser uno de los museos y restaurantes con mayor historia de la zona, estrechamente vinculado al artista Renoir y su famosa obra Déjeuner des canotiers.

Giverny: el santuario natural de Claude Monet
Aproximadamente a una hora de trayecto desde la urbe parisina, se sitúan los jardines de la casa de Claude Monet en Giverny. Este espacio, cuidadosamente preservado por la Fundación Monet, se divide en dos secciones principales: Le Clos Normand, caracterizado por sus parterres cromáticos, y el Jardín de Agua, cuya arquitectura está inspirada en los paisajes de Japón que tanto admiraba el pintor.
El Jardín de Agua es mundialmente famoso por su puente japonés cubierto de glicinas, así como por la presencia de sauces llorones, bambúes y nenúfares. Se sabe que Monet llegó a retratar este puente en 45 ocasiones distintas tras solicitar su fabricación a un artesano de la localidad. Sobre la esencia de este lugar, el artista redactó en una misiva dirigida a la prefectura del Eure lo siguiente:
“Se trata únicamente de algo para el recreo y el placer de los ojos, y también para tener modelos para pintar; no cultivo más que plantas como nenúfares, juncos, lirios de diferentes variedades que crecen espontáneamente a lo largo de nuestros ríos, y nunca podrán envenenar las aguas”.
Este destino turístico atrae anualmente a cerca de 700.000 personas. Para acceder al Jardín de Agua, se utiliza un paso bajo tierra que conecta con el puente y los senderos. Se sugiere planificar la llegada a las 9:00 o asistir a partir de las 16:00 para evitar las concentraciones masivas de gente durante la temporada alta.
La temporada de visitas recomendada se extiende desde el 1 de abril hasta el 1 de noviembre. La vegetación varía según el mes, con narcisos y pensamientos visibles en abril, y flores de gran tamaño hacia septiembre y octubre. La Fundación Monet es la entidad encargada de asegurar que la disposición y el espíritu original de los jardines se mantengan intactos tal como el pintor los diseñó.
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