El Grupo INECO, una entidad especializada en la salud mental y la investigación del cerebro humano mediante su Fundación INECO, advierte sobre los peligros de la siniestralidad vial. Los accidentes de tránsito se han consolidado como una de las causas principales de traumatismo de cráneo a nivel mundial, afectando profundamente a la población en el rango de edad de 18 a 60 años.
Según las estadísticas globales, aproximadamente 1,19 millones de individuos fallecen cada año por incidentes en las vías. Además, se estima que entre 20 y 50 millones de personas sufren heridas no letales, pero muchas de ellas desarrollan secuelas neurológicas de larga duración.
La situación en Argentina no es menos preocupante: anualmente se registran más de 100.000 ciudadanos heridos por siniestros viales. De acuerdo con datos oficiales, el año 2023 cerró con una cifra de 4.369 muertes por esta misma causa.
A nivel biológico, un accidente puede provocar daños en el cerebro debido al choque directo contra el cráneo o por los movimientos bruscos de aceleración y desaceleración, los cuales causan un daño neuronal significativo. La gravedad de estas lesiones es variable, pudiendo ir desde conmociones leves hasta compromisos funcionales y estructurales severos.

Al respecto, el doctor Julián Fernández Boccazzi, integrante del Departamento de Neurología de INECO, recalca que un peligro latente es la subestimación de los golpes que parecen ser leves.
“El traumatismo de cráneo no se limita al momento del impacto. Puede generar alteraciones en redes neuronales que afectan funciones como la memoria, la atención y el control conductual, incluso cuando los síntomas iniciales son mínimos o transitorios”, explica el experto.
Desde la neurobiología, este tipo de lesiones pueden afectar directamente las funciones ejecutivas, el procesamiento cognitivo y la regulación emocional. Esto repercute de forma negativa en la calidad de vida, el entorno laboral y las actividades cotidianas. El riesgo aumenta debido a que los síntomas pueden manifestarse de manera diferida en el tiempo.
Riesgos en el entorno cotidiano

Aunque los siniestros viales son la fuente más frecuente de urgencias, los traumatismos de cráneo también pueden originarse en situaciones domésticas. Las caídas, los accidentes en el hogar o las actividades deportivas pueden derivar en lesiones crónicas.
Actualmente, se presta especial atención a los traumatismos repetitivos en deportes de contacto como el rugby, el boxeo o el fútbol. Los impactos constantes, aunque sean de poca intensidad, pueden producir daños acumulativos en la estructura cerebral.
La evidencia médica indica que la exposición reiterada a estos golpes eleva el riesgo de deterioro cognitivo futuro y el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas, tales como la demencia. Este proceso silencioso obliga a no minimizar ningún golpe en la cabeza, aun si no hay síntomas inmediatos.
¿Cómo actuar ante un golpe tras un accidente?

En caso de un traumatismo craneal por accidente vial, la respuesta inmediata es fundamental para minimizar riesgos:
- Monitorear la conciencia: Revisar la capacidad de respuesta, orientación y nivel de alerta del afectado.
- No mover al paciente sin necesidad: Si existe sospecha de lesión cervical, un movimiento brusco podría empeorar el cuadro.
- Búsqueda de atención médica temprana: Esencial para identificar lesiones que no se perciben de inmediato.
- Vigilancia por 48 horas: Es crucial observar la evolución del paciente durante las primeras 24 a 48 horas, ya que los síntomas pueden tardar en aparecer.
Señales de alerta de urgencia médica

- Pérdida de conciencia (aunque sea por pocos segundos).
- Alteración del estado mental o desorientación.
- Vómitos de forma constante.
- Cefalea intensa o que empeora con el tiempo.
- Déficits neurológicos (problemas en la visión, el habla o la movilidad).
- Somnolencia profunda o problemas para despertar.
- Convulsiones.
Ante la aparición de cualquiera de estos indicadores, se debe acudir a evaluación urgente.
Recomendaciones para prevenir daños cerebrales

Es vital no solo usar los elementos de protección, sino garantizar que el casco y el cinturón de seguridad estén correctamente ajustados para no reducir su eficacia.

Practicar la conducción preventiva permite anticiparse a las acciones de otros conductores o peatones, bajando la intensidad de posibles choques.

En recorridos conocidos, no se debe bajar la guardia; la confianza excesiva puede provocar distracciones peligrosas.

Mantener una distancia prudencial entre vehículos es clave, ya que su reducción aumenta exponencialmente el riesgo de impacto.

La fatiga es un factor de riesgo comparable al consumo de alcohol, ya que deteriora el tiempo de reacción y la atención.

El control de los estados emocionales es necesario para evitar conductas impulsivas y decisiones riesgosas al volante.

Se debe prestar especial atención a niños y adultos mayores, adaptando los entornos y sistemas de seguridad por su mayor vulnerabilidad ante lesiones graves.
Consecuencias persistentes en el cerebro
Un traumatismo craneal no es solo un suceso agudo; sus secuelas pueden manifestarse a mediano y largo plazo. Pueden surgir fallas en la memoria, trastornos emocionales, cambios de conducta y dificultades en la atención incluso tras golpes leves.
Este peligro es mayor ante impactos reiterados en el deporte, donde el daño sumado favorece procesos de neurodegeneración y aumenta las probabilidades de padecer demencia con los años.
Para concluir, el doctor Fernández Boccazzi enfatiza la necesidad de la detección temprana:
“No existen golpes ‘menores’ cuando está en juego la integridad del cerebro. La clave está en prevenir, reconocer los síntomas y consultar a tiempo”, finaliza el especialista.
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