A causa de la intensa reacción pública que provocaron sus recientes comentarios vinculando las figuras de Jesucristo y Genghis Khan, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, difundió un comunicado oficial para aclarar que su intención nunca fue agraviar a ningún grupo religioso o personas con creencias específicas. Esta aclaratoria surge tras una ola masiva de críticas, particularmente en redes sociales, que se desencadenó luego de una rueda de prensa donde el mandatario abordó temas de seguridad nacional y la cooperación militar entre Israel y Estados Unidos frente a las amenazas de Irán.
La controversia tuvo su origen el pasado jueves, cuando Netanyahu, en medio de una comparecencia ante los medios, decidió citar el pensamiento del historiador estadounidense Will Durant. Durante dicha intervención, el jefe del gobierno israelí manifestó:
“La historia demuestra que, desafortunada y tristemente, Jesucristo no tiene ventaja sobre Genghis Khan”.
En ese mismo espacio, el líder político reflexionó sobre la dinámica entre la fuerza y el poder en el desarrollo de las civilizaciones, señalando que:
“Si eres suficientemente fuerte, suficientemente implacable y suficientemente poderoso, el mal vencerá al bien. La agresión vencerá a la moderación”.
Justificación del poder militar
De acuerdo con los reportes sobre su intervención, la finalidad del primer ministro era argumentar a favor de que las naciones mantengan una capacidad de defensa robusta y una hegemonía militar para enfrentar peligros externos. En este marco argumentativo, utilizó la comparación entre Jesucristo, quien representa un símbolo de moralidad y paz, y Genghis Khan, figura históricamente asociada con la conquista implacable y el uso de la fuerza bélica.
La difusión de este discurso generó un rechazo inmediato. Diversos líderes de opinión y usuarios en plataformas digitales calificaron las palabras de Netanyahu como despectivas hacia la comunidad cristiana, criticando el uso de símbolos religiosos para justificar la violencia o el poder político. Esta situación se vio agravada por cuestionamientos previos que ha recibido su administración sobre el respeto a los derechos y la situación de la población cristiana residente en Israel.
La respuesta oficial de la oficina del Primer Ministro
Frente al crecimiento de la polémica, el equipo de Netanyahu emitió una declaración a través de canales digitales para precisar el sentido de sus palabras. El primer ministro fue enfático al declarar:
“Permitan que sea claro: no denigré a Jesucristo en mi rueda de prensa. Al contrario, cité al gran historiador estadounidense Will Durant. Ferviente admirador de Jesucristo, Durant afirmó que la moralidad en sí misma no es suficiente para garantizar la supervivencia”.
Netanyahu subrayó que su única intención era hacer eco del análisis histórico de Durant sobre los factores que permiten a una sociedad prevalecer. Asimismo, insistió en que sus declaraciones buscaban enfatizar que la superioridad moral debe ir acompañada de poder real para proteger a una sociedad. El mandatario sostuvo que “una civilización moralmente superior puede aún caer frente a un enemigo implacable si no tiene el poder necesario para defenderse”, tildando además de “noticias falsas” las interpretaciones que lo acusaban de menospreciar al cristianismo.
Para concluir su mensaje, el líder israelí aseguró que las comunidades cristianas “están protegidos y florecen en Israel”, intentando mitigar las críticas sobre su política interna hacia las minorías religiosas. Su mensaje final fue contundente:
“No pretendía ofender a nadie”.
A pesar de estas puntualizaciones, el debate no ha cesado del todo en el ámbito internacional. Diversos analistas señalan que la utilización de figuras religiosas en discursos políticos sigue siendo un tema de alta sensibilidad en la región, especialmente en un contexto de escalada bélica y tensiones diplomáticas con Irán. La discusión sobre si la moralidad es suficiente o no para asegurar la supervivencia de un Estado permanece en el centro del discurso público tras esta intervención del primer ministro.
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