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Riesgos de los químicos eternos en su cocina: retos para la salud

Durante décadas, los hogares han utilizado sartenes de teflón y diversos artículos de cocina con acabados antiadherentes. Esta tendencia responde a la implementación masiva de las sustancias perfluoroalquiladas (PFAS), siendo el politetrafluoroetileno (PTFE), popularmente conocido como teflón, el componente más destacado en este mercado.

El uso de estas sustancias, creadas hace más de seis décadas, se ha extendido a sectores tan variados como la alimentación, la industria biomédica, la defensa y el aislamiento eléctrico. Su éxito radica en su alta resistencia y durabilidad, derivadas de sus estructuras químicas compuestas por cadenas de carbono fluoradas, ya sea de forma total o parcial.

No obstante, la Unión Europea está impulsando normativas cada vez más estrictas para limitar estos compuestos. La experta Vanessa Tabernero, decana adjunta de Química y profesora en la Universidad de Alcalá, señala que esta preocupación nace de la persistencia de estos químicos en el entorno y los peligros que representan para el ecosistema y la salud pública.

Datos del consorcio científico Forever Pollution, referidos por la especialista, revelan que anualmente se vierten cerca de 75.000 toneladas de PFAS al ambiente en territorio europeo. Actualmente, se han detectado 23.000 puntos de contaminación, de los cuales un 10% se consideran zonas críticas de alta peligrosidad.

Unión Europea y Estados Unidos avanzan en regulaciones más rígidas sobre los PFAS, con límites específicos en agua potable y productos industriales (Freepik)

En cuanto a estándares de seguridad, Estados Unidos ha fijado un tope de cuatro nanogramos por litro (ng/L) para productos que contienen PFAS. Por su parte, la normativa de la Unión Europea para el agua de consumo establece que el conjunto de 20 de estas sustancias no debe exceder los 100 ng/L.

Peligros para la salud y el entorno natural

La gran estabilidad química de los PFAS ha llevado a que sean denominados comúnmente como

“compuestos eternos”

. Una vez que llegan al ambiente, permanecen inalterados durante décadas, acumulándose en el aire, el agua y los suelos de forma migratoria. Asimismo, subproductos industriales como el trifluorometano (HFC-23) representan una amenaza climática severa, con un potencial de calentamiento global 12.400 veces superior al del dióxido de carbono (CO₂).

Existe también un vínculo preocupante con la proliferación de microplásticos. Estos pueden liberarse al lavar ropa tratada con PFAS o mediante procesos en plantas de tratamiento de aguas residuales. Los sedimentos o lodos de estas plantas, usados a veces en la agricultura, contribuyen a una mayor dispersión de estos contaminantes en las cadenas alimentarias.

Tabernero subraya que la vía principal por la cual los seres humanos ingieren PFAS es a través del consumo de agua potable contaminada, especialmente en áreas cercanas a complejos industriales, instalaciones militares, aeropuertos o sitios donde se emplearon espumas contra incendios.

La Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. relaciona ciertos PFAS con riesgo de cáncer, alteraciones endocrinas y efectos inmunológicos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) informó en febrero de este año que la exposición no se limita al agua, sino que también ocurre mediante alimentos contaminados, productos de uso diario y el polvo que se acumula en las viviendas.

Según advierte la EPA, el contacto con ciertos PFAS se asocia con riesgos graves como fallos en el sistema inmunológico, trastornos reproductivos, disfunción hormonal y una mayor probabilidad de desarrollar cáncer, lo que complica su monitoreo debido a la multiplicidad de sustancias y vías de exposición existentes.

Seguridad en la cocina y opciones recomendadas

La especialista aclara que no todos los usos domésticos implican el mismo nivel de peligro. Las sartenes de teflón que se encuentran en buen estado de conservación no suponen una amenaza inmediata. No obstante, el riesgo surge si la capa antiadherente se deteriora o si el utensilio alcanza temperaturas por encima de los 260 °C (500 °F), momento en el que pueden desprenderse partículas residuales de PFAS.

Aunque los PFAS tienen aplicaciones vitales en la industria aeroespacial, de defensa y biomédica por su eficiencia, para el hogar se recomiendan alternativas libres de estas sustancias. Tabernero sugiere optar por sartenes de porcelana o de hierro para evitar el uso de recubrimientos sintéticos.

Alternativas como hierro, acero inoxidable, cerámica o porcelana son recomendadas como opciones libres de PFAS para utensilios de cocina (Imagen Ilustrativa Infobae)

Organizaciones como Breast Cancer Prevention Partners recomiendan sustituir los materiales cuestionables por opciones más seguras para la cocción culinaria:

  • Acero inoxidable
  • Hierro fundido
  • Cerámica de alta calidad
  • Vidrio y porcelana

Estos materiales son naturalmente libres de PFAS y no liberan toxinas durante su uso. Se sugiere, además, verificar que los recubrimientos y esmaltes no contengan plomo ni cadmio, y desechar cualquier utensilio dañado para reducir riesgos.

Hacia una regulación global más estricta

La Unión Europea ha incluido a los PFAS en su estrategia para productos químicos sostenibles, buscando su reemplazo y eliminación gradual. Vanessa Tabernero califica la normativa actual como

“escasa y muy variable”

, lo que hace indispensable que los ciudadanos exijan mejores sistemas de filtración de agua.

La comunidad científica sigue aportando pruebas sobre los efectos nocivos de estos químicos. Estudios actuales vinculan a los PFAS con

“cáncer, enfermedades tiroideas y problemas de fertilidad, así como defectos en el desarrollo de los fetos”

. Ante este panorama, el control estricto de las autoridades y la innovación industrial hacia materiales alternativos son los pilares fundamentales para proteger la salud colectiva.

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