La determinación del gobierno de Nueva Zelanda de instaurar una base de operaciones policiales en territorio de Colombia representa una maniobra estratégica fundamental para contrarrestar el incremento sin precedentes en el contrabando de cocaína y metanfetaminas a través del Océano Pacífico.
Esta iniciativa tiene como propósito robustecer la articulación internacional en un escenario global donde Sudamérica se mantiene como el foco principal de fabricación de cocaína, mientras que las naciones de Oceanía se consolidan como mercados de gran interés para las corporaciones del crimen organizado transnacional. Así lo manifestó Richard Chambers, comisionado de la policía neozelandesa, al explicar los motivos detrás de este despliegue diplomático y de seguridad.
La apertura de esta oficina especializada en Colombia obedece a que el grueso de los cargamentos de estupefacientes que ingresan a Nueva Zelanda tienen su origen en el subcontinente suramericano, empleando rutas de navegación que atraviesan el Pacífico. La presencia permanente en la región facilitará el intercambio de inteligencia criminal y el uso de herramientas tecnológicas para frenar la expansión de redes delictivas que también impactan a los estados insulares cercanos.

El corredor estratégico del Pacífico
Según declaraciones de Richard Chambers, la ubicación geográfica de los productores y los mercados finales genera una dinámica de tráfico muy agresiva. El comisionado detalló la situación mediante la siguiente declaración:
“El desafío específico que tenemos es que Sudamérica produce la mayor parte de la cocaína del mundo. Nueva Zelanda y Australia son mercados lucrativos. Cualquier producto que llega allí tiende a pasar por la autopista del Pacífico”
El máximo jefe policial reiteró que este plan de acción es una reacción directa al crecimiento histórico en la detección de sustancias ilícitas con destino a Australia y su propio país. Chambers advirtió que la denominada “autopista del Pacífico” funciona como un nexo entre las zonas de cultivo y laboratorios con mercados que resultan “muy lucrativos” para las mafias, lo cual ha encendido las alarmas en las agencias de seguridad oceánicas.
El cronograma de las autoridades de Nueva Zelanda contempla que esta delegación policial en Colombia esté operativa antes del año 2027. Con este paso, el país busca integrarse formalmente a una red de cooperación que ya tiene presencia en ocho capitales estratégicas, permitiendo atacar el crimen organizado directamente en su punto de origen.
Además, Richard Chambers precisó que contar con una base en el país sudamericano no solo potenciará la lucha contra las drogas, sino que servirá para perseguir otros flagelos vinculados, tales como el fraude y la trata de personas. El funcionario enfatizó su voluntad de concretar esta apertura en 2027, destacando la relevancia de trabajar conjuntamente con otros organismos internacionales apostados en la zona.

Inversión y tecnología para la región de Oceanía
La estrategia neozelandesa no se limita a la vigilancia en origen, sino que abarca un fuerte componente de cooperación con los vecinos del Pacífico. Recientemente, el primer ministro Christopher Luxon realizó una gira por Samoa y Tonga, donde formalizó acuerdos de asistencia técnica y ayuda económica para mitigar el impacto del tráfico y el consumo de drogas en estas comunidades.
En el marco de estos convenios, Christopher Luxon anunció una inversión de USD 2 millones destinada a financiar programas de reinserción social para ciudadanos afectados por adicciones en Tonga. Asimismo, se otorgarán USD 2,4 millones a diversas comunidades en Fiyi, Samoa y Tonga, recursos que serán gestionados a través del Ejército de Salvación.
Este plan de apoyo integral incluye:
- Desarrollo de programas de capacitación técnica.
- Campañas preventivas sobre los peligros del uso de estupefacientes.
- Implementación de la plataforma tecnológica “Starboard” para el seguimiento de barcos sospechosos.
- Despliegue de unidades caninas (perros detectores) entrenadas en Nueva Zelanda.
- Envío de cuatro oficiales neozelandeses para integrarse a la policía de Samoa.

Impacto en la salud pública y seguridad ciudadana
La proliferación de estas rutas de narcotráfico ha derivado en consecuencias críticas para el bienestar social en Oceanía. Las autoridades han detectado un incremento en los perjuicios sanitarios y la violencia asociada al mercado ilegal de sustancias en toda la región. Chambers calificó las vías marítimas actuales como auténticas “superautopistas para las drogas”, destinadas prioritariamente al envío de metanfetaminas y cocaína.
Por otro lado, la New Zealand Drug Foundation (Nzdf) ha manifestado su preocupación por el deterioro del tejido social a causa de la demanda interna. La organización sostiene que el ingreso constante de cargamentos ilícitos no solo afecta a los consumidores directos, sino que sobrecarga los sistemas de salud pública. Ante esta realidad, tanto el gobierno como las ONG coinciden en que la única salida efectiva es intensificar la vigilancia operativa y la cooperación judicial con países clave como Colombia.
Fuente: Fuente