Las regiones de Nueva York y Nueva Jersey se encuentran enfrentando una creciente amenaza sanitaria debido a la propagación de patógenos invisibles, destacando especialmente el Candida auris. Este hongo ha puesto de manifiesto las graves consecuencias derivadas del uso inadecuado de antimicrobianos y la aparición de microorganismos que ya no responden a los tratamientos médicos convencionales.
Esta tendencia, que impacta con mayor fuerza a los centros hospitalarios y de salud, representa un peligro concreto, ya que las terapias habituales están perdiendo su eficacia, permitiendo que infecciones anteriormente consideradas rutinarias se vuelvan nuevamente peligrosas para la vida.
Durante el primer semestre de 2024, se reportó que Nueva York y Nueva Jersey agruparon cerca del 20% de todos los casos nacionales de Candida auris. Este hongo, identificado inicialmente en el mundo en 2009 y detectado por primera vez en Estados Unidos en 2016, se ha consolidado como uno de los desafíos más complejos para la salud pública en dicha área metropolitana.

En el transcurso de ese periodo, las entidades de salud locales ratificaron la existencia de 623 casos clínicos —referente a pacientes que desarrollaron la enfermedad— y localizaron a 849 portadores asintomáticos mediante operativos de vigilancia. Estas cifras exponen la magnitud y el ritmo acelerado con el que esta amenaza se extiende en la región.
Según datos de los Centers for Disease Control and Prevention (CDC), durante 2023 se confirmaron 4.514 casos clínicos de Candida auris en todo Estados Unidos, con brotes activos registrados en 39 estados. Un dato alarmante es que más del 95% de las cepas aisladas presentan resistencia al fluconazol, que es el antifúngico de primera elección. Además, entre el 15% y el 30% muestran resistencia a la anfotericina B, lo que dificulta enormemente el control de la transmisión en hospitales y centros de cuidados de larga estancia.
¿Por qué el Candida auris es un riesgo crítico para los pacientes?
El Candida auris ha sido catalogado por responsables médicos y epidemiólogos como un hongo de alto riesgo. Su peligrosidad radica en su capacidad para sobrevivir en superficies de hospitales incluso después de ejecutarse procesos de desinfección, sumado a su comprobada inmunidad ante los principales tratamientos antimicóticos.
Especialistas señalan que esta fortaleza representa un riesgo severo para personas inmunodeprimidas, pacientes en estado crítico o individuos sometidos a múltiples intervenciones médicas, ya que una infección de este tipo puede derivar en cuadros letales.
Las autoridades sanitarias estadounidenses advierten que la veloz diseminación de este hongo en entornos hospitalarios es un reflejo de la creciente dificultad para gestionar las infecciones nosocomiales. En respuesta, la Agencia de Salud Pública local ha reforzado las medidas de aislamiento y vigilancia, aunque la presencia del patógeno sigue en aumento a pesar de estas acciones.
El avance de este hongo es solo una parte de un fenómeno global: el incremento de bacterias y hongos resistentes, conocidos por los expertos como patógenos de difícil control. El doctor Aaron Glatt, director del departamento de medicina del hospital Mount Sinai South Nassau, detalló que el consumo innecesario de antibióticos solo incrementa los riesgos.
«El uso innecesario de antibióticos incrementa el riesgo de efectos adversos y favorece la aparición de resistencias bacterianas», explicó el doctor Glatt.
La práctica de la automedicación, especialmente cuando se usan antibióticos para tratar infecciones virales como la gripe o el resfriado, fortalece los mecanismos de defensa de los microorganismos. Glatt enfatizó que estos fármacos deben ser utilizados exclusivamente para infecciones de origen bacteriano, como la neumonía bacteriana o la faringitis.
El uso sin control de estos medicamentos fomenta mutaciones genéticas en las bacterias, las cuales pueden transmitir dicha resistencia a otras cepas, comprometiendo la efectividad de futuros tratamientos médicos. Este proceso amenaza con reducir los recursos terapéuticos disponibles para los profesionales de la salud y complica el manejo de enfermedades infecciosas comunes.

La resistencia a los antimicrobianos es una problemática global. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que una de cada seis infecciones bacterianas en el mundo actual ya no responde a los tratamientos tradicionales.
Entre los años 2018 y 2023, la resistencia a los antibióticos mostró un incremento anual de entre el 5% y el 15%. Este fenómeno se aceleró notablemente durante la pandemia de Covid-19, cuando millones de pacientes recibieron antibióticos a pesar de que sus infecciones eran de origen viral.
Este panorama sitúa al sistema de salud ante el riesgo de volver a una época en la que enfermedades cotidianas, como infecciones urinarias o neumonías, podían ser mortales por la falta de alternativas eficaces. El problema se vuelve crítico en naciones con sistemas sanitarios saturados y acceso limitado a fármacos de nueva generación.
Si bien para la población general el riesgo se mantiene bajo, los casos más graves de Candida auris se concentran en hospitales. El doctor Glatt subrayó que, aunque no es una preocupación masiva para el ciudadano promedio, sí representa un peligro considerable en entornos médicos para quienes enfrentan patologías complejas.
Innovación y cambios en protocolos hospitalarios
La prevención y el monitoreo constante en los centros de salud son la primera línea de defensa para contener a estos microorganismos. En el ámbito de la investigación, se han logrado resultados alentadores frente a bacterias como Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae mediante el desarrollo de nuevos medicamentos.
Sin embargo, la creación de antibióticos innovadores enfrenta retos económicos, ya que no generan los mismos ingresos que otros fármacos con mayor demanda comercial. Ante esto, el Congreso de Estados Unidos analiza la Ley PASTEUR, una propuesta que busca establecer un sistema de suscripción.
- Bajo este modelo, el gobierno pagaría una suma fija a las farmacéuticas por el acceso a nuevos antibióticos.
- El pago se realizaría independientemente del volumen de ventas del producto.
- El objetivo es incentivar la inversión en investigación y asegurar medicamentos vitales para la salud pública.
Expertos coinciden en que es fundamental combinar el uso racional de fármacos, la innovación científica y marcos regulatorios robustos para evitar un futuro donde las infecciones comunes resulten imposibles de tratar.
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