Tres décadas después de la partida de Antonio Flores, su hija Alba Flores ha conseguido finalmente cicatrizar una herida emocional que cargaba desde su niñez. El emblemático músico contaba con solo 33 años cuando perdió la vida el 30 de mayo de 1995; en ese entonces, la hoy reconocida actriz tenía apenas 8 años. El fallecimiento del segundo hijo de Lola Flores marcó un punto de inflexión irreparable para toda la dinastía artística, afectando de manera profunda la identidad de Alba.
Impulsada por este trasfondo personal, la protagonista de La Casa de Papel se sumergió en el archivo de su memoria familiar para confrontar la ausencia de su padre. De este proceso surgió Flores para Antonio, un largometraje documental original de Movistar Plus+. Tras haber sido presentado en el Festival de Cine de San Sebastián en septiembre y proyectado en salas de cine durante noviembre, el filme llega finalmente a la plataforma de Movistar Plus+ este jueves 19 de marzo. La obra aterriza con el prestigio de haber obtenido, el pasado 28 de febrero, el premio Goya a Mejor Canción Original junto a Silvia Pérez Cruz, además de su nominación como Mejor Película Documental.
Un ritual para envejecer y recuperar la voz
La cinta, que cuenta con la dirección de Isaki Lacuesta (Segundo premio) y Elena Molina (Remember my name), tuvo su origen en una revelación personal de Alba: el momento en que comprendió que pronto superaría la edad que tenía su padre al morir. Ante esto, la artista realizó un ritual simbólico para pedirle permiso para seguir envejeciendo.
Flores para Antonio recopila grabaciones familiares íntimas, material audiovisual nunca antes visto y testimonios de las personas más cercanas al artista. La narrativa permite que el público redescubra las facetas más brillantes y los periodos más oscuros del músico, incluyendo su trayectoria profesional y su lucha contra las drogas. Sobre el tratamiento de estos temas delicados, el director Isaki Lacuesta comentó:
“Nos preguntábamos con Alba de qué forma abordar esa parte. Y el ejemplo fue él mismo, que en las entrevistas siempre contaba realmente lo que le ocurren”.
La música como puente de reconciliación
Uno de los pilares emocionales del documental es el conflicto de Alba con su propia capacidad de cantar. Debido al trauma de la muerte de Antonio, la actriz dejó de utilizar su voz para el canto por el peso de las expectativas. No obstante, conforme la investigación del filme avanzaba, ella fue recuperando esa habilidad. La película muestra este camino desde sus primeros pasos, cuando intenta entonar Una espina, un clásico del repertorio de su padre.
Gracias al respaldo de la artista y amiga de la familia, Silvia Pérez Cruz, Alba se sintió capaz de volver a la música. El tema central, laureado en la última edición de los Goya, describe el proceso de duelo con versos que rezan: “De una flor nace la otra / No se muere, sigue ahí / Pasa el tiempo, luego brota / La vida vuelve a salir”. Esta composición incluye también las voces de su primo Guillermo Furiase y de sus tías, Lolita y Rosario.
Sobre este logro personal y profesional, Alba Flores manifestó su gratitud tras recibir el galardón:
“Si yo no hubiese hecho la película, nunca me habría atrevido a hacer esta canción, por mucho que hubiese venido Silvia a ayudarme. Pero gracias a haber pasado por el proceso de la película, yo he podido cantar. Si no, creo que no habría podido”.
El desarrollo de este proyecto fue posible gracias a la participación activa del entorno íntimo de la actriz, incluyendo a su madre, Ana Villa, sus tías Lolita y Rosario, su prima Elena Furiase y amigos históricos de su padre como Joaquín Sabina y Antonio Carmona. La producción estuvo a cargo de las firmas Flower Power Producciones, LACOproductora, Caballo Films, Boomerang TV y Flores para Antonio AIE.
Fuente: Fuente