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Israel desmantela la cúpula iraní: ataques quirúrgicos y bajas masivas

Uno por uno. Sin importar qué tan profundos sean sus escondites, el aparato de inteligencia de Israel ha reconfigurado su táctica bélica para desarticular el sistema de seguridad interna del gobierno en Irán. Esta campaña de ataques precisos ha logrado neutralizar a figuras fundamentales, tales como Gholamreza Soleimani, líder de la milicia Basij, y previamente a Ali Larijani, un alto funcionario de seguridad interceptado durante un encuentro confidencial en las inmediaciones de Teherán.

Estas maniobras militares han generado miles de víctimas en las estructuras gubernamentales iraníes. El propósito central es fracturar la unidad del Estado para propiciar posibles estallidos sociales y acelerar el debilitamiento de sus organismos de control. Según diversos informes de inteligencia, las incursiones aéreas ya no se limitan a blancos militares tradicionales, sino que apuntan a los centros de mando administrativos: desde estaciones de la Guardia Revolucionaria y sedes policiales, hasta los comandos encargados de la seguridad de la capital.

Una de las acciones más contundentes registradas fue el bombardeo al estadio Azadi. Este complejo deportivo servía como punto de reagrupamiento para las tropas tras la destrucción de sus cuarteles originales; allí, el ataque resultó en la muerte de cientos de uniformados, consolidándose como uno de los golpes más severos de la actual ofensiva.

Golpes estratégicos y apoyo ciudadano

La eficacia de las operaciones israelíes ha sido devastadora. Apenas cuatro días después de que Larijani fuera visto públicamente, una maniobra quirúrgica permitió su localización y eliminación fuera de Teherán. Esa misma jornada, la muerte de Gholamreza Soleimani debilitó aún más el círculo íntimo del poder, mientras que al día siguiente se confirmó el deceso del ministro de Inteligencia de Irán, Esmail Khatib.

Estos resultados evidencian una estrategia que amalgama tecnología de punta con una creciente colaboración de civiles iraníes, quienes están denunciando los escondites de los líderes oficialistas.

ARCHIVO: Ali Larijani, ex presidente del Parlamento de Irán, habla en una conferencia de prensa después de registrarse como candidato para las elecciones presidenciales en el Ministerio del Interior, en Teherán, Irán, el 31 de mayo de 2024 (Reuters)ARCHIVO: Gholam Reza Soleimani, uno de los últimos objetivos ultimados por Israel.ARCHIVO: Ismail Khatib, jefe de inteligencia de Irán, se dirige a la prensa o a una audiencia, con la bandera iraní visible al fondo.

Fuentes vinculadas al liderazgo israelí indican que se han empleado aproximadamente 10.000 proyectiles contra una vasta red de objetivos, ejecutando más de 2.200 ataques directos contra la Guardia Revolucionaria, el grupo Basij y otras fuerzas del orden. El balance de bajas, que se cuenta por miles entre fallecidos y heridos, ha forzado a los agentes de seguridad a buscar refugio en lugares improvisados como:

  • Mezquitas y centros religiosos.
  • Instalaciones deportivas y estadios.
  • Autobuses de transporte urbano.
  • Vehículos particulares y portales de edificios.

Simultáneamente, la crisis institucional se agrava. Las fuerzas policiales han trasladado sus puntos de control bajo puentes y ocupan infraestructuras civiles ante la imposibilidad de operar en sus estaciones habituales. Testimonios médicos señalan que incluso se ha obligado a pacientes a abandonar hospitales para dar prioridad a los agentes heridos. En este escenario, las investigaciones de delitos comunes han sido suspendidas, y los ciudadanos reportan que el comercio debe cerrar temprano ante la falta de protección estatal.

La presión psicológica y el asedio a la estructura

La ofensiva de Israel ha diversificado sus objetivos, alcanzando puestos de control en rutas críticas como la autopista Imam Reza y la calle Shahed, con 11 puntos impactados en la última semana solo en la capital. Un factor inédito es que muchos de estos ataques han sido guiados por información proporcionada directamente por la población local.

A pesar del desorden administrativo, la represión en las calles se mantiene bajo la orden estricta de usar fuerza letal contra cualquier intento de insurrección. No obstante, la presión también es psicológica. Agentes de inteligencia israelíes han realizado llamadas telefónicas a mandos policiales iraníes para advertirles sobre las consecuencias de sus actos.

“Sabemos todo sobre usted. Está en nuestra lista negra, tenemos toda la información”, advirtió un oficial del Mossad en farsi durante una llamada.

El comandante iraní, en un estado de desesperación, contestó: “Juro por el Corán, ya estoy muerto. Solo vengan a ayudarnos”.

Un vehículo destruido entre los escombros en el lugar de un ataque contra un edificio residencial, en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán, en Teherán, Irán, el 16 de marzo de 2026 (Reuters)

El impacto de estos ataques se refleja en hospitales desbordados y la destrucción de infraestructura clave. En la provincia de Ilam, cerca de la frontera con Irak, se reportó el ataque a 34 sedes policiales y de fuerzas especiales, donde se destruyeron:

  • Equipos informáticos y de comunicación.
  • Flotas de vehículos y motocicletas de control.
  • Depósitos de armamento y suministros.

Aunque el uso de drones ha permitido eliminar grupos pequeños de agentes de forma sistemática, expertos como Farzin Nadimi del Washington Institute señalan que la caída de un régimen por ataques aéreos es poco probable. Según Nadimi, “sería una victoria absoluta para el régimen, con consecuencias previsibles e imprevistas”, sugiriendo que el gobierno podría radicalizarse si sobrevive a la ofensiva.

Finalmente, la inteligencia israelí estima que el futuro de Irán dependerá del agotamiento económico y social interno. El deterioro de la calidad de vida y el descontento popular podrían volver insostenible la continuidad del sistema a mediano plazo, dejando la decisión final en manos de la propia ciudadanía, que actualmente observa lo que algunos califican como un sistema en pleno proceso de descomposición.

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