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Casa Blanca prevé caída del régimen iraní tras muerte de Ali Larijani

En las primeras horas de la madrugada, un reporte cifrado emitido desde Jerusalén alcanzó las oficinas de la Casa Blanca. La información sugería un golpe contundente: las Fuerzas de Defensa de Israel habrían acabado con la vida de Ali Larijani, considerado el estratega de mayor influencia política y militar dentro de Irán.

Al amanecer en Washington, el mandatario Donald Trump y su equipo de seguridad nacional ratificaron el deceso. Junto a Larijani, también fue neutralizado Gholamreza Soleimani, quien lideraba el Basij, el brazo represor del Estado iraní. El operativo militar pulverizó un refugio de seguridad localizado en las inmediaciones de Teherán.

Donald Trump durante la recepción por Saint Patrick en la Casa Blanca. A esa hora, mediodía del martes 17 en DC, ya se había confirmado que Ali Larijani estaba muerto en Teherán

Si bien la desaparición física de Larijani entorpece la estructura de mando militar y política en territorio iraní, este suceso despeja el camino para que Mojtaba Khamenei consolide un liderazgo marcado por el fundamentalismo religioso. Larijani no era un actor cualquiera; poseía nexos discretos con Occidente tras su rol como negociador del pacto nuclear. El estratega insistía ante los ayatolás en la necesidad de mantener un canal de comunicación abierto con Washington, incluso después del fallecimiento de Alí Khamenei.

De hecho, Larijani había manifestado su oposición a que Mojtaba Khamenei heredara el poder de su padre, advirtiendo que su gestión carecería de matices diplomáticos por razones de índole personal e ideológica. Sin embargo, el estratega terminó perdiendo la pugna interna frente a Mojtaba, quien ya había empezado a excluirlo de las sesiones de planificación estratégica sobre el futuro de la nación persa.

Fuentes del gobierno estadounidense señalaron que la muerte de Larijani «beneficia» directamente la estrategia bélica de Donald Trump. La lógica de la administración es que, sin él, el nuevo liderazgo iraní pierde su capacidad de realizar un «análisis sofisticado» sobre las consecuencias políticas, financieras y económicas del conflicto actual.

El líder supremo de Irán, Mojtaba Khamenei, durante un encuentro en Teherán, (Irán)

Escalada militar y uso de armamento avanzado

Antes de confirmarse las bajas de los líderes militares, el régimen de Teherán ya había iniciado una contraofensiva utilizando el misil balístico Haj Qasem. Este proyectil, que debuta en el campo de batalla, tiene un alcance operativo de 1.400 kilómetros y carga una ojiva de 500 kilogramos. Actualmente, es considerada la pieza más letal del arsenal de Irán, exceptuando sus reservas de uranio.

Los ataques iniciales se dirigieron hacia ciudades israelíes como Jerusalén, Tel Aviv y Beit Shamish, además de alcanzar instalaciones militares de Estados Unidos en países como Qatar, Bahrein, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos y el Kurdistán iraquí.

La desaparición de Larijani anula cualquier intento de mediación a través de la Liga Árabe. El fallecido estratega mantenía una red de contactos que incluía a Omán, la realeza de Arabia Saudita y asesores en Qatar; incluso era visto frecuentando lugares exclusivos en Beirut para sus gestiones. Con su muerte, se disipa la posibilidad de establecer un puente diplomático que pudiera derivar en conversaciones entre la Casa Blanca y el régimen iraní.

Ali Larijani saluda al príncipe saudí Bandar bin Sultan, (Teherán, Irán)

El objetivo de Donald Trump es claro: el derrocamiento del sistema chiíta. En este sentido, la postura radical de Mojtaba Khamenei y sus clérigos no hace más que alimentar la hipótesis de guerra de los republicanos. Al no haber una figura política capaz de proponer alternativas ante una derrota que parece inevitable, ambos bandos se sumergen en una dinámica de confrontación directa y sin retorno.

El desafío del Estrecho de Ormuz

A pesar del éxito militar que representa la eliminación de los líderes iraníes, el escenario sigue siendo complejo. Donald Trump no ha logrado el respaldo de la OTAN para intervenir en el Estrecho de Ormuz, un punto crítico para la economía mundial que sigue bajo control de Teherán. Países como Reino Unido, Francia, Alemania y España han declinado participar en la campaña bélica liderada por Estados Unidos.

Ante esta falta de apoyo aliado, el presidente republicano evalúa el despliegue de más de 2.000 marines en los Emiratos Árabes Unidos. El objetivo sería retomar el control de la zona por cuenta propia. Si este desembarco se concreta y el régimen de Khamenei decide concentrar su defensa en Ormuz, el conflicto en el Medio Oriente entrará en una fase de incertidumbre total y extrema violencia.

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