En la actualidad, las plataformas digitales han transformado radicalmente los procesos mediante los cuales los jóvenes exploran y manifiestan quiénes son. De acuerdo con lo planteado por Miguel Eduardo Uribe Moreno, quien se desempeña como director de la Especialización en Psicología Educativa de la Universidad Católica de Colombia, estas herramientas digitales ejercen una influencia determinante en la autoimagen y la autoestima durante la etapa adolescente, un ciclo vital crucial para la consolidación de la identidad personal.
El experto subraya que el impacto real de la tecnología no reside exclusivamente en la cantidad de horas frente a la pantalla, sino en la naturaleza de la interacción: la búsqueda incesante de validación digital y la comparación social permanente se vinculan con una mayor confusión e inseguridad, mientras que el uso de estas redes para fines creativos y auténticos suele potenciar el autoconocimiento.
Los riesgos de la validación externa
Aunque la vida digital es ahora una realidad ineludible, Uribe Moreno advierte que la relación entre la juventud y las redes sociales posee matices complejos. El especialista enfatiza que los mayores peligros surgen cuando la identidad de un individuo depende de manera total de la aprobación externa. Por esta razón, el acompañamiento adulto más productivo es aquel que logra equilibrar la imposición de límites claros con el soporte emocional y el respeto mutuo. Centrarse únicamente en restringir el acceso a los dispositivos, sin gestionar la carga emocional o la comparación social, resulta una estrategia insuficiente para un crecimiento sano.
Indicadores de un desarrollo identitario sano
Durante este periodo de desarrollo, la identidad no experimenta cambios bruscos, sino que se construye a través de una exploración reflexiva y compromisos graduales. Miguel Eduardo Uribe Moreno identificó diversos indicadores que señalan una evolución identitaria sana:
- La capacidad de argumentar y explicar las posturas e ideas personales.
- No estar supeditado únicamente a la aprobación en entornos digitales.
- La existencia de una coherencia sólida entre la identidad en línea (online) y fuera de ella (offline).
- El desarrollo de la tolerancia frente a las diferencias de los demás.
- La disposición para revisar y ajustar opiniones tras un ejercicio de introspección real.
En el ámbito escolar, el rol del psicoorientador se vuelve fundamental para propiciar espacios de análisis crítico. Su labor incluye motivar a los alumnos a cuestionar las tendencias actuales, educar sobre los riesgos de la comparación social, supervisar la construcción de la autoimagen digital y empoderar la autonomía en las decisiones cotidianas. El objetivo central no radica en prohibir la tecnología, sino en fomentar una identidad coherente. Al respecto, el experto reiteró:
“El psicoorientador debe fomentar el pensamiento crítico y la autonomía en la toma de decisiones”.

Estrategias para padres y docentes
Las investigaciones sugieren que la intervención más eficaz por parte de progenitores y docentes combina la disciplina con la empatía. Según Uribe Moreno, es vital priorizar la escucha activa antes de emitir juicios, aprender a distinguir entre los procesos naturales de búsqueda de identidad y las conductas de riesgo, y mantener un diálogo abierto sobre la presión social y la autenticidad.
Se recomienda alcanzar consensos de uso mediante acuerdos en lugar de recurrir a la prohibición total. Asimismo, es importante evitar la estigmatización de gustos personales o ideologías, ya que esto podría generar aislamiento o radicalización en los jóvenes. El especialista observó que, si bien muchos centros educativos han sumado tecnología a sus aulas, no siempre lo hacen de forma integral:
“Muchas instituciones han incorporado tecnología, pero no siempre han integrado una educación crítica sobre identidad digital”.
Por ello, es imperativo formar a los estudiantes en competencias como la gestión emocional digital y la ciudadanía en línea.

Hacia una alfabetización digital y emocional
Finalmente, el profesional advirtió que las escuelas deben estar preparadas para los retos actuales mediante programas sistemáticos de alfabetización digital y emocional, además de contar con formación especializada para docentes en desarrollo identitario y protocolos de actuación eficaces contra el ciberacoso.
El desafío contemporáneo no es el control tecnológico per se, sino dotar a la juventud de las herramientas necesarias para habitar el mundo digital de forma segura, constructiva y autónoma, permitiéndoles desarrollar una identidad propia en los nuevos contextos de interacción.
Fuente: Fuente