Un extenso proyecto de conservación, financiado por la Unión Europea, se ha puesto en marcha con la misión de controlar la expansión de especies invasoras como las ratas y las cabras en el archipiélago de Guadalupe. El propósito principal de esta intervención es impedir la desaparición definitiva de la couresse des Saintes, una serpiente endémica que no representa peligro por veneno, además de salvaguardar a otros reptiles locales que se encuentran bajo una amenaza crítica de extinción.
La iniciativa contempla una inversión aproximada de 10 millones de euros (unos 10,8 millones de dólares), los cuales serán ejecutados durante un periodo de cinco años en diversos territorios del Caribe francés. Esta acción surge como una respuesta directa a una de las crisis de biodiversidad más severas registradas en la región antillana.
Durante una fase de monitoreo científico llevada a cabo en el año 2022, los investigadores registraron únicamente 10 ejemplares de couresse tras realizar once horas de búsqueda intensiva en el pico de Chameau, que con sus 300 metros de altitud es el punto más elevado de las Saintes. Gracias al uso de cámaras trampa instaladas estratégicamente en la vegetación xerófila, se pudo captar el movimiento de estos reptiles en sectores donde su avistamiento directo ha pasado a ser un evento excepcional.
Estos hallazgos ratifican una realidad alarmante proporcionada por el Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS) de Francia: una cuarta parte de las especies de reptiles en Guadalupe se ha extinguido desde el periodo de la colonización. En términos globales, la desaparición afecta a más de la mitad de las especies que originalmente habitaban el archipiélago y que no existen en ninguna otra parte del mundo.
La reducida movilidad de estos animales entre las islas ha acentuado su endemismo, pero también su fragilidad frente a factores externos. Fabian Rateau, quien lidera la unidad técnica de la Oficina Francesa de la Biodiversidad (OFB) en las Antillas francesas, ha manifestado una advertencia clara:
“40 % de las especies de reptiles restantes están amenazadas a corto o medio plazo”.
Además de la couresse, otras especies enfrentan un panorama similar, tales como el scinque guadeloupéen —un lagarto que alcanza los 20 centímetros de longitud—, la iguana de las Pequeñas Antillas y el sphaerodactyle des Saintes. El scinque, que solía poblar todo el territorio de Guadalupe, hoy sobrevive únicamente en las islas de las Saintes y la Désirade, enfrentando una lucha constante contra la depredación de las ratas, cuya eliminación sigue siendo un reto técnico complejo a pesar de existir experiencias exitosas en otros contextos internacionales.
Financiamiento y estrategias de preservación
Con el fin de frenar este deterioro ambiental, desde el año 2018 se han articulado planes de conservación específicos para los reptiles terrestres del Caribe francés. Uno de los programas está enfocado en los geckos, couresses y scinques de Guadalupe y Saint-Martin, mientras que otro se dedica exclusivamente a la iguana de las Pequeñas Antillas. Ambas rutas de trabajo permitieron establecer la inversión requerida a través del proyecto “Rept’Island”, el cual recibe fondos del programa Life de la Unión Europea y es coordinado por la OFB junto a siete aliados institucionales.
Dicho presupuesto facilita la realización de maniobras conjuntas en Saint-Barthélemy, Saint-Martin y Guadalupe para el resguardo de siete familias de reptiles cuya supervivencia peligra por la presencia de animales exóticos. Según explica Fabian Rateau,
“desde 1500, el 75 % de las extinciones ocurrieron en islas; si se atiende a las extinciones provocadas por especies invasoras, la tasa se eleva al 86 % en estos territorios insulares”.
Por su parte, el prefecto de Guadalupe, Thierry Devimeux, resaltó la relevancia de proteger a estos animales, que a menudo son poco conocidos o valorados dentro de las políticas de conservación de la Unión Europea.
Retos en la erradicación de amenazas externas
La mitigación de la población de ratas es una de las metas más urgentes, especialmente en zonas como la Désirade, donde el scinque guadeloupéen es una víctima habitual. El proyecto LIFE ha planteado un sistema que integra el uso de trampas y agentes químicos. Al respecto, Fabian Rateau menciona que actualmente se emplean rodenticidas en los cultivos de caña como mecanismo de protección.
Dentro de la planificación se incluye la meta de erradicar las ratas en el îlet Kahouanne, ubicado al norte de Guadalupe. Se espera que este lugar funcione como un santuario para las dos variedades de couresse que aún persisten, a pesar de que no se han detectado individuos en esa área específica desde los años 2004 y 2011.
Aparte de los roedores, la fauna asilvestrada compuesta por gatos, gallos y, de forma crítica, las cabras, representan un peligro mayor para el ecosistema. Philippe de Proft, guardaparque de la zona costera en Terre-de-Haut, señala que el impacto ambiental de las cabras es evidente en el desmoronamiento y la erosión de los terrenos. El sobrepastoreo destruye la capa vegetal necesaria para mantener la materia orgánica del suelo, lo cual es vital para la supervivencia de los reptiles nativos.
Esta pérdida de calidad del hábitat golpea severamente a las especies endémicas, pues se reducen los espacios para alimentarse, refugiarse y reproducirse, dejando a los reptiles vulnerables ante el clima y con un riesgo incrementado de ser cazados por depredadores.
En las Saintes, la proliferación desmedida de cabras ha llevado a los encargados del programa LIFE a buscar soluciones en modelos aplicados en Saint-Barthélemy. Allí, la entidad Island Nature Saint-Barth Experiences logra capturar cerca de 1.000 cabras anualmente, buscando además fomentar el aprovechamiento económico mediante la venta de queso y carne de cabra.
Rudi Laplace, quien preside dicha asociación, gestionó un “estatus de criador” ante la cámara agraria de la localidad para administrar formalmente todo el proceso, desde la captura hasta la venta de los productos. Laplace sostiene que reincorporar estos productos a la dieta local ayuda a recuperar las zonas erosionadas y devuelve el valor a los recursos tradicionales de la región.
Finalmente, el proyecto de conservación apunta a la recuperación de la selva seca y la restauración total de los entornos naturales, una labor que depende enteramente de la ejecución de los 10 millones de euros asignados por la Unión Europea.
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