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Fuertes lluvias afectan ingresos de taxistas y modifican jornada de trabajadores en Guayaquil: ‘Los viajes se reducen hasta en un 40 %’

Las fuertes lluvias que se han registrado durante el actual invierno también impactan a los choferes que obtienen ingresos por los viajes que se generan en el perímetro urbano de Guayaquil.

Conductores de taxis y usuarios del transporte público describen retrasos, menos pasajeros y complicaciones para desplazarse por distintos sectores de la ciudad, una situación que también se traduce en pérdidas económicas para quienes dependen del movimiento diario.

En los exteriores de un centro comercial de la av. Orrantia, en el norte de la ciudad, taxistas señalaron que la demanda de carreras se reducen hasta en un 40 % cuando las lluvias son intensas.

En los exteriores del sitio, taxistas señalaron que la demanda de cae cuando se presencia un escenario de precipitaciones.

Jorge Macías, quien trabaja como conductor desde hace cuatro años, explicó que en un día normal puede realizar cerca de 32 viajes, mientras que con lluvia el número baja a unos 20.

“Eso significa entre $ 30 y $ 40 menos al día”, comentó. Añadió que mantiene su jornada habitual, de 09:00 a 21:00, aunque reconoció que durante el invierno el flujo de clientes disminuye, en parte porque muchas personas llegan más tarde a sus trabajos o evitan salir.

En ciertos casos, hay taxistas y también choferes que están en aplicativos móviles que incrementan el valor de las carreras por los riesgos que representan los traslados y eso es aprovechado para sacar mejores réditos.

El conductor Macías también detalló que los gastos operativos se mantienen sin cambios pese a la caída en los ingresos.

“Pagamos alquiler del carro, gasolina, cooperativa, pagamos todo. Estamos en números rojos”, señaló.

Según su experiencia, esta situación comenzó con el inicio del invierno, hace aproximadamente mes y medio.

Otros taxistas coincidieron en que las precipitaciones afectan la actividad, sobre todo en los momentos de lluvia intensa.

Jairo Reyes explicó que, aunque en días normales puede superar las diez carreras en la mañana, cuando el clima empeora el número se reduce.

“Hay colegas que trabajan así esté lloviendo, pero a varios se les han dañado los carros; incluso se han fundido motores”, relató.

Reyes recordó que en una de las primeras lluvias del año tres vehículos sufrieron daños en sectores como La Atarazana y Sauces 6. Reparar o reemplazar el motor puede representar un gasto considerable.

“Este carro (un Nissan Sedan) vale entre $ 1.600 y $ 1.800, pero hay carros más modernos que pasan de $ 2.000”, indicó.

Los conductores también mencionaron puntos de la ciudad donde el agua suele acumularse con rapidez. Entre ellos destacan la avenida Quito y Machala, zonas cercanas al estadio George Capwell, La Atarazana y sectores del norte como Sauces.

En estos lugares, dijeron, el nivel del agua puede provocar averías en rótulas, terminales y otras partes del vehículo.

Por ese motivo, algunos prefieren evitar carreras hacia esas zonas o retirarse cuando la lluvia se intensifica.

“Los daños pueden ser más fuertes que lo que se gana en una carrera”, comentó Klever Cedillo, taxista que trabaja cerca del Terminal Terrestre.

Complicaciones para usuarios y otros trabajadores en buses
Las complicaciones no solo afectan a los conductores. En los paraderos de La Garzota y en los alrededores del Terminal Terrestre, varios usuarios de buses relataron que han tenido que modificar sus horarios para evitar retrasos.

Algunos optan por salir más temprano de casa para alcanzar los primeros recorridos y no llegar tarde a sus trabajos, mientras que otros prefieren esperar a que disminuya la lluvia.

Ary León, quien vende comida, contó que cuando llueve fuerte suele retrasar su salida de casa.

“Normalmente salgo a las 07:30 u 08:00, pero si está lloviendo termino saliendo a las 09:00 o 10:00”, explicó.

Este cambio impacta directamente en su negocio, ya que pierde la venta de desayunos. “Puedo perder entre $ 60 y $ 80”, calculó.

Otros usuarios aseguraron que las esperas en los paraderos también se prolongan. Eusebio Morán relató que, en ocasiones, debe esperar entre una hora y treinta minutos para tomar el bus que lo lleva a Bastión Popular. “La lluvia causa bastante molestia, pero no hay mucho que hacer”, expresó.

Luis Torres, por su parte, quien esperaba el bus en los exteriores del Terminal Terrestre, contó que él opta por salir más temprano, según él, exponiéndose a la delincuencia para llegar a su lugar de trabajo cerca del parque Chile.

Quienes trabajan en horarios nocturnos señalaron además que el número de buses disminuye considerablemente en la noche.

Alberto Quintero, que ingresa a su jornada a las 17:00, comentó que después de las 20:00 es difícil encontrar unidades.

Según explicó, esta situación no siempre está relacionada con el clima, sino con el temor de los conductores ante los asaltos en las rutas.

En medio de las lluvias, tanto conductores como pasajeros coinciden en que el invierno altera la rutina diaria en Guayaquil, desde los tiempos de traslado hasta los ingresos de quienes dependen de la movilidad para trabajar.

Fuente: El Universo

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