En su más reciente presentación ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GREHN) ha señalado directamente al actual ministro de Relaciones Exteriores, Valdrack Ludwing Jaentschke Whitaker, como una pieza fundamental en la estructura de vigilancia y persecución contra los ciudadanos nicaragüenses que viven en el exterior.
El documento de las Naciones Unidas destaca que este diplomático sandinista cumplió
“un papel importante en la dirección de la estrategia de represión transnacional del país y en la coordinación de las actividades de inteligencia, por encima de los componentes político y operacional de la arquitectura de vigilancia e inteligencia”
.
Los investigadores del GREHN detallan la existencia de un entramado estatal diseñado con el propósito de detectar, monitorear y ejercer coacción sobre los críticos del régimen que abandonaron la nación tras la crisis de 2018. Este sistema de vigilancia opera bajo una “cadena de mando vertical” en la que participan activamente el cuerpo diplomático, el ejército, la policía y grupos afines al partido de gobierno.
Niveles de la red de persecución
La estructura descrita se organiza en dos dimensiones claras. Existe un nivel político, donde se establecen las prioridades y objetivos estratégicos, y un nivel operacional, encargado de llevar a cabo las acciones concretas en territorio extranjero. Esta dualidad permite que la represión estatal nicaragüense trascienda las fronteras para acosar a quienes son considerados adversarios políticos.
En la parte más alta de esta jerarquía se sitúa Rosario Murillo, quien ejerce como copresidenta y es esposa de Daniel Ortega. Según el reporte, las decisiones críticas sobre los objetivos de vigilancia son tomadas por un grupo selecto que incluye a Murillo, el viceministro del Interior, el asesor presidencial de seguridad e inteligencia y figuras prominentes del Frente Sandinista (FSLN).

Este círculo de poder es el encargado de definir las denominadas “categorías de amenaza”. A partir de allí, se determinan medidas que van desde el hostigamiento digital y presencial, el rastreo mediante las sedes consulares, hasta la prohibición de emitir documentos de identidad u otros certificados oficiales.
Las directrices de este mando central se distribuyen a las embajadas nicaragüenses y a las células del FSLN fuera del país. El informe advierte que esta articulación facilita operativos coordinados en diversas naciones de forma simultánea. Las tácticas no son solo espionaje tradicional, sino que abarcan la recolección de datos privados y el monitoreo constante de la militancia política en la diáspora.
El rol clave de Valdrack Jaentschke
Entre los años 2021 y 2023, Valdrack Jaentschke es identificado como un actor clave en este núcleo de toma de decisiones. Durante dicho periodo, el funcionario acumuló funciones como asesor presidencial en temas internacionales y ocupó cargos diplomáticos en diversas embajadas regionales, lo que facilitó su gestión en países con alta concentración de exiliados.
De acuerdo con los expertos de la ONU, sus designaciones en naciones como Guatemala, Honduras y Costa Rica ocurrieron en momentos de aumento migratorio de opositores. Su estatus cercano a la Presidencia le habría otorgado el poder de articular los niveles político y operativo de esta red de espionaje.
Adicionalmente, se indica que durante sus misiones en el exterior, Jaentschke se dedicó a construir redes de influencia y a supervisar la obtención de datos sensibles sobre los opositores radicados en las naciones donde prestó servicio.
Perfil y trayectoria en la inteligencia
Valdrack Ludwing Jaentschke Whitaker nació el 22 de agosto de 1959 en Corn Island, región del Caribe sur. Proviene de una familia con raíces alemanas; su padre tuvo vínculos laborales con la embajada de Estados Unidos y la autoridad de puertos, mientras que su madre utilizaba habitualmente el inglés criollo.
En su formación académica destaca un título en Ingeniería Civil por la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua y uno en Sociología por la Universidad Centroamericana (1991). Además, posee una maestría obtenida en la Universidad de Pittsburgh, en Estados Unidos, enfocada en Administración Pública.

Su historial con los servicios de inteligencia se remonta a 1983, poco después de la revolución sandinista, cuando se integró a la Dirección General de Seguridad del Estado del Ministerio del Interior. En esa época, participó en operativos de seguridad rural y fue enviado a la embajada en Honduras para espiar los movimientos de la contrarrevolución.
Personas familiarizadas con su trayectoria lo han calificado como un operador especializado en espionaje. Durante la década de los 80, trabajó bajo la asesoría de expertos cubanos para vigilar a los grupos disidentes y a la Contra nicaragüense que operaba desde suelo hondureño.
Con el fin del primer gobierno sandinista, Jaentschke se vinculó al sector de la cooperación internacional. A finales de los 90, encabezó el Nicaraguan for Development Center, organización que administraba recursos de la USAID para proyectos de democracia y gobernabilidad. También colaboró con programas de formación de líderes de las Naciones Unidas.
Regreso al poder y ascenso diplomático
Su retorno a la administración pública ocurrió en 2007, cuando Daniel Ortega volvió a la presidencia. Desde ese momento, se convirtió en una figura recurrente de la cancillería, ocupando el cargo de vicecanciller durante más de diez años y defendiendo la narrativa del régimen ante las denuncias de abusos tras las protestas de 2018.
Recientemente, fue ubicado estratégicamente como ministro consejero en Costa Rica, Honduras y Guatemala. Estas posiciones, según el GREHN, tenían como fin real la coordinación de labores de inteligencia sobre la diáspora, siendo Costa Rica el punto neurálgico debido a la gran cantidad de exiliados que alberga.
En la actualidad, su influencia ha llegado al máximo nivel institucional. En 2025 fue oficializado como co-ministro de Relaciones Exteriores, un puesto que comparte con Denis Moncada bajo la tutela directa de la pareja presidencial.
El engranaje del monitoreo estatal
El reporte de la ONU también detalla que el brazo ejecutor de esta red lo componen la Dirección de Inteligencia y Contrainteligencia Militar y la Dirección de Información para la Defensa. Estas unidades son responsables de crear perfiles de opositores y realizar seguimientos digitales en el exterior.
Se ha detectado que, desde el año 2020, al menos cinco embajadas han tenido agentes de inteligencia encubiertos trabajando en conjunto con el personal diplomático y las estructuras del FSLN para recolectar información de la comunidad nicaragüense en el extranjero.
Otras agencias como TELCOR colaboran activamente mediante la intercepción de comunicaciones y el monitoreo de redes sociales. La información obtenida se cruza con datos de la Dirección General de Migración, el Ministerio de Educación y el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social para consolidar expedientes detallados de los exiliados.

En el terreno, la red se apoya en informantes, agentes encubiertos y militantes partidarios que reportan movimientos familiares y reuniones políticas. Incluso, el GREHN menciona el uso de acuerdos informales con terceros o grupos delictivos locales para intimidar a los exiliados, buscando que el Estado nicaragüense no sea responsabilizado directamente por estos actos.
Para los expertos internacionales, todo este aparato representa una estrategia sistemática para prolongar la persecución política más allá de las fronteras nacionales, combinando recursos diplomáticos, militares y tecnológicos para asediar a la oposición fuera de Nicaragua.
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