La violencia se recrudeció en el sur del territorio libanés durante las últimas horas. En la localidad de Ain Ebel, se confirmó el fallecimiento de tres personas producto de proyectiles israelíes, según los datos recopilados por los organismos de salud. Simultáneamente, un ataque aéreo en la zona de Barich, situada en el distrito de Tiro, sumó otras tres víctimas mortales civiles a la lista de decesos. Estos incidentes forman parte de una campaña militar intensificada contra lo que el mando israelí identifica como núcleos operativos de Hezbolá.
La ofensiva, ejecutada mayoritariamente durante la noche del pasado jueves, ha disparado las alertas en una región ya golpeada por las hostilidades. Las cifras consolidadas por las autoridades de emergencia elevan a seis el número total de fallecidos en diversas demarcaciones del sur libanés. Según los informes, esta escalada responde a la mayor implicación de Hezbolá en el conflicto, motivada por acciones de represalia que la organización vincula al asesinato del líder supremo de Irán, Alí Jamenei. El grupo armado libanés sostiene que sus maniobras buscan respaldar las respuestas de Teherán frente a operaciones de Israel y Estados Unidos.
Advertencia de intervención terrestre
En medio de este clima de confrontación, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, lanzó un ultimátum directo al Gobierno libanés encabezado por Nawaf Salam. El mandatario israelí señaló que una incursión militar por tierra es una posibilidad inminente si Beirut no toma medidas drásticas para neutralizar la actividad de Hezbolá. Durante su declaración del jueves, Netanyahu fue enfático:
“Ustedes se comprometieron, así que tomen su destino en sus propias manos. Ha llegado el momento de que lo hagan”.
Asimismo, el jefe del Ejecutivo israelí advirtió que, ante la inacción de las autoridades locales, su país actuará bajo sus propios términos:
“si no lo hacen, lo hará Israel sobre el terreno o fuera del terreno, en aras de cobrarle un precio muy alto a Hezbolá”.
Los reportes oficiales aclaran que los fallecidos eran ciudadanos civiles que se encontraban en las áreas de impacto, lo que ha generado una profunda alarma por el incremento de víctimas inocentes. Las labores de rescate se han visto seriamente obstaculizadas; los equipos de emergencia reportaron retrasos críticos en su llegada a los puntos de ataque debido a la destrucción de la infraestructura vial y la persistente inseguridad que domina el sur de Líbano.
La situación humanitaria se degrada rápidamente en las comunidades fronterizas. Un número creciente de habitantes ha optado por el desplazamiento forzado, abandonando sus hogares para huir de los bombardeos constantes. Ante esta crisis, las autoridades libanesas han formalizado solicitudes de asistencia internacional para gestionar las necesidades urgentes de alojamiento, alimentación y atención sanitaria para los desplazados internos.
Expertos en la región observan que la intensidad de los ataques se incrementó sustancialmente luego de que Teherán impulsara represalias contra intereses estadounidenses e israelíes. Esta dinámica empujó a Hezbolá a una participación más agresiva en la confrontación. El gobierno de Líbano manifiesta un temor latente a que una intervención militar israelí a gran escala agrave la crisis humanitaria y desestabilice por completo el panorama regional.
Presión sobre el gobierno de Nawaf Salam
El primer ministro Nawaf Salam se encuentra en una encrucijada diplomática bajo fuertes presiones. Por un lado, Israel exige el desarme de las milicias en cumplimiento con acuerdos previos vinculados a misiones de las Naciones Unidas. Por otro lado, la comunidad internacional exhorta a la contención para evitar consecuencias imprevisibles. No obstante, la capacidad de respuesta del Estado libanés es limitada debido al deterioro de su infraestructura y las dificultades logísticas para coordinar servicios de emergencia.
Hasta el momento, Hezbolá no ha emitido una confirmación oficial sobre las bajas civiles, aunque mantiene su discurso de derecho a la respuesta frente a lo que denomina agresiones de Israel y Estados Unidos. Estas operaciones militares han forzado la evacuación de múltiples municipios en la línea fronteriza, afectando la estabilidad tanto en el norte israelí como en el sur de Líbano, en un ciclo de retaliación que no muestra señales de tregua.
Es importante destacar que el saldo de seis muertos se considera provisional. Los equipos de rescatistas aún no han logrado inspeccionar la totalidad de los lugares impactados por el riesgo derivado de los bombardeos. Las autoridades sanitarias continúan evaluando los daños y mantienen en alerta los recursos limitados de los hospitales locales para atender la emergencia actual.
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