La industria de los videojuegos en Europa se prepara para una transformación radical en su sistema de etiquetado. A partir de junio, el organismo Pan-European Game Information (PEGI) aplicará nuevos criterios que podrían elevar la edad mínima recomendada para títulos de gran popularidad, como el conocido EA Sports FC, debido a la inclusión de microtransacciones y los polémicos sobres de cartas aleatorias.
Este cambio normativo introduce cuatro categorías inéditas diseñadas específicamente para regular los artículos de pago, los sistemas de recompensa azarosa y el control sobre el comportamiento de los usuarios en entornos digitales. El objetivo principal de PEGI es fortalecer la seguridad del consumidor y ofrecer una guía mucho más precisa sobre la idoneidad de cada producto para los diferentes rangos de edad.
Un sistema de clasificación en evolución
Actualmente, el esquema de PEGI se divide en etiquetas de 3, 7, 12, 16 y 18 años. Estas calificaciones se asignan tras evaluar factores como la violencia, el lenguaje soez, las referencias a estupefacientes o el contenido de índole sexual. Por ejemplo, los niveles PEGI 3 y 7 están enfocados en el público infantil con contenidos mínimos de impacto, mientras que el PEGI 18 queda reservado estrictamente para material explícito.
Sobre esta reestructuración, el director general de la entidad, Dirk Bosmans, destacó la relevancia de las nuevas medidas para el sector. Según el directivo:
“Esta es, en términos de alcance y cuantitativos, probablemente la actualización más significativa que hemos tenido en nuestra historia”
Se espera que los primeros videojuegos evaluados bajo estos parámetros se den a conocer oficialmente durante la próxima edición de la feria Gamescom, consolidando así el inicio de esta nueva era en la regulación europea.
Regulación estricta de pagos y activos digitales
Uno de los pilares de la reforma se centra en las compras integradas, que incluyen desde pases de batalla hasta contenidos con disponibilidad limitada. De forma general, estos títulos recibirán una calificación de PEGI 12. Sin embargo, existe un incentivo para las empresas: si el juego implementa sistemas que bloqueen estas compras de forma predeterminada, podrá aspirar a una etiqueta PEGI 7.
En cuanto a las tecnologías emergentes, la normativa es tajante: cualquier videojuego que facilite transacciones con tokens no fungibles (NFT) será catalogado automáticamente como PEGI 18. Esta decisión responde a los riesgos financieros que el organismo asocia a estas operaciones dentro del ecosistema del entretenimiento.
Cajas de botín y dinámicas de juego
Las recompensas aleatorias obtenidas mediante dinero real, comúnmente conocidas como cajas de botín o sobres de cartas, también sufren un endurecimiento. Estos mecanismos llevarán a los juegos a una clasificación PEGI 16. No obstante, al igual que con las compras directas, si el desarrollador ofrece controles para inhabilitar estas opciones desde el inicio, la calificación podría reducirse a PEGI 7.
Por otro lado, la tercera categoría aborda el diseño adictivo. Aquellos títulos que empleen mecánicas para incentivar el juego diario ininterrumpido o desafíos periódicos obligatorios serán marcados como PEGI 7. Estas obras deberán incluir una descripción explícita que advierta sobre dichas funciones, cuyo texto final está siendo perfeccionado por el organismo regulador.
Seguridad en línea y protección del menor
Finalmente, la cuarta categoría pone el foco en la toxicidad en las comunidades online. Los videojuegos que permitan la comunicación mediante voz, texto o video, pero que carezcan de herramientas robustas de moderación y reporte de abusos, serán sancionados con un PEGI 18. Esta medida busca mitigar la exposición de los menores a conductas nocivas en los entornos virtuales.
A través de estas actualizaciones, PEGI responde a la creciente demanda social de proteger el bienestar de la juventud. Con estas reglas, se espera que las desarrolladoras adopten mejores prácticas y configuren salvaguardas automáticas que protejan la integridad de los jugadores más vulnerables.
El impacto será notable tanto en grandes producciones como en juegos independientes. El caso de EA Sports FC es un ejemplo claro de cómo estas normativas podrían alterar la percepción de los padres y limitar el acceso de los niños a ciertos productos. Al final, esta transparencia busca que los padres y tutores cuenten con información veraz y herramientas técnicas para gestionar de forma responsable el ocio digital de sus hijos.
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