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El quechua destaca en el Festival de Málaga con ‘La hija cóndor’

En el marco de la 29ª edición del reconocido Festival de Málaga, la cultura andina cobró un protagonismo especial gracias a la actriz María Magdalena Sanizo. La intérprete cautivó a los asistentes y a los medios de comunicación al utilizar su lengua materna, el quechua, para despedirse con un significativo «Pachi». Este gesto ocurrió tras la exhibición de ‘La hija cóndor’, una producción cinematográfica que compite en la sección oficial del certamen y que profundiza en la identidad indígena y la relevancia de las tradiciones en las zonas rurales de los Andes.

El responsable detrás de esta obra es el cineasta boliviano Álvaro Olmos Torrico, quien presentó el largometraje este jueves. El director llega a la cita malagueña precedido por el éxito obtenido en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. La película es fruto de una colaboración internacional entre Bolivia, Perú y Uruguay. La trama sigue los pasos de Clara, una joven dividida entre el aprendizaje del oficio de partera junto a su madre adoptiva y su sueño personal de alcanzar el éxito como figura del folclore en el entorno urbano.

Un rodaje inspirado en la energía de los Andes

Durante el encuentro con la prensa en el cine Albéniz, Olmos Torrico estuvo acompañado por las protagonistas Iris Sigalit y María Magdalena Sanizo, además del responsable de fotografía, Nicolás Wong. El director compartió que su conexión con la región de Cochabamba, situada en el corazón de los Andes, fue el motor principal para el desarrollo del proyecto. Según sus propias palabras:

«el germen de esta película es que yo quería volver a filmar ahí porque me había enamorado por completo de la zona y sentía una energía importante»

.

Aunque el planteamiento inicial de la historia se centraba en el retorno de una mujer a su comunidad y su encuentro con una partera, el guion sufrió una transformación profunda. El contacto real con la partera de la zona permitió que la narrativa evolucionara hacia una exploración de la resistencia cultural. Una de las estrategias más destacadas de la producción fue la incorporación de actores naturales, buscando que los rostros en pantalla fueran una extensión auténtica del entorno retratado.

Autenticidad y herencia familiar

María Magdalena Sanizo, quien encabeza el reparto, explicó que no posee una formación académica en artes escénicas. Su interpretación se nutrió directamente de sus vivencias personales y el legado de su familia. Sobre este vínculo, la actriz recordó:

«Mi abuela era partera, entonces yo vi cómo atendía, y yo ayudaba también alcanzando matecitos cuando mi abuela atendía el parto»

. Esta conexión orgánica permitió que las prácticas tradicionales se sintieran legítimas en cada escena de la película.

Por otro lado, la actriz profesional Iris Sigalit resaltó la entrega de los habitantes locales durante la filmación. Los miembros de la comunidad no dudaron en caminar trayectos de hasta dos o tres horas para participar en el rodaje. Esta implicación también se manifestó cuando el filme fue proyectado en la localidad, donde muchos espectadores recorrieron grandes distancias para verse reflejados y escuchar su propio idioma, el quechua, en una pantalla de cine.

La resistencia frente a la modernidad

Al discutir el trasfondo social de ‘La hija cóndor’, el director boliviano señaló que existe una tensión constante entre el respeto a las raíces y la presión de los modelos occidentales. Olmos Torrico describió su película como un acto de resistencia frente a cambios que suelen ignorar la riqueza de las culturas ancestrales. Si bien aclaró que no ve el progreso moderno como algo negativo, sí enfatizó que este puede llegar a ser invasivo para las costumbres locales si no existe un equilibrio.

Finalmente, ‘La hija cóndor’ se posiciona como una pieza clave para la reivindicación de las tradiciones andinas, elevando el quechua y el conocimiento ancestral a escenarios de prestigio internacional. La participación de actores sin experiencia previa junto a profesionales, sumada al gesto de despedida de Sanizo, subraya la importancia de abrir espacios para representaciones culturales que históricamente han tenido poca visibilidad en los grandes festivales del mundo.

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