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Impacto de la crisis en Medio Oriente: El respiro para Vladimir Putin

Entre los días 22 y 26 de febrero, el Sarah, un buque petrolero de dos décadas de antigüedad que opera bajo la bandera de Hong Kong, optó por desconectar sus sistemas de localización con el fin de cargar tres suministros de crudo ruso provenientes de naves de menor tamaño cerca de las costas de Omán. Inicialmente, su trayectoria apuntaba hacia Singapur, con la intención de transferir el cargamento hacia un “buque fantasma” con destino final en China. No obstante, el panorama cambió el 6 de marzo, apenas un día después de que Estados Unidos autorizara una exención de sanciones por 30 días para que las refinerías de la India compraran petróleo de Rusia. Ante esto, el Sarah modificó su ruta drásticamente y ahora tiene previsto atracar en una refinería india este 14 de marzo.

Este cambio de dirección del navío funciona como una representación visual de la transformación que ha experimentado la industria de energía rusa a raíz del conflicto bélico de Irán. Debido al bloqueo virtual del estrecho de Ormuz, cerca del 15% del crudo global ha quedado inmovilizado en la zona del Golfo. Es importante recordar que en diciembre, el Brent —referencia mundial de precios— había caído a un mínimo de 59 dólares por barril, despertando temores de un exceso de oferta; sin embargo, en la actualidad la cifra ronda los 100 dólares. Este incremento ha provocado que el mercado global ya no pueda permitirse el lujo de ignorar los barriles de origen ruso. De hecho, el 12 de marzo, el gobierno de Donald Trump extendió sus permisos para que diversas naciones adquieran petróleo ruso que ya se encuentre en tránsito.

Esta tregua económica llega en un momento crítico para Vladimir Putin. Previo a la inestabilidad con Irán, las proyecciones indicaban que las ganancias petroleras rusas y su estabilidad financiera estaban en declive. Grandes compradores en China e India habían pausado sus adquisiciones en noviembre, anticipándose a las restricciones estadounidenses sobre Rosneft y Lukoil. Para el mes de febrero, las exportaciones se habían reducido en un 20%, lo que generó que los ingresos por hidrocarburos del Kremlin fueran un 44% inferiores a los registros del año pasado. En un lapso de solo dos meses, el déficit presupuestario escaló a los 3,4 billones de rublos, lo que representa el 90% de la meta establecida para todo el 2026.

Actualmente, el valor del Brent ha regresado a los niveles promedio observados durante el año en que se produjo la invasión total de Ucrania. Robin Brooks, experto del Brookings Institution, estima que si el paso por Ormuz continúa restringido, Rusia podría cosechar otra “ganancia inesperada al estilo de 2022″. Según sus cálculos, estos ingresos podrían ser suficientes para equilibrar los USD 300.000 millones en activos financieros que las potencias occidentales congelaron al Banco Central ruso en aquel entonces.

El beneficio más próximo de la inestabilidad en el Golfo para Moscú es la posibilidad de evacuar el exceso de petróleo acumulado en el mar por falta de compradores. La India ya ha incrementado sus adquisiciones en un 50% aproximadamente, lo que ayudó a que las reservas flotantes de Rusia bajaran un 10%, situándose en 122 millones de barriles. China también ha reportado alzas en sus importaciones. Aunque esto favorece principalmente a los intermediarios, se espera que la administración de Trump mantenga una postura flexible ante los nuevos envíos. Esto otorgaría a Rusia tres ventajas estratégicas: cotizaciones más elevadas para su producción, una relajación en la presión de las sanciones y el potencial soporte de China para infraestructuras futuras.

En cuanto a la estructura de precios, la escasez de crudo proveniente del Golfo ha generado una búsqueda desesperada de proveedores alternos. El petróleo ruso destaca por ser muy similar en calidad al de Medio Oriente, lo que facilita su procesamiento en las refinerías asiáticas. La demanda es tan alta que el crudo tipo Urals entregado en India, que solía venderse con rebajas significativas, ahora se transacciona con una prima superior al Brent.

Incluso esta valoración podría quedarse corta frente a las ganancias reales. Las refinerías privadas en China utilizan el concepto de “precio de activación” para gestionar sus pagos. Bajo este esquema, los vendedores otorgan hasta dos meses para fijar el costo final basado en el Brent, permitiendo a los compradores obtener flujo de caja. No obstante, el rápido ascenso del precio actual ha dificultado que estas empresas cumplan con los márgenes de garantía. Tom Reed, de Argus Media, señala que esto permite a los proveedores rusos optar por “forzar el desencadenante” de los contratos a los precios más altos posibles.

Sergey Vakulenko, quien fuera integrante de Gazprom Neft, proyecta que cada subida de 10 dólares en el Brent durante un mes incrementa los ingresos energéticos rusos en 2.800 millones de dólares, de los cuales 1.600 millones fluyen directamente a las arcas del Kremlin. Aunque el gas aporta menos, estas ganancias adicionales permitirán sostener el presupuesto ruso de 2026 (diseñado originalmente con un barril a 59 dólares), financiando la continuidad de la guerra y elevando el PIB de forma mecánica.

Por otro lado, la crisis actual imposibilita que Occidente endurezca las medidas de presión. Antes del conflicto en el Golfo, se esperaba que el gobierno de Trump aplicara aranceles secundarios y persiguiera a la flota de barcos encubiertos de Rusia. Sin embargo, Rachel Ziemba, del Centre for a New American Security, advierte que la credibilidad de EE. UU. se ha mermado con las recientes flexibilizaciones. Esto amplía la fractura con la Comisión Europea, que buscaba una prohibición total de servicios marítimos para el crudo ruso, un plan que ahora parece estancado por la oposición de naciones como Hungría y Eslovaquia.

Existe también el riesgo de que la inminente crisis de gas natural empuje a los países europeos a romper sus promesas de abandonar el GNL ruso el próximo año. Un funcionario de la región expresó con preocupación:

“No podemos permitirnos librar dos guerras al mismo tiempo”.

China, que recibe un tercio de su GNL del Golfo, también observa con cautela su vulnerabilidad en las rutas marítimas. Aunque posee reservas de crudo para 120 días (1.300 millones de barriles), solo cuenta con reservas de gas para 40 días. Esto hace que las alternativas de suministro terrestre, como las que ofrece Rusia, se vuelvan prioritarias.

En este contexto, Moscú ha impulsado el proyecto “Power of Siberia 2″, un ducto de 2.600 kilómetros que duplicaría sus exportaciones de gas hacia el gigante asiático. Aunque las condiciones de “take-or-pay” y los precios habían frenado el acuerdo, es probable que China ceda ahora para asegurar su suministro, abriendo la puerta también a proyectos de GNL en el Ártico.

Perspectivas de un beneficio temporal

No obstante, especialistas como Thane Gustafson, de la Universidad de Georgetown, sugieren que este repunte podría ser solo un “subidón de azúcar” temporal. Rusia enfrenta problemas estructurales: los ataques constantes de Ucrania contra su infraestructura petrolera obligan a gastar capital en reparaciones en lugar de nuevas perforaciones. Se estima que Rusia solo tiene un margen de producción extra de 300.000 barriles por día, insuficiente para cubrir el vacío dejado por el Golfo. John Kennedy, exfuncionario comercial, afirma que

“Ucrania tiene todos los incentivos para redoblar sus ataques y garantizar que la producción rusa siga en peligro”

.

Si la crisis se extiende y el barril supera los 150 dólares, podría desplomarse la demanda global, afectando las ganancias de Moscú a largo plazo. Además, el caos en el Golfo podría fracturar a la OPEP, convirtiendo a Rusia en rival directo de sus socios como Arabia Saudí.

En conclusión, el conflicto de Irán no cambia la realidad de fondo. Para Vakulenko, Rusia estaba en una posición superior antes de 2022, cuando operaba sin sanciones y con socios occidentales. El actual escenario apenas repara el 20% de los daños sufridos y no evitará que su producción de crudo caiga un 3% anual. El dinero extra, aunque ayuda al presupuesto, no garantiza victorias militares, ya que el estancamiento de Rusia responde a límites de fuerza operativa y no solo financieros. Ormuz ha dado un alivio momentáneo, pero los desafíos estructurales persisten.

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