La fascinación por los tesoros vinculados a las antiguas dinastías europeas permanece intacta a través de los siglos. En esta ocasión, una pieza de valor excepcional perteneciente a la última reina de Francia ha vuelto a situarse en el foco de coleccionistas internacionales: un par de pendientes compuestos por casi un centenar de diamantes y dos perlas naturales de gran tamaño, cuyo precio de salida ronda los siete millones de euros.
Estas joyas fueron propiedad de María Amalia de Borbón-Dos Sicilias, quien ostentó el título de consorte de Luis Felipe I de Orleans, el último monarca francés antes de que la institución fuera abolida permanentemente en 1848. Cabe destacar que la reina mantenía un vínculo directo con la Corona española, al ser nieta del rey Carlos III.
Los pendientes se distinguen por ser de los pocos ornamentos que consiguieron sobrevivir a la dispersión del tesoro real francés. Tras las profundas transformaciones políticas del siglo XIX, las autoridades de la época optaron por vender gran parte de las joyas de la corona, las cuales conformaban una de las colecciones más valiosas y completas jamás documentadas.
La entidad responsable de poner esta reliquia a disposición del mercado es la sala de subastas M. S. Rau Antiques. La transacción incluye un robusto certificado de autenticidad y documentación histórica relevante. Entre los archivos adjuntos destaca un retrato de la época donde la propia reina Amalia luce los pendientes, además de una carta firmada por Jean de Orleans, actual conde de París y descendiente de la monarca, donde se detalla la trazabilidad de las piezas a través de las generaciones de la familia.
Dimensiones de dos perlas extraordinarias
El elemento más distintivo de esta joya es, sin duda, el volumen de sus perlas. Dentro del sector de la alta joyería, estas gemas poseen una característica particular: su cotización no se incrementa de forma lineal según su tamaño, sino que el precio puede multiplicarse drásticamente a medida que sus dimensiones aumentan.

En este conjunto, ambas perlas naturales cuentan con medidas sumamente parecidas, aunque no son idénticas, un rasgo típico de las gemas de origen orgánico. Una de las piezas presenta dimensiones de 10,95 x 11,05 x 14,80 milímetros, mientras que su par alcanza los 10,85 x 10,90 x 14,90 milímetros.
La confección original de los pendientes data aproximadamente del año 1790, respetando los cánones estéticos de finales del siglo XVIII. Con el paso del tiempo, se les incorporó el marco de diamantes que hoy rodea a cada perla, una modificación que se atribuye al afamado joyero Mellerio dits Meller, quien era el proveedor predilecto de la casa real francesa. Los expertos en la materia señalan que se conservan menos de diez joyas cuya procedencia de la reina Amalia sea totalmente certera, lo que justifica la gran expectación generada.
Un legado histórico de valor millonario
La valoración económica que roza los siete millones de euros encuentra su lógica en los antecedentes de ventas de joyas reales en años recientes. Diversos objetos relacionados con la realeza de Francia han logrado cifras astronómicas en pujas internacionales.
Un ejemplo emblemático es una perla que perteneció a la reina María Antonieta, tía de Amalia, la cual se vendió por 41 millones de dólares. Asimismo, un diamante de color rosa vinculado a la misma soberana alcanzó una cifra cercana a los 14 millones de dólares.

Más allá de la tasación intrínseca de los materiales, el valor de estos pendientes radica en su trasfondo histórico. Las piezas se han mantenido bajo el resguardo de la familia durante casi doscientos años, siendo esta la primera ocasión en la que se ofrecen públicamente en el mercado.
En definitiva, se trata de una obra de orfebrería con un profundo significado, al representar uno de los escasos fragmentos del tesoro real que sobrevivió a la caída definitiva de la monarquía gala, convirtiéndose ahora en un objeto de deseo para las colecciones más exclusivas del mundo.
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