Hace aproximadamente 27 años, el reconocido cantautor uruguayo Jorge Drexler atravesaba una etapa de cambios profundos marcada por el nacimiento de su primer hijo y el lanzamiento de su álbum Frontera, grabado íntegramente en su país natal. Hoy, casi tres décadas después, el destino vuelve a colocar al músico en una encrucijada vital similar tras el fallecimiento de su padre, un suceso que ha transformado su posición dentro de la estructura familiar y lo ha impulsado a buscar refugio nuevamente en sus orígenes.
Esta amalgama de sentimientos ha dado vida a su más reciente producción discográfica titulada Taracá. En este proyecto, el candombe uruguayo actúa como el núcleo rítmico y conceptual a lo largo de sus once canciones. El álbum destaca por una sonoridad donde la palabra y el tambor adquieren un rol protagónico. Además, Drexler incluyó colaboraciones de alto perfil, entre las que sobresale su trabajo con Young Miko, a quien contactó tras su paso por Puerto Rico durante un evento en la residencia de Bad Bunny.
La estructura y el significado de Taracá
Al analizar la composición de este disco, Drexler enfatiza la importancia de la percusión afrouruguaya. El nombre del álbum no es casual; según explica el propio artista,
“Taraca es una onomatopeya que refiere a la figura del tambor chico, que es uno de los tres tambores del candombe”
. El uso recurrente de la vocal ‘A’ en el título busca evocar espontaneidad y apertura, siendo para el músico la vocal que representa tanto el placer como el dolor. Asimismo, juega con el lenguaje coloquial uruguayo:
“Taraca es nuestra manera de decir ‘estar aquí’, acá se usa el acá. Entonces, el acortamiento, la aféresis de en vez de estar decir tar acá, toy acá”
.
Esta desconexión con el presente y reconexión con su territorio responde a una necesidad instintiva generada por los cambios de estatus familiar. Drexler compara este momento con lo vivido en 1999. Mientras que en aquel entonces pasó a ser padre, en este 2026 ha dejado de ocupar el rol de hijo tras la partida de su progenitor. Lejos de optar por una postura conservadora o de extrema responsabilidad, el artista decidió arriesgarse:
“podía sentir que tenía que asumir el rol del mayor de la familia… O, como me pasó, me dieron ganas de innovar, de trabajar con gente más joven, de arriesgar, de jugarme el pellejo”
. Para lograr esto, se rodeó de talentos emergentes como el productor Tadu, quien inició el proyecto con apenas 21 años, junto a un equipo técnico que no supera los 32 años.

Memorias de una infancia entre dos realidades
El proceso creativo también estuvo influenciado por la revisión de material audiovisual familiar capturado por su padre en una cámara de Súper 8. Estas imágenes revelaron una infancia dividida por contrastes marcados: un hogar lleno de afecto que contrastaba con el ambiente externo de la dictadura en Uruguay, donde imperaba el miedo. Drexler destaca que la mayor enseñanza de sus padres fue la capacidad de construir puentes entre mundos opuestos, como sus diferentes visiones políticas o religiosas.
Rituales, tecnología y colaboraciones modernas
En cuanto a su preparación antes de subir al escenario, el músico confiesa mantener ciertos hábitos, como el consumo de una medida y media de ron, bajo el concepto de la “sobria ebriedad” de su maestro Antonio Escohotado. Esta práctica le ayuda a gestionar la tensión del espectáculo sin perder el control.

Sobre las colaboraciones en Taracá, Drexler destaca el riesgo artístico asumido en temas como “Me desperté” junto a Bhavi, a quien considera su sensei en el manejo del flow. También defendió el uso del autotune como una herramienta técnica y estética, comparando las críticas actuales con las que recibió la guitarra en su transición desde la vihuela:
“Los tipos que eran hinchas de la vihuela… decían: ‘Ahora cualquier mozo de cuadra percute una guitarra y puede cantar canciones’”
.

Uno de los momentos más esperados es el tema “Te llevo tatuada”, grabado junto a Young Miko. El uruguayo elogió la elegancia y el baile en la voz de la puertorriqueña. Sobre su paso por La Casita de Bad Bunny, Drexler admitió haberse sentido honrado pero también abrumado por la exposición constante:
“hay una peligrosísima combinación de barra libre y 600 teléfonos móviles apuntando hacia vos… Cuidado con bostezar”
. Finalmente, el artista recordó con orgullo su paso por los premios Óscar, donde fue pionero al cantar en español, estableciendo un paralelo con el éxito global que hoy cosecha la música en nuestro idioma.
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