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¿Por qué repetimos relaciones dañinas? Claves de la psicóloga Icíar Navarro

Es un fenómeno común que numerosas personas experimenten una sucesión de vínculos sentimentales que concluyen de manera casi idéntica. Aunque cambien los nombres de los involucrados o ciertos detalles de la convivencia, el desenlace tiende a ser una constante marcada por el desgaste emocional, la decepción o un profundo malestar. Para quienes se encuentran atrapados en este ciclo, la interpretación más frecuente suele atribuirse a factores externos, como la mala fortuna o la incapacidad recurrente de elegir a la persona adecuada.

No obstante, expertos en el área de la psicología relacional advierten que estas repeticiones sistemáticas no suelen ser producto del azar. Por el contrario, existen patrones conductuales y de elección que operan bajo el nivel de la consciencia, consolidándose a través del tiempo y determinando la forma en que un individuo se conecta con los demás. En este contexto, la labor profesional se enfoca en desentrañar los procesos internos que rigen la vida afectiva por encima de las circunstancias superficiales.

Bajo esta premisa, la psicóloga Icíar Navarro, conocida en redes sociales como @bibepsicologia, ha profundizado en cómo las creencias arraigadas condicionan la interpretación que cada sujeto tiene sobre conceptos fundamentales como el amor y la intimidad. Navarro argumenta que la reiteración de vínculos tóxicos o dañinos tiene raíces mucho más profundas de lo que parece a simple vista.

La manera en la que se interpreta el amor que se cree merecer influye en la elección de unas relaciones u otras. (Freepik)

La búsqueda de lo familiar frente a lo saludable

La especialista inicia sus intervenciones planteando una interrogante directa para quienes se sienten identificados con este patrón:

“Siempre acabas en relaciones que te hacen daño. ¿Te identificas con esto? Si esto te resuena, hoy quiero compartir algo contigo”

. La psicóloga reconoce que es usual escuchar en consulta testimonios que achacan la situación a la suerte, con frases como:

“Icíar, es que qué mala suerte tengo. Es que siempre me fijo en el mismo tipo de persona”

. Ante esto, la experta es tajante al afirmar que “esto no es cuestión de suerte”.

El origen del problema reside en las denominadas creencias nucleares. Estas son estructuras mentales formadas durante la infancia que moldean la autopercepción y la relación con el entorno. Navarro detalla que algunas de las ideas más recurrentes que surgen en terapia son:

“‘No soy suficiente, me van a abandonar, no merezco la pena, tengo que ganarme el amor del otro’”

. Estas premisas, aunque a menudo invisibles para el individuo, actúan como filtros que dirigen sus decisiones afectivas.

De acuerdo con la psicóloga, cuando una persona crece bajo estos mensajes, su organismo asocia el afecto con sensaciones de alerta.

“Tu cuerpo aprende que el amor va unido a cierta incomodidad, cierta tensión, inseguridad, como sensación de lucha”

, explica. Este condicionamiento emocional provoca que, al llegar a la madurez, se dificulte el interés por dinámicas de pareja que ofrezcan estabilidad y respeto.

Quienes se identifican con este patrón, suelen ser aburrimiento cuando se topan con relaciones estables. (Freepik)

La experta señala un contraste revelador: cuando estas personas conocen a alguien disponible, respetuoso y estable, suelen no experimentar ninguna conexión química.

“Cuando conoces a alguien estable, disponible, divertido, respetuoso, dentro de ti no se activa nada”

, asegura Navarro. En tales casos, es común que surja el aburrimiento o la desconexión, manifestándose en comentarios hacia el entorno social como:

“Sí, me gusta, pero es que es demasiado bueno”

.

Por el contrario, la atracción se intensifica ante perfiles emocionales impredecibles o fríos. Navarro sostiene que esto no sucede por un deseo consciente de sufrir,

“sino porque eso te encaja más con una historia que tú ya conoces”

. El cerebro humano tiene una tendencia innata a evitar la incertidumbre, prefiriendo lo conocido aunque sea perjudicial.

“Nuestro cerebro muchas veces no busca lo sano, busca lo familiar, porque la incertidumbre no la lleva nada bien”

, enfatiza la psicóloga.

Para romper este ciclo, la especialista subraya que la solución no depende del azar, sino de un trabajo introspectivo profundo.

“Por eso tener relaciones más sanas no es cuestión de suerte. Hace falta trabajar, ver cómo te miras, qué has aprendido, qué creencias tienes sobre ti, qué crees que mereces y desde dónde te vinculas”

. Finalmente, Navarro concluye que la clave reside en la autopercepción, pues

“cuando tu relación contigo cambia, también cambia lo que aceptas, lo que dejas pasar y las personas a las que eliges”

.

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