El especialista Antonio Griguolo, quien posee una licenciatura en Ciencias Biomoleculares y Celulares, ha resaltado en un reciente análisis científico que la práctica de caminar es totalmente compatible con la osteoartritis. Según el experto, el movimiento moderado es un factor determinante en el tratamiento de esta condición, ya que ayuda a la nutrición del cartílago, fortalece los músculos que rodean las articulaciones y disminuye la sensación de rigidez, desestimando la idea de que la actividad física acelera el deterioro de las articulaciones.
De acuerdo con la evidencia científica disponible, el objetivo ideal de actividad para personas adultas que padecen osteoartritis se encuentra en un rango de entre 6.000 y 8.000 pasos al día. Esta cantidad es suficiente para incrementar la movilidad y mitigar el riesgo de discapacidad causado por el sedentarismo. No se considera estrictamente necesario llegar a los 10.000 pasos que suelen recomendarse de forma general; el Dr. Griguolo enfatiza que la constancia en la actividad tiene mayor peso que realizar esfuerzos intensos de forma aislada. Se sugiere iniciar con caminatas de 10 a 15 minutos e ir progresando según la resistencia de cada paciente.
Es importante comprender que el cartílago articular tiene una circulación sanguínea muy limitada, por lo cual depende directamente del movimiento para obtener el oxígeno y los nutrientes necesarios. Al caminar, se produce un estímulo en la circulación del líquido sinovial, lo que favorece la hidratación de las áreas articulares. La acción de compresión y liberación que ocurre rítmicamente durante la marcha permite que este líquido se distribuya de forma uniforme, ayudando a mantener la flexibilidad y evitando la rigidez matutina que caracteriza a la osteoartritis.
Ventajas del ejercicio y consejos para una rutina protegida
Realizar ejercicios de bajo impacto, como las caminatas, permite mantener la movilidad articular sin exponer al cuerpo a microtraumatismos constantes, algo que sí ocurre con actividades de mayor exigencia como saltar o correr. Investigaciones indican que es provechoso alternar las caminatas con otras disciplinas, tales como la natación, la hidrocinesiterapia o el uso de la bicicleta (ya sea estática o en terrenos planos), para estimular el sistema musculoesquelético sin generar sobrecargas peligrosas.

Aplicar una técnica correcta al andar resulta vital: el movimiento debe iniciar con el contacto del talón en el suelo y concluir con el impulso que brindan los dedos, garantizando que el peso se reparta de manera equilibrada. Se recomienda caminar sobre superficies niveladas, de preferencia asfalto o materiales sintéticos, para reducir el riesgo de lesiones por inestabilidad. Asimismo, es aconsejable evitar las bajadas pronunciadas, puesto que estas aumentan significativamente la presión en las rótulas.
Para mejorar la seguridad, es fundamental el uso de calzado con soporte de arco y una adecuada suela amortiguadora, además de emplear bastones de marcha si el médico lo indica. Es necesario vigilar la postura y la técnica de respiración. En momentos donde exista un proceso inflamatorio activo, no se debe forzar la articulación; en su lugar, se recomiendan estiramientos muy suaves o rutinas de movilidad pasiva.
Metas de pasos y señales para detenerse
El parámetro establecido de 6.000 a 8.000 pasos diarios cuenta con el respaldo de estudios enfocados específicamente en pacientes con osteoartritis. Esta cifra es menor a la recomendación estándar para personas sanas, reconociendo que factores como el dolor y el cansancio pueden afectar la continuidad del ejercicio, por lo que se prioriza siempre la seguridad del paciente.
Finalmente, el Dr. Griguolo menciona que existen señales de alerta que no deben ignorarse. Si el dolor persiste por más de dos horas después de haber terminado de caminar, o si se presenta hinchazón, calor o enrojecimiento en la zona articular, se debe interrumpir la actividad. Ante estos síntomas, es imperativo acudir a un médico o fisioterapeuta para recalibrar el plan de entrenamiento o evaluar la necesidad de soportes ortopédicos. La marcha regular y controlada sigue siendo una de las terapias no farmacológicas más eficientes para proteger la salud de las articulaciones a largo plazo.
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