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Conflictos Globales: El pulso entre Israel, Irán y potencias mundiales

El escenario internacional actual se define por una compleja superposición de tensiones. En primera instancia, observamos el enfrentamiento histórico entre Israel e Irán. A esto se suma la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China por el dominio de los recursos energéticos globales. No obstante, en el fondo del conflicto subyace un factor que podría ser determinante: el choque cultural entre distintas civilizaciones.

La confrontación entre Israel e Irán

La postura histórica de la República Islámica de Irán, que se opone a la existencia del Estado de Israel, encuentra hoy una respuesta contundente por parte del gobierno liderado por Benjamín Netanyahu. Este gabinete, que integra a figuras de la derecha radical como Ben-Gvir, Smotrich y Lior, cuenta con el firme respaldo del lobby pro-israelí en suelo estadounidense. Desde esta perspectiva, Israel se posiciona como un actor autónomo dentro de un bloque occidental fragmentado, argumentando que este es el momento definitivo para desarticular el programa nuclear militar y la industria de misiles iraní.

Para alcanzar estos objetivos, la administración israelí ejerce una presión constante sobre Estados Unidos, cuyo soporte resulta indispensable. Mientras tanto, el proyecto de consolidar el denominado Gran Israel, abarcando territorios desde Gaza hasta Cisjordania, enfrenta la resistencia de figuras como Donald Trump y el rechazo de la Unión Europea y el Reino Unido. No obstante, algunos analistas sugieren que la reciente difusión de los archivos vinculados al caso Epstein podría haber fortalecido la capacidad de influencia global de ciertos sectores.

La pugna estratégica: Estados Unidos frente a China

En el tablero de las grandes potencias, una eventual derrota de Irán a manos de Estados Unidos abriría la puerta a lo que Donald Trump denomina venezolización. Este concepto implica que las mayores reservas de crudo del planeta pasarían a estar bajo la órbita de Washington, otorgándole una ventaja estratégica inmensa frente a otros centros de poder, especialmente ante China. Queda la incógnita de si este fue un tema de conversación entre Trump y Putin en sus encuentros en Alaska.

Para la visión de Trump, el escenario ideal sería un cambio de régimen en Teherán que acepte este nuevo orden, dado que una ocupación militar directa por parte de las fuerzas estadounidenses se considera inviable. La táctica actual parece centrarse en fomentar divisiones internas mediante el apoyo a diversas etnias en territorio iraní, tales como los kurdos, azeríes y baluches, con la esperanza de fragmentar la nación desde dentro y establecer un gobierno afín a los intereses de Washington, aunque este plan está cargado de incertidumbres.

Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel

Tácticas militares y el auge de los sistemas de bajo costo

En el campo de batalla, Irán enfrenta una merma considerable en sus capacidades navales y aéreas tradicionales. Por ello, su estrategia se ha volcado hacia el uso masivo de drones de bajo costo, misiles y embarcaciones ligeras. Estos elementos funcionan como blancos móviles que, a pesar de los constantes bombardeos israelíes, han demostrado capacidad para alcanzar bases militares de Estados Unidos, infraestructuras críticas como plantas desalinizadoras y ductos petroleros, así como embarcaciones civiles y militares.

A pesar de que Irán podría sufrir por la falta de misiles de última generación o propulsores sólidos, su producción de drones sigue siendo una amenaza latente. Si esta capacidad de resistencia se mantiene en las próximas semanas, el conflicto podría derivar hacia una fase de estancamiento negociador. El problema para el bloque de Israel y Estados Unidos radica en el alto costo de su defensa; emplean radares y sensores sofisticados que no se reemplazan con facilidad. Durante la era de la globalización financiera, EE.UU. debilitó su base industrial de defensa, y hoy se enfrenta a que la producción anual de misiles para sistemas como THAAD y PATRIOT se consume en apenas siete días.

En la nueva economía de guerra, lo barato supera a lo caro, la cantidad supera a la precisión, y la velocidad supera a la calidad, lo que permite traspasar los costosos sistemas de defensa tradicionales. Cualquier éxito defensivo, hoy sale demasiado caro. La visión occidental de un ataque militar tecnológicamente superior, rápido y limpio está empezando a ser cuestionada. Hasta victorias tácticas podrían resultar en derrotas estratégicas.

La táctica iraní ha consistido en saturar las defensas enemigas utilizando misiles obsoletos y drones de sacrificio para agotar los interceptores del sistema PATRIOT. Cabe destacar que se requieren tres interceptores, con un valor cercano a los 9 millones de dólares, para detener un solo misil balístico iraní. El ejército de EE.UU., diseñado para invasiones convencionales y dominio aéreo, encuentra en el terreno iraní un desafío casi insuperable. El objetivo de Teherán no es una victoria militar tradicional, sino imponer una guerra de desgaste regionalmente dispersa y económicamente insostenible para sus adversarios.

Impacto en la infraestructura energética global

Aunque Irán no ha clausurado oficialmente el Estrecho de Ormuz, las aseguradoras de riesgo han generado un efecto similar. Mientras tanto, se registran ataques metódicos contra la infraestructura en el Golfo y oleoductos clave en el Cáucaso, como el que conecta a Azerbaiyán con Turquía. Aún persisten riesgos sobre el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita y el centro de procesamiento de Abqaiq, que gestiona la mayor parte del petróleo saudí.

Llamativamente, el precio del barril de crudo no ha superado la barrera de los 100 dólares, lo que sugiere que el mercado anticipa un conflicto de corta duración, no mayor a un mes. Sin embargo, si la guerra se prolonga, el equilibrio dependerá de la presión sobre las instalaciones energéticas y las reservas de los países importadores como Japón, Corea del Sur, India y Europa. Por su parte, China mantiene grandes reservas y podría recurrir a suministros de Rusia o Asia Central.

Donald Trump

El trasfondo cultural y civilizatorio

La cosmovisión occidental está cimentada en el individualismo y el mercado, habiendo dejado de lado, en gran medida, sus raíces cristianas en favor del globalismo. En contraste, otras culturas priorizan conceptos como el sacrificio individual por la armonía colectiva en Oriente (China, Japón), el fervor religioso en el mundo islámico o el respeto profundo por la tradición en Rusia. Estas sociedades suelen mostrar una mayor resiliencia ante ataques externos, como se evidenció históricamente en el caso de Vietnam.

Cuando un conflicto trasciende la política y se convierte en una causa patriótica o religiosa, la tecnología deja de ser el único factor determinante. La lógica del martirio en ciertas culturas no encuentra un equivalente en la mentalidad occidental, donde el bienestar económico suele primar. Así, estamos ante un posible choque entre un sistema basado en la fe y otro fundamentado en los negocios.

Consideraciones para el contexto de Argentina

Para Argentina, una crisis prolongada en Eurasia podría elevar el valor estratégico de Vaca Muerta. El país tiene el potencial de convertirse en un proveedor estable de energía, con un superávit proyectado de USD 30.000 millones anuales para el año 2030. No obstante, la histórica falta de previsibilidad nacional y la alineación automática con EE.UU. e Israel plantean dudas sobre la llegada de las inversiones necesarias. Los grandes capitales buscan proyectos sólidos y consensos nacionales, alejados de posturas que puedan considerarse aventuras políticas riesgosas.

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