Durante la presente semana, la economía de Estados Unidos ha experimentado un impacto sin precedentes en sus mercados energéticos. El incremento en el precio del petróleo ha alcanzado el 36% en los contratos de futuros del crudo de referencia, marcando el ritmo de ascenso más acelerado registrado desde el año 1983. Esta situación está afectando de manera directa y severa a los consumidores, empresas y diversos sectores industriales en todo el territorio estadounidense. La raíz de esta escalada se encuentra en el recrudecimiento del conflicto bélico entre la administración de Estados Unidos e Irán, lo cual ha provocado una reducción drástica en la oferta energética a nivel global y amenaza con disparar todavía más los costos del diésel, la gasolina y el combustible de aviación.
Este escenario tiene como antecedente más cercano la invasión de Rusia a Ucrania en 2022, un periodo en el que los mercados de materias primas sufrieron una de las mayores crisis de su historia. En aquel entonces, el gobierno del presidente Joe Biden tuvo que dedicar varios meses a gestionar un desorden que afectó las cadenas de suministro de energía a nivel internacional, disparando el precio de los hidrocarburos a niveles críticos.
Al respecto, Alex Jacquez, quien se desempeña como director de políticas en Groundwork Collaborative, señaló que los responsables de la política económica no anticiparon la magnitud de la crisis previa. Jacquez describió la situación de la siguiente manera:
“efectos dominó derivados de esta perturbación en Europa del Este”
Según el experto, estos factores obligaron a las autoridades a tomar medidas improvisadas para intentar mitigar la volatilidad y el alza constante de los precios.

A diferencia de crisis pasadas, Estados Unidos entró en este nuevo conflicto con una producción de petróleo en niveles récord y un mercado que, hasta hace poco, se mantenía relativamente bien abastecido, gracias en parte a la producción proveniente de Venezuela.
Por su parte, el secretario de Energía, Chris Wright, ofreció declaraciones el pasado viernes indicando que, bajo un escenario donde el conflicto se solucione pronto, la economía de los Estados Unidos podría sufrir “una afectación menor”. Wright contrastó esta previsión con la vulnerabilidad estructural que enfrentan regiones como Asia y Europa, las cuales poseen una dependencia mucho mayor del suministro energético que transita por el Golfo Pérsico.
No obstante, la sombra de la volatilidad que inició en el año 2022 continúa proyectándose sobre la actualidad. Las tácticas políticas y las respuestas del sector privado implementadas hace dos años están siendo replicadas ahora para intentar navegar este renovado ambiente de inestabilidad en el sector de la energía.
Inestabilidad global por el bloqueo en el Estrecho de Ormuz
Las hostilidades militares entre las fuerzas estadounidenses e iraníes han paralizado el tráfico en un punto neurálgico para el comercio mundial: el Estrecho de Ormuz. Debido a las amenazas y al cierre operativo en diversos yacimientos y terminales, las exportaciones que pasan por esta franja de apenas 32 kilómetros de ancho han caído a niveles mínimos. Esta situación es seguida de cerca por entidades de gran peso como la Cámara de Comercio de Estados Unidos, así como por inversionistas y dueños de buques cisterna, quienes ven con preocupación cómo la inestabilidad se propaga por todos los mercados financieros.

El impacto en el bolsillo de los ciudadanos ya es una realidad tangible. Durante la última semana, el costo promedio del diésel en Estados Unidos subió 51 centavos por galón, mientras que el precio de la gasolina registró un alza de 32 centavos, según datos proporcionados por la plataforma GasBuddy. El experto Patrick De Haan ha realizado estimaciones que indican que los ciudadanos estadounidenses están desembolsando actualmente USD 122 millones adicionales por día en gasolina en comparación con la semana anterior.
Este incremento golpea con fuerza a profesionales del transporte como Heather Griffith. Ella reporta que, debido al encarecimiento del diésel, ha tenido que aceptar una reducción del 5% en sus ingresos netos por cada trayecto de 800 kilómetros que realiza.
Al analizar los datos históricos, el evento más similar se vivió en 2022 tras el inicio de la guerra en Ucrania, lo que desató compras de pánico. En el presente año, los futuros del crudo en el mercado estadounidense han acumulado un incremento del 58%. Esta situación de incertidumbre extrema ha forzado a las aerolíneas y a los grandes consumidores industriales a buscar mecanismos de protección financiera.

Rebecca Babin, especialista en inversiones de la firma CIBC Private Wealth, analizó el sentimiento del mercado con una frase contundente:
“Cuando el mercado no logra un ritmo ni puede sostener una posición, es el momento en que se forma una úlcera”
Estrategias de reserva y medidas contra la escasez
Para intentar estabilizar el panorama, la Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos dio luz verde este viernes a un fondo de reaseguro valorado en USD 20.000 millones. El objetivo es proteger al sector energético de posibles pérdidas catastróficas. Sin embargo, diversos actores de la industria naviera y aseguradora han mostrado escepticismo sobre si estas herramientas serán lo suficientemente rápidas para responder ante la intensidad del conflicto bélico.
En el ámbito diplomático y económico, el Departamento del Tesoro ha emitido permisos especiales para que India pueda seguir adquiriendo petróleo ruso mediante transporte marítimo, además de suavizar las restricciones impuestas a las subsidiarias de la petrolera Rosneft localizadas en Alemania.
A pesar de la gravedad del asunto, Chris Wright manifestó que el gobierno no tiene “planes de intervenir en el negocio del crudo” de forma directa por ahora. Wright calificó el reciente aumento de precios como una reacción “exagerada” producto del miedo, aunque admitió que la confianza solo se recuperará mediante “acciones concretas”.

Desde la esfera política, el presidente Donald Trump ha propuesto retomar el uso de escoltas navales para proteger a los navíos comerciales que cruzan el Golfo, una medida que evoca las estrategias utilizadas durante la guerra entre Irán e Irak en los años 80. Por otro lado, el capitán retirado Jim McTigue advirtió que el arsenal militar de Irán es hoy más sofisticado, lo que eleva el peligro para la navegación y limita las opciones de maniobra para los transportistas marítimos.
Límites operativos en la producción interna
Expertos en energía coinciden en que, aunque Estados Unidos produce más petróleo que nunca, existen barreras técnicas que impiden elevar el bombeo de forma inmediata, especialmente en la Cuenca Pérmica. Rob Wilson, de la consultora East Daley Analytics, aclaró que la saturación en la infraestructura de gasoductos y los compromisos de exportación ya firmados limitan la capacidad de reacción. Wilson enfatizó un punto crítico de la industria:
“Si no puedes extraer gas, no puedes extraer crudo”
Adicionalmente, varias zonas del país todavía dependen fuertemente de la importación de combustibles. Si el flujo de diésel y combustible para aviones proveniente de Medio Oriente se detiene de forma prolongada, las costas de Estados Unidos deberán competir directamente con Europa y Asia por los cargamentos disponibles, lo que incrementará drásticamente la presión sobre las reservas nacionales.

Empresas de logística energética como Global Partners han señalado que, tras una reciente temporada de bajas temperaturas en el noreste del país, la situación de las existencias es precaria, afirmando que “nadie llegó con inventario extra”. Los precios actuales de los contratos a corto plazo son más elevados que los de entregas futuras, lo que desincentiva que las compañías almacenen producto y eleva el peligro de desabastecimiento si las hostilidades se extienden.
Finalmente, el valor del crudo de referencia en el mercado estadounidense cerró la semana en USD 90,90 por barril, posicionándose muy cerca del umbral de los 100 dólares. Mark Romaine, directivo de Global Partners, recalcó que el factor de mayor riesgo es la incertidumbre sobre el tiempo de duración de la crisis, planteando la interrogante: “¿Cuánto durará esto?”.
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